«Nada entre los dos»: Un refugio

«El flechazo mutuo fue tan violento, que era una de esas cosas que no pueden durar, pero que tampoco pueden esperar.»
Corazón cuarteado – Anaïs Nin

El director de las comedias románticas No sos vos, soy yo, Un novio para mi mujer y Me casé con un boludo y los dramas La reconstrucción y Papeles en el viento, vuelve a pensar el amor y los vínculos esta vez de un modo un poco más serio. Una producción uruguaya que está además protagonizada por una dupla irresistible que no sabíamos que necesitábamos: Natalia Oreiro y Gael García Bernal.

Mechi y Guille, una argentina y un mexicano, no se habían conocido hasta que coinciden en un viaje laboral de la empresa transnacional para la que ambos trabajan. No se conocían pero en ese ambiente de conferencias para tratar de solucionar un importante caso de intoxicación que tiene a la empresa como responsable sumado a los espacios y momentos comunes en el hotel de lujo donde permanecen, unas miradas, un gesto y una charla nocturna en la playa tras un temblor son el puntapié para una relación que desde el vamos está marcada: efímera, pasajera, imposible pero no por eso menos trascendental.

Mechi está casada y tiene una hija adolescente. Su marido es un hombre que intenta más cosas de las que logra pero el matrimonio ya dejó de funcionar y está al borde de una separación que no terminan de concretar. Su vida no transita el mejor momento: se mudaron a la casa de su suegra y atrás en el pasado quedaron sus ideales e ilusiones sobre hacer de este un mundo un poquito mejor y ahora está atrapada en un trabajo donde no se halla.

Guille parece tener la vida más fácil. Casado y con un hijo, la familia de su mujer le permite darse lujos sin cuestionarlos pero su vida tampoco transita un momento de bienestar. Sufre de insomnio y de una molestia en el oído que le provoca zumbidos incontrolables y además se siente un poco como un muerto en vida, adormecido o entumecido con lo que sucede a su alrededor, como si cargara un cansancio que más que físico es mental y anímico.

Cada uno transita su crisis personal como puede. Y la intimidad entre ambos surge de manera natural, sin cuestionamientos ni trabas. Están en un lugar donde muchas de las preocupaciones que acarrean quedan afuera y eso les permite por un lado abrirse y dejar salir parte del peso que cargan en sus espaldas, y por el otro dejarse llevar  y disfrutar, permitirse un poco de eso que creían extinguido, escaparse un rato de la rutina y de sus responsabilidades. Pero para tratarse de un affaire, le falta algo de pasión a la película. Los conflictos se suceden o resuelven así como así, sin grandes altibajos. Con el humor sucede lo mismo, es tan ligero que no se la puede pensar como una comedia. El romanticismo está pero aparece con delicadeza, sin grandes arrebatos ni declaraciones, porque quizás a veces no hacen falta para expresar lo que se siente, simplemente está ahí.

El guion, escrito por Taratuto junto a Matías Scartascini, acierta a la hora de retratar esta relación con complicidad, sin hacerles caer a sus personajes en sentimientos culposos o bajadas morales. No pasa por ahí, su actitud es más adulta y madura al respecto. Pasa por lo que les sucede a ellos en ese momento y el modo en que los va a marcar para continuar cada uno adelante, distintos. Este encuentro fugaz les ha servido para replantearse sus maneras de ver la vida, el mundo, los vínculos, las decisiones que han tomado, las que tomarán.

Soltar un poco las expectativas. Vivir el presente para dejar de temerle al futuro. De eso se trata. Una mirada madura del amor y el deseo.

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