“Neighbors” (Buenos vecinos): Chicos grandes

Cuando una idea que años atrás sonaba fresca y dio sus buenos dividendos es repetida hasta el cansancio, los primeros síntomas de agotamiento llegan cuando buscando nuevos recursos disfrazados se mezcla esa misma idea con otras que causaron furor en temporadas pasadas.
Esto es lo primero que uno advierte en «Buenos Vecinos», la nueva película de Nicholas Stoller, uno de los pilares de la llamada Nueva Comedia Americana, o simplemente NCA.
Con gente como Judd Apatow, Greg Motola, Todd Phillips y Stoller a la cabeza, la NCA ponía en el centro de la escena a los eternos adolescentes, gente de más de 30 años, con una vida supuestamente ya establecida que continuaba comportándose en diferentes aventuras como jóvenes adolescentes guarros y zafados; y precisamente eso es lo que extraña el matrimonio protagonista de «Buenos Vecinos».
Mac y Kelly (Seth Rogen y Rose Byrne) son ese matrimonio de suburbio, padres primerizos recientes, que parecen ver su vida truncada ante las nuevas responsabilidades. Ellos quisieran seguir manteniendo un ritmo de vida “joven” y alocado (entiéndase atravesado por el sexo desenfrenado), pero lo que el destino puso delante de ellos, llámese trabajo, rutina, bebé, cansancio físico, se lo impide.

Aquí viene el mix con otro estilo anterior de comedia; en la casa en venta vecina a la de Mac y Kelly llega a instalarse una fraternidad universitaria, comandada por Teddy y Pete (Zac Efron y Dave Franco) con el sólo lema de diversión toda la noche. Sí, es la clásica de película de estudiantina que EE.UU. nunca parece abandonar, desde Animal House hasta American Pie pasando por Porky’s.
Claro, el estilo de vida de Mac y Kelly contrasta con el de la fraternidad, y así se emprenderá una batalla de acción y revancha entre los dos lados, con el condimento de que uno de los bandos añora ser como el otro… y quizás el otro anhela en un futuro llegar a establecerse como este; en fin, el mensaje conservador que siempre se esconde en estos productos detrás de tanto “libertinaje”.
Buenos Vecinos ofrece precisamente eso, un choque entre dos estilos que guardan más en común de lo que aparentan. Mac y Kelly (con ayuda de un matrimonio divorciado amigo) planean todo tipo de estrategias para hacer que los chicos traviesos abandonen la vivienda, y estos chicos cuando se enteran planean su venganza frente al matrimonio, recordando así a otro estilo, el de la guerra de vecinos.
Esto asegura una emisión de gags efectivos que despertarán la gracia del espectador que va a buscar nada más que eso, pasar un rato entretenido sin ningún otro tipo de vuelo. Por supuesto, la marca de la NCA sumada a la estudiantina está bien marcada en el tenor de los chistes, la mayoría de grueso calibre y sin temerle a lo escatológico y a lo supuestamente provocativo desde lo sexual (incluyendo una reiterativa cantidad de erecciones).
El trío protagónico se muestra con oficio (sumémosle a Franco que tiene mucho para ofrecer), y quien más sobresale es Rose Byrne, quizás la única que no parece estar en “piloto automático” y despierta varios momentos de gracia natural.

La bella actriz australiana está necesitando de un protagónico absoluto que le haga pegar el gran salto. El resto, el verdadero dúo de enfrentamiento se ve atado a un guión no muy sólido, con varios agujeros argumentales, y que se sostiene dependiendo de la efectividad o no de sus chistes.
Stoller sin dudas tiene mano para la comedia y la maneja de modo ágil y destellante, casi como si fuera uno de los tantos hip hop que suenan en la película; y utiliza a Seth Rogen ubicándolo en un rol casi de remplazo del que hasta ahora fue su actor fetiche Jason Segel, más acostumbrado y efectivo en ese rol de “nuevo habitante de suburbio”.
Efron intenta despegarse de su rol de galán Disney buscando productos zafados, y se le nota buen feeling para la comedia; pero mientras tenga la necesidad (personal o de guión) de mostrar su torso – o más – desnudo básicamente porque sí, esa tarea parece difícil.
En definitiva, «Buenos Vecinos» cumple su objetivo de ser graciosa y medianamente zafada; aunque denote cierto agotamiento de fórmula, de ver una y otra vez lo mismo por más que sea mezclado con otra fórmula gastada. Como una advertencia, quizás ya sea hora de ir buscando nuevos esquemas antes de caer en esa palabra prohibida y catastrófica, el aburrimiento.
Anexo de Crìtica por Rolando Gallego
Vecinos. ¿Pesadilla o ensueño de la vida moderna?. Donde termina mi medianera comienza del otro lado un mundo completamente diferente y ajeno a mí. Pero ¿qué pasa si además de no llevarme con el resto del barrio o, por el contrario, intentar mantener una relación cordial con ellos, justo al lado se muda una fraternidad universitaria con el único y claro objetivo de molestar y “parrandear” toda la noche mientras intento hacer dormir a mi bebé?
Así es el planteo, simple, de “Buenos Vecinos”(USA, 2014), que bajo la dirección de Nicholas Stoller y las actuaciones protagónicas de Seth Rogen, Zac Efron, Rose Byrne y Dave Franco, construye uno de los discursos más divertidos e irreverentes del año.
Si en 2013 “Este es el Fin” fue el exponente total del reviente y la escatología, “Buenos Vecinos” es la candidata a sacarle el cetro, y con méritos propios, principalmente porque, al igual que la anteriormente mencionada, no se toma en serio lo que narra. Mac (Rogen) y Kelly (Byrne), son una pareja de treinta y tantos que luego de cumplir su sueño de tener descendencia y comprar una casa, comienzan a ver cómo la rutina los aplasta en cada paso y decisión que tomen.

La llegada de la madurez, las obligaciones, y principalmente la imposibilidad de poder salir a despejarse juntos hace que, la angustia y el aburrimiento, comiencen a pesar sobre la relación extremadamente ideal que hasta el momento tenían.
Pero con la llegada de la fraternidad Delta Pi, con Teddy (Efron) y Pete (Franco) a la cabeza, todo sus miedos de convertirse en “viejos” no sólo se derrumbarán, sino que además verán cierto “resurgimiento” sexual entre ellos.
Pero el idilio entre la pareja y la fraternidad durará tan sólo un instante. Todo lo que en un primer momento fue congeniar y compañerismo, terminará en una guerra desatada por el quiebre de una promesa por parte de Mac y Kelly, la de nunca llamar a la policía para denunciar ruidos molestos.
El sólo hecho de haber denunciado a los Delta Pi terminará por torcer la suerte de este pequeño núcleo familiar, el que deberá acudir a las trampas y engaños más sofisticados para poder recuperar algo de la tranquilidad que antes de la venta de la casa vecina tenían.

Stoller, con un logrado y dinámico guion de Andrew J. Cohen y Brendan O’Brien, logra mantener el interés en esta historia de batalla entre vecinos, principalmente por la incorporación de gags y punchlines en cada escena.
La cultura popular dice además presente con múltiples referencias que encuentran en la “fiesta temática de Robert De Niro” el punto más alto de la intertextualidad entre filmes.
La música, la utilización de paneos y ralentíes, como así también la clara utilización de stops en la acción para remarcar situaciones cómicas, no hacen más que reforzar el delirio generalizado en el que los grupos rivales (Delta Pi, Mac y Kelly) convivirán hasta derrotar al adversario.
Logradas actuaciones de Rogen, Byrne (la desaforada madre osa que contrasta con la delicada dama de compañía que interpretó en “Damas en Guerra) y Efron para una historia que lo único que busca es divertir y entretener y lo logra.
