«Pepita, la pistolera»: Sororidad y supervivencia

Lucía Puenzo narra una parte de la historia de Margarita Di Tullio, más conocida por su apodo, Pepita la Pistolera. Luisana Lopilato se pone en la piel de esta trabajadora sexual que asesinó a tres hombres que habían entrado a su casa.
El primer acierto de la directora está en el modo en que elige retratar ese mundo de la noche en el que conviven las trabajadoras sexuales y los hombres que las usan y explotan. Es un ambiente sórdido que nunca se hipersexualiza (no hay casi escenas de sexo), ni se romantiza (aun cuando una de ellas asegura que la prostitución le dio todo lo que tiene hoy, que quizás no sea mucho pero es suficiente), y tampoco se lo estigmatiza. Probablemente esto tenga que ver con la asesoría de verdaderas trabajadoras sexuales (María Riot incluso tiene un pequeño papel) para el guion escrito por Puenzo junto a Andrés Gelos y Tatiana Mereñuk.
Estas mujeres, con Margarita en el centro, son personas curtidas (o en camino a serlo, en el caso de las más jóvenes) que no se han dejado pisotear y que no se colocan en el lugar de víctimas. Mujeres que conocen las reglas de ese intercambio y utilizan su cuerpo a conciencia para obtener algo a cambio.
Durante los 80s por la zona del Puerto en Mar del Plata, Margarita es una prostituta bajo el mando de “el Cuervo”, interpretado por un Ajaka desquiciado y desagradable. Embarazada, con una panza que ya no puede disimular y con un peso que carga pero que no le impide trabajar, ir a buscar a su amiga recién salida de la cárcel ni, mucho menos, asumir las responsabilidades que vendrán después, se encuentra a merced de este hombre al que, de algún modo, aprendió a manejar o, al menos, a tolerar. Sabe cómo hacerlo bajar un cambio, cómo persuadirlo y cómo ir avanzando, de a poco, hacia donde ella quiere. O al menos eso es lo que ella cree con firmeza.
Es así como deposita sus esperanzas en ese marinero (Claudio Tolcachir) que cada tanto atraca y se queda a pasar unos días en tierra junto a ella. Fascinado con Margarita, le consigue un departamento que será el primer paso hacia su independencia del Cuervo, una tarea que no será sencilla. Porque en algunos mundos es muy fácil entrar, pero no tanto salir.
De pronto, y gracias al contacto de otra compañera, Margarita comienza a moverse en terrenos de mayor poder, con un juez (el siempre eficaz Marcelo Subiotto) a la cabeza que organiza fiestas y que puede convertirse en un eslabón para ascender. Al mismo tiempo, aparece en la ciudad costera un asesino serial que tiene como blanco a las prostitutas. Ahora ellas no solo deben cuidarse de posibles clientes violentos o maltratadores: incluso caminar solas por las calles durante la noche puede convertirse en un peligro.
La película de Puenzo no avanza de manera predecible. No es un policial ni una película de acción (esta aparece apenas en algunos momentos puntuales), sino más bien un drama sórdido y áspero sobre el mundo de la noche. Un territorio en el que las leyes parecen contar únicamente para quienes detentan el poder, siempre hombres.
Margarita no solo decide independizarse y armar su propio negocio, también quiere establecer sus propias reglas. Y la principal es el cuidado entre ellas. Esa red que se construye entre las prostitutas, que pueden ser al mismo tiempo amigas, hermanas, madres o hijas, está muy bien retratada. Es en esos vínculos y en esa solidaridad donde la película encuentra buena parte de su fuerza.
Las interpretaciones están todas muy bien, con una sorprendente Lopilato que modifica rasgos a través de prótesis que no la entorpecen. Además de Ajaka, Subiotto y Tolcachir se destacan las muchachas Charo López y Camila Peralta. Un poco por debajo, y quizás porque sus personajes aparecen algo desdibujados, quedan Gustavo Bassani y Esteban Bigliardi.
¿Quién fue Pepita, la pistolera? No estamos ante una reconstrucción documental. No es la película ideal para quien busca una biopic o un true crime como tantos que aparecen ahora, en especial en las plataformas. Acá hay licencias porque Puenzo utiliza la ficción para hacer lo que sabe: cine. Sin justificar ni condenar, entre la heroína y la sobreviviente, la Margarita es una versión un poco libre de la verdadera.
La película maneja su propio ritmo y logra momentos de tensión y violencia, sin embargo también sabe encontrar un poco de calidez entre esas mujeres que solo se tienen entre sí.
