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“Kóblic”. ¿De qué estamos hablando?

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Mientras que el cine de género en Argentina encuentra cada vez más exponentes riquísimos dentro de las producciones más pequeñas e independientes (alcanza con nombrar la reciente Resurrección, quizás el mejor film nacional en lo que va del año), pareciera aún tener algunas dificultades para lograr pisar firme cuando de gran cine industrial de género se trata (alcanza también con nombrar la reciente Cien años de perdón, triste decepción).

En Kóblic la apuesta era grande. Tenemos al que sin dudas es nuestro actor más convocante, no solo a nivel local. Otro actor secundándolo al que no le escasea prestigio. Un director, que hasta ahora en el cine se probó con suerte en la comedia, pero con la suficiente experiencia en la rama del suspenso dentro de la TV. Un producción como para poder entregar un gran despliegue. Y la premisa de una historia que parecía ser realmente atrapante, la cacería entre dos hombres, con el trasfondo de la última dictadura cívico-militar, y una mujer en el medio. Sin embargo, las expectativas pueden fallar, y hay algo en Kóblic que no funciona, y que lamentablemente arrastra a todo el resto consigo. Quitémonos el embrollo de encima.

Los guionistas, el propio director Sebastian Borensztein y Alejandro Ocon eligen un camino de riesgo al poner como protagonista a un militar, retirado, que participó activamente en los hechos ocurridos durante el golpe del ’76, y como si fuera poco, ubicar la historia precisamente dentro de esos años. La visión que se otorga, por cuestiones que desarrollaré luego, esconde si bien no un dejo de condescendencia, cierta frialdad, distanciamiento, o más extraño aún, alejamiento; como si se estuviesen tratando hechos ajenos (algo similar a lo que ocurría con la trama nazi de Wakolda, de hecho pareciera que estuviesen hablando de refugiados nazis más que de militares argentinos, tendría más sentido). Este detalle, falta de profundidad, puede hacer ruido en más de uno, pero está lejos de ser el principal inconveniente.

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Estamos en 1977, años duros, el Capitán y piloto de la Armada Tomás Kóblic (Ricardo Darín), al que le quedan pocos días de servicio antes de su retiro, decide, en un acto de conciencia, desobedecer la orden de abrir la compuerta en uno de los atroces vuelos de la muerte que arrojaban personas vivas al mar. El hombre, despide a su esposa, y decide refugiarse en Colonia Helena (pueblo ficticio filmado en San Antonio de Areco) como piloto comercial con la ayuda de algún conocido.

Allí, pasa sus días escondido, hasta cruzarse con Velarde (Oscar Martinez en transformación completa), el comisario de la zona, hombre corrupto, violento y despiadado, que al enterarse de su pasado militar se encarnizará con el mismo. También aparece en su vida, Nancy (la española Inma Cuesta), la mujer que atiende en el negocio de la estación de servicios, con quien vivirá una tórrida y peligrosa pasión. El trío de actores, más allá de que a Inma Cuesta no se le explique su acento extranjero – que intenta disimularlo –, es por lejos lo mejor de la propuesta.

Darín destila carisma aún en un personaje difícil como este, su rostro es duro y de pocos gestos, fuera de su habitual tono, e igual, penetra en la piel. Inma Cuesta logra buena química con su apasionado, y compone a la justa dama en riesgo constante con los suficientes matices. Quien sorprende, repito, es Oscar Martínez, no solo en un cambio físico, sino de postura, habla, y articulación, Velarde es sumamente desagradable, y gran parte de eso es gracias a la enorme composición del actor. También se destacan los rubros técnicos, aunque apela a un exceso de grandilocuencia de tomas aéreas y ciertos travellings.

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La fotografía y el juego de cámaras logran un tono áspero y envolvente. El desacierto, en definitiva, está en el guión. Kóblic es un western, no caben dudas de ello. El forastero que llega a un pueblo perdido, con un pasado oscuro, y se enfrenta al sheriff local. También hay algo de film noïr, con los dos antagonistas con actitudes pesadas, y una mujer en peligro o peligrosa. Pero se olvida de ser un producto de género local. Le cuesta focalizar en lo fundamental de la historia, y no logra que sus personajes se introduzcan correctamente en los hechos.

El romance de Tomás y Nancy ocupa más espacio del necesario, y aun así, se ve apurado, desenfrenado, sin una lógica progresión. Nunca logra entenderse del todo bien el objetivo de Velarde, cuál es su razón de ser, por qué tanto enseñamiento; quizás si la historia hubiese hecho un salto temporal a los primeros años de democracia tendría otro sentido que aquí no se comprende.

Lo mismo sucede sobre el final, en el que una de las subtramas es abandonada de golpe para abocarse a lo que tendría que haberse abocado con mayor énfasis en todo el tramo anterior. Esto, sumado a una serie de imprecisiones históricas, y llamativos baches argumentales, o agregados inexplicables, hace que se nos dificulte apreciar los aciertos que el film posee.

Retomando, «Kóblic» arremete con un asunto complicado, y confunde violencia con riesgo. Pareciera ser un film temeroso, que decide mirar para el costado, que toma el camino fácil luego de emprender el camino sinuoso. Pese a su puñado de aciertos, hablamos de una propuesta tristemente fallida.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Detrás de su aparente relato revisionista, que puede ser uno de los puntos de partida para acercarse al filme, “Kóblic” (Argentina, 2016) habla de la imposibilidad de escaparse de las propias pesadillas que acechan a seres que deambulan martirizados por hechos de los cuales no tienen la posibilidad de alguna manera de evitarlos o evadirlos.

En “Kóblic”, tercer filme de Sebastián Borensztein, trabaja sobre la base de un western criollo en el que su protagonista, Tomás Kóblic (Ricardo Darín), comienza el filme en un estado de desesperación tratando de borrar su pasado afincándose, momentáneamente, en un pueblo del interior del país llamado Colonia Elena. Tratando de mimetizarse con el lugar, cumpliendo tareas en la empresa de fumigación aérea de un amigo, que le tiende una mano, Tomás comenzará, o al menos lo intentará, una nueva vida alejado de todo aquello que lo atormenta.

Pero cuando el comisario del lugar, Velarde (un irreconocible Oscar Martínez), a partir de dichos de gente del pueblo, sepa del pasado de Kóblic, se pondrá en estado de alerta e iniciará un camino de búsqueda y enfrentamiento con él para develar las verdaderas intenciones que posee.

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Y en ese devenir, presente del protagonista, inesperadamente, una irrefrenable pasión con Nancy (Inma Cuesta) complicará aún más su estadía en Colonia Elena, imposibilitando una vez más una escapatoria, como así también la capacidad para detener aquellos fantasmas que en forma de pesadilla lo acechan constantemente.

“Kóblic” es un filme con varias etapas narrativas y también capas de desarrollo, el potente arranque con un eterno travelling que acompaña a Tomás a la difícil tarea que tuvo que desarrollar durante la última dictadura cívico militar, hacia 1977, es tan sólo el disparador para contextualizar al personaje dentro de un marco en el que busca, porque lo necesita, una vía de escape a justamente aquello que no puede evadir de su pasado.

El flashback virulento, en el presente de un personaje que intenta encontrar algo que lo pueda transformar, más que el cambio interno sufrido a partir de la intervención en los denominados “vuelos de la muerte”, que son reconstruidos con precisión y realismo, pero que evitan regodearse en el morbo que quizás en manos de otra historia se podría haber plasmado, son tan sólo un motivo dentro del gran relato que propone el filme.

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En una primera instancia la inserción de Tomás en Colonia Elena, su camino para poder ser parte de una pequeña comunidad cerrada, que le niega la posibilidad de encontrar su lugar, que lo recela, que lo evita, y que luego va seguida por una etapa más luminosa a partir de su relación con Nancy, a pesar de la clandestinidad del vínculo y su necesaria prohibición (ella es una mujer casada, y en pueblo chico…).

En esa segunda instancia narrativa, la necesaria explosión del conflicto, con su inevitable enfrentamiento con el comisario, el duelo entre ambos, físico, mental y moral, como así también el acompañamiento de algunos personajes secundarios, los que lo ayudarán para encontrar alguna salida ante la inminencia del castigo por todo aquello que Kóblic hizo y hará, terminan por configurar el espacio para que el relato explore algunos lugares seguros del género, con un imposible héroe que termina por nunca encontrar una salida.

La cuidada y bella fotografía, las escenas amplias que ubican a los personajes en espacios que articulan sus vínculos de manera natural y fluida, pero principalmente, la solvencia y solidez de las interpretaciones (el trío Darín, Cuesta, Martínez, es un lujo) permiten que “Kóblic” desande un filme de género, que además se da la posibilidad de tocar un tema polémico sobre la dictadura, que, hasta el momento, no había sido planteado.

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