«O agente secreto» (El agente secreto): Cine, identidad y memoria

La nueva película del director brasilero Kleber Mendonça Filho es quizás su trabajo más logrado. Un drama criminal de casi tres horas que combina crítica e historia social con elementos de terror y comedia. Un ejercicio sobre la identidad y la memoria que cuenta con el protagónico de Wagner Moura. Una película que desde su estreno en Cannes ha logrado tal cantidad de reconocimientos que actualmente se encuentra nominada a cuatro categorías en los Premios Oscars, incluyendo Película y Actor Protagonista.
Es el año 1977, «una época de gran picardía», como nos indican una leyenda al comienzo. Un joven que se hace llamar Armando hace una parada previa a su destino de Recife en una gasolinería a cargar nafta. Un negocio en medio de la ruta donde la gente no suele detenerse desde hace unos días porque hay un cadáver sin reclamar que la policía no viene a recoger aún. Es plena temporada de carnaval, la gente se disfraza y baila, olvida sus problemas al compás de una samba y a Armando la policía le pide una donación y, a falta de dinero, se queda con sus cigarrillos.
Con esos primeros trazos y colores el director y guionista nos introduce a su protagonista y esa época que para los latinoamericanos nos resulta dolorosamente familiar. A lo largo de lo que queda del relato, no solo seguirá a este hombre hasta una casa junto a otras personas que se refugian de un contexto político que los persigue, sino que además pasará del incógnito al frente con un trabajo burocrático y escapadas a ver a su hijo pequeño, un niño obsesionado con ver la película Tiburón y que vive con su abuelo materno.
Kleber Mendonça Filho abre continuamente capas y líneas y expande la historia, incluso se permite hacer un importante salto temporal de manera intercalada hasta su final, donde cobra sentido. Una pierna que aparece en la boca de un tiburón y luego reaparecerá de manera misteriosa para crear una especie de leyenda urbana alrededor de ella; un par de asesinos a sueldo que viajan a Recife y se encuentran con viejos amigos de la policía, que a su vez son un grupo peculiar de personajes obsesionados con un alemán al que malinterpretan y carga cicatrices de la guerra que los impresiona (Udo Kier, en su último papel en el cine antes de fallecer recientemente); el abuelo que proyecta películas en un cine de esos que están en extinción hoy día (en un claro eco de Retratos fantasmas, su documental sobre la importancia social de las salas de exhibición en la ciudad); la anciana que regentea con personalidad ese complejo de hogares para estos seres en trance, que cargan cada uno nombres falsos e historias de las más variadas.

Pero el eje es este tal Armando, que pronto sabremos que en realidad se llama Marcelo y más adelante conoceremos su historia, de dónde salió y por qué es buscado, por qué se apuesta por su cabeza. Y la revelación permite poner otros temas sobre la mesa que también dialogan con el presente que estamos viviendo.
Como lo hizo en Aquarius y en Bacurau, Kleber Mendonça Filho emerge como un gran narrador con mucha conciencia política y social. Con una notable recreación de la época, que además transmite amor por el cine de esos mismos tiempos desde la narración pero también desde su forma, El agente secreto navega entre sus aguas con mucha soltura y precisión. Si bien todo está calculado de manera minuciosa, la película respira, transita, fluye, se siente viva. Cuando ésta llega a su final, en una resolución que no arroja todo servido sobre la mesa, las piezas terminan de armar el rompecabezas, las imágenes se resignifican y una como espectadora no se queda indiferente.
¿Se merece esta película todo el reconocimiento que está teniendo? Absolutamente. Así como el año pasado fue Aún estoy aquí de Walter Salles la película que puso en foco el buen estado cinematográfico y cultural que está transitando nuestro país vecino, en contraste con el que nos toca vivir a nosotros, El agente secreto se trata de una película superior, mucho más rica y compleja en su entramado. Como Fernanda Torres, Wagner Moura ganó el Globo de Oro y podría erigirse como ganador del Oscar, aunque su categoría es bastante competitiva. Sí parece tener asegurada la categoría extranjera y además se merecería ser la primera ganadora de la recién inaugurada Mejor Casting. Pero esos no son más que adornos y más allá de los premios, a veces caprichosos, a veces justos, lo cierto es que aquí el reconocimiento encuentra sustento.
El agente secreto respira cine. Una película en la que pasa de todo y que trata sobre la Dictadura sin que trate sobre la Dictadura: la habita, la encarna, la vuelve experiencia para que no solo la conozcamos. Nos confirma a un gran director y posiciona a Wagner Moura como un actor con mucha presencia y talentoso natural. Sin dudas vale la pena acercarse a una sala. Tal vez estemos ante la película del año.
