«Passenger» (El pasajero del Diablo): Camino al infierno

André Øvredal es un director noruego que se dio a conocer al mundo con su primera película en inglés, la notable y perturbadora The autopsy of Jane Doe. Su carrera continuó en el terror y con un poco de la mitología nórdica que estaba muy presente en una pequeña gran película anterior a aquella, híbrido entre el falso documental y el found footage, Trollhunters. Si bien su carrera prosiguió sin grandes sobresaltos se mantuvo vigente con películas sólidas como Scary stories to tell in the dark, Mortal (la película sobre el Dios del Trueno) y The last voyage of the Demeter, donde adaptaba el capítulo del viaje en barco de la novela Drácula. Este 2026 lo encuentra con Passenger, película producida por Gary Dauberman que acá se estrena con un título de esos genéricos a los que nos han acostumbrado las traducciones.
El pasajero del Diablo tiene como protagonistas a una joven pareja que decide tomar un fuerte rumbo en su vida: abandonar toda estabilidad para volverse nómades, vivir en una casa rodante y dejarse llevar por la carretera y lo que ésta tenga para ofrecer. Quien en realidad es el motor de esta drástica decisión es Tyler, mientras que su novia Maddie acepta más por amor que por convicción y miente y se miente un poco respecto a su propio entusiasmo. Pero la historia dejará en evidencia que esa vida no es para cualquiera, que vivir sobre la carretera puede ser muy duro y que hay reglas a tener en cuenta: una de ellas es no manejar de noche y otra es, en el caso de que sucediera, no detenerse en medio de la oscuridad. Y eso es lo que les sucede cuando son testigos de un accidente que al espectador nos lo habían presentado en su prólogo.
Como una Nomadland atravesada por el horror sobrenatural, la película nos sitúa un poco de cómo es la vida para aquellas personas que no están dispuestas a asentarse, a quedarse en un solo lugar, la comunidad que se crea en esos puntos de encuentro. Pero Maddie advierte señales que todavía no comprende y se da cuenta de que hay algo ahí afuera que parece acecharlos. Y así empieza a cobrar vida una antigua leyenda urbana entre los que manejan por la ruta.

Los guionistas T.W. Burgess y Zachary Donohue nos presentan a sus personajes de manera inteligente aunque el terror aparece al principio más a través de algunos jump scares previsibles e innecesarios, decisión que se entiende cuando se acepta que en estos tiempos parece cada vez más difícil retener la atención de espectadores. Cuando la historia avanza y esa entidad maligna cobra protagonismo, el terror también crece y aparece de manera más lograda, como en la secuencia del proyector en el bosque o aquella más cerca del final. Es en momentos como esos en los que Øvredal se corre de lo que sucede con tantas películas del género parecidas entre sí y sin mucha sustancia y es capaz de crear tanto imágenes como atmósferas terroríficas. Sin dudas estamos ante un director con oficio, que sabe manejarse en el género con su buen uso de movimientos de cámaras, juego de luces y sombras y sets.
La religión es un personaje más, quizás más que con la creencia y la fe por su mitología. Porque para que haya equilibrio, donde hay luz también habrá oscuridad. Y así como ellos viajan como tantos con una medalla de San Cristóbal en su camioneta, santo patrón de los viajeros, descubrirán que la entidad maligna que los acecha podría ser su contraparte.
A los protagonistas Jacob Scipio y Lou Llobell se les suma la participación de la actriz Melissa Leo, con un personaje de intenciones muy precisas de transmitir conocimiento y supersticiones. En general, la historia cuenta con personajes bien construidos, que se mueven de manera creíble en medio de la trama de terror que les toca vivir.
Sin grandes pretensiones y sin necesidad de profundizar más que lo necesario, sea en la vida en pareja, en la dura vida sobre la carretera, la necesidad de en algún momento sentar bases, o en la presencia de la fe y la religión, Øvredal nos regala algo un poco por encima de una correcta película de terror, que logra resultar atrapante y generar algún sobresalto con una buena construcción de personajes.
