«Los Vencedores»: Desde las Islas Malvinas

El director Pablo Aparo continúa construyendo una sólida filmografía tras La gente del río y El espanto. En su tercer documental se introduce en una temática que en los últimos meses viene siendo tema de mucha conversación: el conflicto de Malvinas. Pero el acercamiento que realiza Aparo es distinto a cualquier otro documental que haya abordado las islas.

Pablo Aparo viaja a las Islas Malvinas y decide hablar con la gente que vive ahí, aquellos que históricamente quedaron ubicados del otro lado, “el enemigo”. Desde familias de habitantes locales hasta la gobernadora, ofrece un micrófono y una cámara a esas personas cuya cotidianeidad es la vida en esas islas tan cercanas a la Antártida. Así, tiene que escuchar comentarios –siempre en inglés- como que ellos fueron los que estuvieron siempre y ahí o que si Argentina reconociera la soberanía de los ingleses sobre las islas desaparecería el conflicto y estarían en armonía.

¿Cómo abordar ese lugar? El documental empieza desde ese registro más formal, con entrevistas a cámara o planos estáticos de ciertos paisajes o edificios, desde cierta distancia. Pero esa forma no parece ser suficiente para él y en su afán por entender cómo se vive no solo en la parte poblada sino también en el campo, es que se acerca a Mat, un ermitaño dueño de un vasto terreno entre montañas. El hombre es un inglés frío y parco pero acepta el desafío y le abre las puertas al director y entre ambos la relación oscilará entre la tensión y la cercanía. Acá la película comienza a cambiar el registro por uno más intimista.

Las huellas del conflicto están diseminadas por todas partes y atraviesan, de una u otra manera, las historias de quienes viven allí. Sin embargo, cada relato tiene sus particularidades y sus propias formas de mirar el pasado. También es cierto que aquello que se encuentra profundamente arraigado en una persona difícilmente se modifica frente a una perspectiva diferente. La película demuestra que escuchar al otro no necesariamente significa estar dispuesto a cambiar de posición.

A la larga el pueblo siempre es víctima de lo que deciden los de arriba. Además de la guerra que permanece como una marca imposible de borrar, la Dictadura Argentina tuvo sus consecuencias tanto para un lado de la historia como para la otra, y lo cierto es que es un momento histórico que quedó marcado, que no se puede (ni debería) olvidarse. La presencia militar permanece todavía hoy sobre ese territorio, materializada en una base que, en ocasiones, alberga una cantidad de militares comparable a la totalidad de habitantes de las islas.

Aparo ganó en el pasado BAFICI como Mejor Dirección y sin dudas es un premio merecido. Su capacidad para narrar con el lente un espacio y una comunidad es notable. Pero además de lo referente a lo técnico y la puesta, es quien consigue darle forma a uno de los documentales más interesantes de estos últimos tiempos, que se anima a cruzar fronteras y que se percibe muy honesto y sensible en su complejo enfoque. Alguien valiente y arriesgado que aparece casi en su totalidad fuera de cuadro y permite y se permite ver otra cara, desde otro lado. Comienza en cierto modo a ser parte de una comunidad sin por eso perder el reclamo argentino, abandonar los ideales. Las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Lo que se propone es mirar de cerca a quienes habitan ese territorio, escuchar sus certezas, sus contradicciones y sus formas de entender una historia que también los atraviesa. Ir del conflicto político a lo humano. Y en ese camino se encuentra con una de las amistades más improbables e inesperadas.

Se estrena en la ciudad de Buenos Aires el 5 de septiembre en el MALBA y el 6 en Cacodelphia. Una cita imperdible.

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