#MDQ33 (VIII): argentos en La Feliz
Como es habitual cada año, el cine nacional participa de la Competencia Internacional (con “Muere, Monstruo, Muere” de Alejandro Fadel y “Vendrán lluvias suaves” de Iván Fund), en la Competencia Latinoamericana (con cuatro películas dentro de la selección) y por supuesto tiene la propia Competencia Argentina a la que se suma Panorama del Cine Argentino con ocho títulos más que abarcan lo último de la producción nacional.
COMPETENCIA ARGENTINA
LA CAMA de Mónica Lairana plantea la historia de una separación: la de Jorge y Mabel, quienes después de treinta años de convivencia, van desmantelando la casa familiar para comenzar a transitar esta etapa de duelo, que cada uno abordará y atravesará a su manera.
Mónica Lairana en su ópera prima -participante en la Selección Oficial del FORUM de la 68º Berlinale y ahora llega al Festival de Mar del Plata-, asume el riesgo de contar esta historia casi sin palabras: los diálogos son banales y escasos, porque el verdadero sentido del relato está puesto en los cuerpos de los protagonistas, en sus gestos, en sus miradas y por sobre todo, en la casa que están desarmando juntos, hogar que se convierte en el tercer protagonista del filme.
Un exquisito y detallista diseño de arte (con una casa plagada de objetos que van cobrando sentido a medida que avanza la historia), se nutre de empapelados, adornos, recuerdos, fotos familiares, todos ellos en tonos ocres y marrones que dan un clima particular a esta deconstrucción de un vínculo en donde no parece haber desaparecido por completo el amor, pero que debe asumir su final.
La puesta de Lairana es profunda, íntima, visceralmente arriesgada. Un trabajo delicadamente construido con detalles, pequeños pero fundamentales que van creando un particular universo narrativo que es infrecuente en el cine nacional.
Aun cuando presenta un tema ya visitado muchas veces por el cine, lo hace de una forma completamente diferente (en algunos momentos la osadía en la exposición de los cuerpos remite a la película alemana “Nunca es tarde para amar”) y Lairana se muestra con una gran solvencia en la dirección de actores, logrando notables trabajos de Sandra Sandrini y Alejo Mango en dos actuaciones completamente entregadas a la construcción de sus personajes, literalmente en cuerpo y alma.
PANORAMA ARGENTINO
TAMPOCO TAN GRANDES de Federico Sosa. Lola recibe casi dos noticias a la vez: no tiene 29 años como ella cree sino 30 porque su madre la anotó con seis meses de diferencia.
Esta sería una noticia completamente menor comparada con la de su padre: ella lo creía muerto desde hace años pero recibe el llamado de un abogado diciendo que acaba de fallecer y por lo tanto deberá viajar a Mar del Plata a resolver temas relativos a la herencia. Y para emprender ese viaje, que luego por las últimas voluntades de su padre continuará de Mar del Plata a Bariloche, Lola convoca a su ex novio a quien hace tres años que no ve.
Así es como en la combi irán Lola, su ex, la hermana de su ex que se encuentra en un tratamiento de rehabilitación y un cuarto personaje (cuyo vínculo conviene no develar) encarnado por Miguel Angel Solá que acompaña a los tres jóvenes protagonistas en una mezcla de road-movie, viaje iniciático y comedia romántica que jamás pierde su notable sentido del humor ni esa chispa siempre presente en cada uno de los diálogos.
El desparpajo y la belleza de Paula Reca frente a la cámara, con un rostro angelical para el cine y una frescura que le transmite a Lola toda esa vitalidad y esas “burbujas” que necesita el personaje, hace una química perfecta con Andrés Ciavaglia (de un excelente trabajo en “Cronología de las Bestias” y participaciones en los filmes “Recetas para microondas”, “Hortensia” y “Desmadre”, entre otros) y encuentran el tono de comedia justo para una pareja encantadora.
Completa el trío una perfecta María Canale (con un reciente protagónico en “Respirar” y reconocida por sus trabajos en “Los del suelo” y “Abrir puertas y ventanas”) y así “TAMPOCO TAN GRANDES” se construye como una simpática comedia con una fluidez narrativa fiel a su propuesta y nos brinda el plus de ver a Miguel Angel Solá en un papel diferente, con mucho humor y una saludable frescura.
COMPETENCIA LATINOAMERICANA
ROSITA de Verónica Chen, una cineasta con proyección que regresa a #MDQ. Podemos decirles que la primera parte de “ROSITA” propone un clima perturbador para contar la historia de una madre que está desesperada. Su hija ha desaparecido en manos de su abuelo, llega la noche y no se tienen noticias de su paradero. La incertidumbre penetra y se apodera del relato cuando aparecen múltiples disparadores y significantes de una palabra tan fuerte como “desaparición”.

Frente a una falta de respuesta, repercuten en la cabeza de Lola, una madre avasallada por la situación: ¿tuvieron un accidente? ¿Escaparon? ¿El abuelo “raptó” a su propia nieta? ¿Con qué fin? Verónica Chen en su cuarto largometraje después de “Vagón Fumador”, “Agua” y “Mujer conejo” nos brinda básicamente, una película mentirosa: “ROSITA” no sostiene lo que propone inicialmente sino que elige virar a un terreno mucho más seguro y plano.
El clima de tensión extrema y exasperación por las posibles connotaciones de un no regreso, cede paso a otra historia diferente que resuelve el conflicto de una manera tan burda como inverosímil, explicada con copiosos detalles y subrayada una y otra vez, disipando cualquier potencial duda.
Los problemas en el guion se multiplican por algunos desaciertos en la dirección de actores (el gran Marcos Montes, en el papel de Omar, el abuelo, moldea su criatura a los gritos pelados con una marcación más teatral que cinematográfica). Acierta en un casting infantil sólido (Rosita y sus dos hermanos) pero Sofía Brito como Lola, no logra apoderarse en ningún momento de la profundidad que esa madre le exigía al personaje.
