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“Kryptonita”: La justicia se hace en el barrio

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El mundo del comic conoce bien el manejo de las ucronías; aquella posibilidad de una realidad paralela en la cual un hecho histórico trascendental ocurre de un modo diferente y plantea desde entonces una continuidad alterna. Más de una vez sirvió para comenzar la historia de un personaje otra vez, desde cero.

Kryptonita, la novela de Leo Oyola, si bien no es un comic, ingresa en el ambiente, toma sus personajes a su modo, y crea su propia ucronía ¿Qué hubiese pasado si la nave del hijo de Krypton hubiese aterrizado en La Matanza en lugar del conocido Smallville? ¿Cómo sería una Liga de Justicia formada en esa localidad del Conurbano Bonaerense?

Semejante material no podía pasar por alto en el creciente espectro del cine de género local. Fue el nombre de Nicanor Loreti (Diablo, Socios por Accidente 1 y 2) quien se encargó de la adaptación y dirección de uno de los proyectos más ambiciosos de los últimos años en nuestra filmografía, una película destinada al culto.

La ambición no tiene nada que ver con la abundancia de recursos económicos, ni la grandilocuencia de las puestas en escena. Kryptonita es ambiciosa porque no se parece a nada que se haya visto antes.

Es difícil hablar de un único protagonista, podríamos decir que el punto de vista pasa por El Tordo (Diego Velázquez), el médico de guardia del Hospital Paroissien, en Isidro Casanova, a metros de la Rotonda de San Justo, pleno corazón matancero (disculpen, quien escribe vivió toda su vida en esta zona y siente plena entrega). El Tordo está destruido, trabaja todas las noches con Nilda (Susana Varela) una enfermera tan o más desganada que él; y maneje un triste record de «no sobrevivientes» por noche.

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Pero esta es una noche especial, se respira en el aire; a la guardia cae La Banda de Nafta Súper, debe atender al Pinino (Juan Palomino), o Nafta Súper, un hombre indestructible, hasta ahora, que parece estar muy dañado por un «simple» vidrio verde clavado.

¿Quiénes integran además La Banda de Nafta Super? Faisan (Nicolás Vázques) un hincha de Laferrere con un anillo de feria verde; Lady Di (Lautaro Delgado) una travesti integrante de las Amazonas del Atalaya; El Federico (Pablo Rago) un huérfano renegado, ex integrante de La Federal, motoquero escudado detrás de su casco como una máscara; Ráfaga (Diego Cremonesi) de vestimenta roja y amarilla, cresta en forma de rayo; Cuñataí Güirá (Sofía Palomino) la novia de Faisán, paraguaya, mujer de pocas palabras pero gran actitud y mirada penetrante; y Juan Raro (Carca), un hombre de gran cuerpo, pocas expresiones, más bien mental, que suele pasar desapercibido.

La Banda es perseguida por la policía ¿Injustamente? No importa, sabemos que en el Conurbano lo justo e injusto, el bien y el mal, se definen de modo diferente, en la calle. Están sitiados, los de Nafta Super, El Tordo y Nilda forman una trinchera y desde afuera aguarda la Bonaerense a cargo del Comisario Ranni (Sebastián De Caro) y un negociador, el Sargento Corona (Diego capusotto), algo borracho, empastillado, desquiciado, que acaba de «venir de putas», y tiene a nuestros muchachos entre ceja y ceja.

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No es Kryptonita un tanque cargado de efectos, explosiones y acción (sí una permanente atmósfera de violencia); ni siquiera es un film de superhéroes puro, para eso esperen la temporada en que llegan los estrenos de Marvel y DC.

El guión en manos del propio Loreti, Camilo de Cabo, Paula Manzone y Nicolás Brito, con la supervisión del mismísimo Oyola, no tiene la necesidad de trasladar paso a paso todo lo que se relata en la novela, hace su propio extracto fundamental, rescata el espíritu, y se traslada como un western moderno, un juego de persecuciones entre dos bandos definidos en donde los valores pueden estar invertidos.

Para eso, cuenta con una estructura de diálogos y tempos precisa, un ritmo constante – manejado con intermitentes flashbacks – que se imprime desde las propias palabras y suma una potente banda sonora ad hoc.

Es inevitable que lo primero que venga a nuestra mente sea Asalto en el Precinto 13, aquel western policial de John Carpenter. Loreti, con este, su segundo opus solitario sumado a Diablo, se define como un fiel seguidor de las estructuras de aquel director.

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El cuidado y meticuloso trabajo de la imagen desde la presentación de planos detalle, y postproducción para otorgarle una impresión salvaje, picada, con un granulado y una sobrecarga de colores similar al de un comic plasmado en papel, hacen que todo se sienta más vívidamente furioso.

El nivel interpretativo también es sorprendentemente alto, con figuras provenientes de diferentes ámbitos. La sensación es que nombrar y elogiar a uno significa valorar menos al resto; y no es el caso, en donde todos, aún quienes manejan menos líneas de diálogo, demuestran una gran ductilidad en presencia, alcanzándoles con mínimos gestos para transmitir todo.

La identificación es inmediata, más aún si se tiene algún conocimiento de la zona, los detalles reconocibles abundan, cada personaje tiene su forma y método, y más allá de lo fantástico no se les puede negar algo palpable en lo cotidiano.

A principios del nuevo Siglo hubo un recambio en nuestro cine desde dos frentes, el llamado Nuevo cine Argentino más crudo, real y marginal; y la vertiente de cine de género; siempre vistas como opuestas. Kryptonita y Loreti parecen tomar lo mejor de ambas y nacer como algo nuevo, quizás la nueva película argentina definitiva.

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