«El estado de las cosas»: la realidad material

Hay cosas que tienen un valor mucho más grande e importante que el material. Hay objetos que cuentan una historia. Que forman parte de otras. Que representan algo o a alguien que ya no está. Que rememoran cosas buenas y a veces no tanto.
Objetos que cuentan una historia pero al cambiar de lugar y de manos, comienzan a escribir una nueva. El fetichismo a flor de piel. ¿Por qué a veces no podemos deshacernos de ciertos objetos? ¿Cómo a veces ganamos algo más que ahorrar unos pesos al adueñarnos de algo que de repente queda sin dueño?

Bueno, «El estado de las cosas» se enfoca en unas pocas personas que tienen una relación muy personal con determinados objetos. Porque hay gente que no puede deshacerse fácilmente de algunas cosas, y hay otras que necesitan hacerlo rápida y efectivamente.
En especial, tras una muerte. Coleccionistas y vendedores dan testimonios en este documental, cada uno de ellos teniendo en común un respeto necesario hacia los objetos y la relación que algunas personas tienen con ellos.
En esta película de Joaquín Maito y Tatiana Mazú se intenta ahondar a través de testimonios en algunas de estas cuestiones. El registro parecería casi no estar editado, hasta tal punto de a veces quien habla ser interrumpido por un teléfono que suena o una voz de afuera que lo llama, y la cámara no se corta. Ésta es una de las decisiones que hace que a esta película se la perciba tan honesta.

70 minutos son suficientes para que la película no haga más que un pequeño retrato sobre la importancia de los objetos en nuestra vida, y nuestra relación para con ellos. Desde escenarios como un supermercado, donde las marcas invaden nuestra retina, hasta casas de antigüedades donde se preserva y revenden objetos por un valor más accesible.
Una película chiquita y honesta, con más corazón que aquellos programas de History Channel a los que rememora, más allá de apostar al humor y al absurdo, especialmente a la hora de retratar la subasta.
Anexo de Crítica por Fernando Sandro
Hay otros mundos, distintos al nuestro, que desconocemos y que presentan variadas aristas como para resultar realmente atractivos. El estado de las cosas es un documental diferente, no toma a una personalidad como centro de crítica u homenaje; no muestra una realidad actual o histórica con ojo periodístico; tampoco avanza sobre una comunidad perdida (aunque algo de eso hay).
El documental co-dirigido por Joaquín Maito y Tatiana Mazú podría denominarse documental de oficios. Una mirada aguda sobre el mundo de los remates, eso ofrece «El estado de las cosas»; ese trabajo en el que a todo se le pone valor y lo que para algunos ya no sirve para otros puede ser un objeto de valor incalculable. Pero tener una mirada aguda no significa ser sentencioso, todo lo contrario, lo que sobresale en este trabajo es un sentido del entretenimiento a medida que se exponen los testimonios y se grafican los ejemplos.

Desde las personas que se dedican a ir a buscar casa por casa lo que las familias ya no quieren tener (sobre todo abundan los materiales de familiares difuntos), los restauradores, el entramado del remate, y los que con curren a esos remates para encontrar cosas que después ellos revenderán, o terminarán de darle su forma propia. Hay entrevistas de todo tipo, siempre ágiles y vívidas, lo que llamará de inmediato la atención del espectador. Se los indaga por su trabajo y por la vida fuera de la profesión y cómo llegaron ahí.
Esto se suma a algunas imágenes, hallazgos, de la vida de los entrevistados fuera de su horario laboral, en momentos claves que escapan a la rutina, y que sin embargo cuelan algunos berretines del oficio. El estado de las cosas es un documental brioso, curioso, pequeño, imperfecto pero realmente muy entretenido. Quizás la idea de conocer una profesión ajena a la de uno, trabajo del que no se tiene demasiada idea de en qué consiste, logré ser lo suficientemente llamativa como para llamar la atención.

No en vano, los tramos que hablen de lo que todos conocemos/suponemos, los del remate a bajada de martillo sean los más anquilosados del film, pareciera que tanto al espectador como a los directores les interesa conocer el más allá, el detrás de lo que todos vemos y no se nos muestra. Documental simple y directo, sin grandes hallazgos en lo estético más allá de algunos planos cuidados y pensados de antemano, como ciertas imágenes alegóricas y ejemplos comparativos muy ingenioso.
«El estado de las cosas» es un film que invita a descubrir, no una persona, no un hecho histórico, una tribu olvidada, o una cruda realidad; simplemente a gente como uno que trabaja de algo que rara vez nos imaginamos que podía ser así.
