Festival Asterisco: apertura e inicio de fiesta

Anoche estuvimos en el Espacio INCAA Gaumont, una de las sedes que tiene este organizado y colorido festival, en la gala de apertura del evento. Estuvimos junto a Albertina Carri, el Secretario de DDHH, autoridades del INCAA y muchísimos invitados que se dieron cita en el recuperado cine histórico de la zona de Congreso (recordemos que fue declarado patrimonio nacional para evitar su venta y cuenta con un remodelado fantástico en este último tiempo).
Asterisco, en resumen, viene a ratificar una política de Estado realmente comprometida con los derechos de todos y todas. Y no importa la bandería política que tengamos, lo cierto es que compartir el arte es un derecho inalienable, las miradas de cada individuo importan y tienen mucho que decir y ya estamos como sociedad en la etapa donde la inclusión no tiene que ser un frase de molde sino de cumplimiento efectivo. Hacia ahí vamos.

Asterisco viene a poner en relieve que el cine transmite emociones y no hay que restringirlas a un sector de la sociedad. Hay que entender a este festival como una herramienta de cambio y dejarse llevar por el entusiasmo desbordante de sus participantes. Claro, sin dejar de resaltar la calidad de una programación interesante y amistosa, diagramada por gente que sabe y mucho: la misma Carri, Diego Trerotola y el legendario Fernando Peña.
Una muestra de ello fue la elección de la película que abrió el festival: lo último de Monika Treut, «Of Girls and horses» (título internacional). Para quienes no conocen el cine de esta alemana, hay que decir que es una figura prestigiosa de la industria independiente y lleva años luchando por el respeto hacia las elecciones sexuales a través de una militancia honesta y relevante.

Sus films tienen ese sello típico de confrontación a lo establecido, pero ostentan además un valor adicional en su edición y entramado, una característica fuerte de Treut que le ha valido el respeto de la comunidad internacional. Alex tiene 16 años (Ceci Chuh, una auténtica revelación), viene de una etapa difícil, usa drogas, tiene sus brazos marcados, y su madre adoptiva la envió a una granja en el norte de Alemania.
A ella, una chica en apariencia de ciudad, no le interesa mucho la vida que le proponen, pero entiende que si no la lleva adelante, se verá en problemas muy pronto. La tutelará Nina (Vanida Karum), la responsable de la finca, donde se cuidan y entrenan caballos. Entre ámbas, la relación al principio será de mutua observación. Pero a través de la dura vida de trabajo rural y el vínculo con los caballos (que tienen bastante peso en la historia), lo que parecía imposible, logra hacerse realidad: Alex y Nina se respetan y confían una en la otra (más allá de algún incidente aislado).

Eso, sin embargo, no es todo. Kathy (Alisa Wims), una joven de clase acomodada, llega con su caballo al lugar a pasar sus vacaciones, enviada por sus padres. Su presencia despierta en nuestra protagonista, emociones que afloran lenta pero sólidamente y van perfilando una posible conquista a la luz de una sexualidad contenida pero existente.
Esta energía ecolsionará cuando un fin de semana, las dos adolescentes queden solas al cuidado de los caballos en la granja. «Of girls and horses», es una película de iniciación, de búsqueda y a la vez, de contemplación y reflexión. Tiene varios niveles de análisis e impacta al espectador en diferentes áreas, según sea su abordaje. Treut, rueda con una fotografía impactante (más, para un film que costó 80 mil euros) y compone escenas al aire libre, magníficas.
Pura belleza. Y pone a Nina como ejemplo de la vida en ese ambiente: comprometida, plena y conciente del valor de vivir en un espacio natural. Por otro lado, logra, apoyada en la gran caracterización de Chuh, presentar un conflicto reconocible (alguien perdido, carente de rumbo y sin afecto) que el público acepta y adopta rápidamente.

Quizás, pueda decirse que la directora y también guionista abusa de los planos largos y la contemplación a cielos abiertos para contar una historia simple que podría resolverse en menos fotogramas. Incluso el conflicto principal se desliza tan natural, que pareciera no tener intensidad por momentos.
Es el estilo personal de Treut y hay que decir que «Of girls and horses» no tiene la fuerza de sus relatos anteriores, sino que ha mutado en una narrativa de equilibrio que le permite acercarse a todo tipo de público, quizás sacrificando crudeza e intensidad.
Más allá de eso, es un lujo haber sido de los primeros países que pudieron ver este film, producto que recién comienza su recorrido festivalero (la directora es parte del jurado y la veremos estos días por aquí) y reconocemos el valor de los programadores, que la eligieron como puntapié de inicio para este gran Asterisco que explota en las salas porteñas. Pronto, más novedades del evento!
