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“Ghost in the Machine” (Alta Tensión): El asesino en la red

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Durante la década de los ’80 y más aún los ’90 los avances tecnológicos en cuanto a la computación comenzaron a “apurarse”. Los nuevos descubrimientos eran cada vez más frecuentes, y si a esto le sumamos la inserción de la computación en el ámbito doméstico con la llegada de la PC, al público le surgía incertidumbre y curiosidad cada vez que algo nuevo era presentado.

El cine más de una vez utilizó esta paranoia a su favor, generando argumentos “tecnológicos” alrededor de los peligros de estos avances.

Los noventa se marcaron por la aparición de una primitiva internet, las redes domésticas, y la realidad virtual. Por supuesto, el cine tampoco iba a ser ajeno a esto, y ahí es donde surgen películas como Alta Tensión.

Karl Hopkins (Ted Marcoux) es un asesino serial de mujeres encubierto detrás de un técnico de computación. El hombre tiene su método para capturar a sus presas, consigue los datos robándose agendas.

Su última adquisición fue la agenda de Terry (Karen Allen), robada mediante el uso de un scanner de mano. Pero cuando Karl se dirige a la casa de Terry una tormenta eléctrica hace que se estrelle ¡contra un cementerio!. Sobrevive, pero cuando es llevado a un sanatorio para que le realicen una tomografía, un rayo impacta en el lugar, su cuerpo es calcinado y fallece… pero su alma pasa a formar parte de la red eléctrica y de ahí al Internet e Intranet hogareña.

Un demonio anda suelto por la electricidad y la red, y está obsesionado con Terry que deberá cazarlo antes de que continúe con su nuevo estilo de matanza.

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Así como están pensando, Alta Tensión tiene un argumento realmente disparatado e inverosímil, pero extrañamente eso es lo que la hace tan querible.

Sin llegar a ser un film Clase B (su producción es de Fox para más datos y no es un telefilm o directo a video), mantiene un espíritu muy entretenido que la hace altamente disfrutable. No es gore, maneja más los carriles del suspenso sobrenatural, pero aún así no se ahorra una buena cuota de muertes cruentas e ingeniosas.

Mecha Karl (como me gusta llamarlo para diferenciarlo de su fase corpórea) se materializa de diferentes maneras, puede ser energía que sale de un enchufe, puede usar un juego de realidad virtual, puede ser un grupo de pixeles materializados a los que no se pueden dañar, o simplemente ir de aquí para allá entre todas las PC o artefactos eléctricos del lugar. Sí, podría ser un Shocker 2.0.

Como adelanté, más allá del film de terror, es llamativo ver la incertidumbre y desconocimiento que había en la época respecto a cosas como la red o la hoy obsoleta realidad virtual hecha a partir de polígonos y colores fluo. En su argumento se habla con total seriedad de teorías electrónicas incapaces de ser reales; y eso, hoy en día la agrega un plus que la hace más simpática.

Claro, ver a Karen Allen en un protagónico es otro atractivo fuerte, Terry es una madre aguerrida y le va a plantar batalla a “Mecha Karl”, con el público amante del cine de los ’80 vitoreando a su favor.

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Rachel Talalay (Pesadilla 6: La Muerte de Freddy) hace un trabajo decente en la dirección. La acción se desarrolla en diferentes planos y a todos les imprime el nervio suficiente. La historia por más incoherente que suene se sigue con atención y las escenas de muerte son manejadas con suspenso y algo de creatividad, algo fundamental en un film como este que no deja de ser un slasher. Producto de su era, Alta Tensión es una película tan curiosa como entretenida; simpática como amenazante. El mensaje para la generación de hoy es claro, en Internet pueden existir cosas peores que un virus.

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