“Million Dollar Arm (Un golpe de talento)”: La guardería de papá

En 1943 Walt Disney producía y estrenaba el corto del Pato Donald Der Fuehrer’s Face en el cual mediante una sátira al régimen explotador nazi se terminaba con una convicción de que el sistema norteamericano era netamente superior; el pato con un piyama de bandera estadounidense se despertaba de la pesadilla de Hitler y besaba una mini estatuita de la libertad para luego pasar a la cara de Hitler golpeada por una especie de tomate.
Setenta y un años después de eso, y otros antecedentes de propaganda a lo largo de toda su historia, la misma productora estrena Un golpe de talento.
El nuevo film de Craig Gillespie (que pasó de Lars y la chica real a la remake de La hora del espanto pasando en el medio por Mr. Woodcock) es el clásico drama deportivo basado en una historia real que la empresa del ratón Mickey estrena todos los años.
Pero aquí está lo primero que nos llama la atención, Disney nunca estrena en salas estas películas alrededor del mundo, las piensan como de mercado interno.
Sin embargo, «Un golpe de talento», que también funciona como vehículo para instalar a su protagonista, sí “lo logró”; veamos por qué. Es la historia de J.B. Bernstein (John Hamm buscando su salto al cine tras su éxitosa serie Mad Men), un agente de deportes al cual las cosas no le van bien; vive a la sombra de una empresa de representantes mucho mayor que su negocio.

Como una albricia, una idea que cae del cielo (o de la TV) J.B. idea un plan de manotazo de ahogado; él, que odia el cricket viajará a la India para instalar un concurso mediante el cual, jugadores de ese popular deporte en ese país, podrán probarse para tener una oportunidad en la Ligas mayores del baseball estadounidense, además de una suma de U$S100.000 para el ganador y U$S 10.000 para el segundo puesto; el concurso es el que da título al film.
Los ganadores serán Rinku y Dinesh (Suraj Sharma y Madhur Mittal respectivamente), parójicamente dos jóvenes que no practican cricket. A ellos se les sumará otro joven hindú con aspiraciones de ser entrenador de baseball y que se le pegará a J.B. cual garrapata.
Los tres viajan junto a nuestro protagonista rumbo a los EE.UU. en donde deberán entrenarse para la prueba frente a los cazatalentos de los equipos, mientras se hospedan en casa de J.B. El argumento no podría ser más simple y a su vez ajeno a nuestros entretenimientos, ni el cricket ni menos el baseball significan demasiado en nuestro país; pero pensemos que aun así la película puede tener una linda historia con buen mensaje amable para ofrecer.
«Un golpe de talento» es una muestra de doctrina estadounidense en su versión más directa y pueril; como si fuese un manual de la teoría del “destino manifiesto” y/o el Big Stick explicado para un público de comedia familiar.
Así como ya había sucedido hace unos años con la también deportiva Un sueño posible en la cual se manejaba un clásico argumento de “película de mascota” remplazando al animal por un afroamericano, «Un golpe de talento» ahora se erige sobre un argumento de comedia infantil de “padre a la fuerza” pero remplazando a los nenes lieros y chiquitos por tres hindúes de más de veinte años cada uno. Prácticamente no hay una sola escena en la cual no se esgrima alguna idea ofensiva para todo aquello que no sea estadounidense.

Hay otro jugador de fútbol americano, afroamericano, al que lo pintan como timador, el protagonista viaja a la India y nos dicen que huele mal, que el tráfico es desastroso (la escena posterior en la autopista norteamericana es lamentable), que El Taj Majal no es para nada sorprendente, que sus habitantes se deslumbran ante la presencia de un “blanco” que les ofrece jugar un deporte que ellos desconocen, que su comida es picante y asquerosa, y básicamente que practican una religión idiota (otra escena en la cual el rezo es interrumpido por un celular es más que insultante).
Mejor no hablar de los tres jóvenes hindúes, prácticamente analfabetos, el sumun de inocencia que roza la estupidez, no saben comportarse, y lo único que hacen es tirar frases que demuestran lo mucho que anhelan vivir en EE.UU.; otra escena en donde demuestran no conocer ni saber usar escaleras mecánicas ni ascensores llama a la risa nerviosa involuntaria o al improperio a punta de boca.
Más allá de todo esta cuestión sumamente discutible e ineludible a la hora de analizar el film; si por un segundo pudiésemos dejarlo de lado, nos encontraríamos con un film chato; John Hamm carece de todo tipo de carisma, menos aún química con una historia de amor mal desarrollada (¿en qué momento pasan del rechazo a la simpatía?) con una vecina interpretada por la bella Lake Bell en plan “voz de la conciencia”.
Por ahí también encontraremos a Alan Arkin y Bill Paaxton, como un cazatalento y un entrenador, en plan “pasemos rápido por ventanilla a cobrar el cheque”. Gillespie se limita a un rol funcional a la película utilizando algún ralenti en las escenas deportivas para crear suspenso, y tomas panorámicas (anti)postales cuando se traslada a la India.
El giuión de Thomas CcCarthy deja algunos puntos aleatorios y fortuitos que nos hacen pensar en la totalidad de la veracidad de la historia real (¿acaso importa?) Volviendo a la cuestión principal, en uno de los diálogos JB le pregunta a su socio “¿Estoy siendo racista?”; como una retórica de la película, la respuesta se cae de madura.
