Entrevista: Mariana Arruti «Cualquier filme cuando nos conmueve toca lo colectivo».

Luego de varias películas sobre otros, la directora Mariana Arruti se anima a plasmar en un filme su propia historia.
“El Padre” puede ser leído como un ejercicio terapéutico y catártico sobre la ausencia de su padre y las mentiras que alrededor de su falta se tejieron en el seno familiar.
EspectadorWeb dialogó con la realizadora para conocer mucho más de su propuesta y proyectos.
¿Por qué decidiste exponer tu historia de esta manera?
Puedo sintetizarlo en dos motivos, la propia historia, aquella que no le puse palabra, me ha hecho hacer todo lo que hice hasta ahora, mi cine más político y de alguna manera esta historia personal, que descubro hace muy poco, me hizo ver que yo estaba con las otras películas hablando de mi misma. También me di cuenta que mi historia no era sólo mía, la propia historia de los silencios y complicidades y el impacto que tuvo no solo eso en la identidad de una generación sino en términos sociales de las imposibilidades de hacer duelos sobre lo perdido no era solo personal sino que podía, narrándola, contar algo que sucedía en términos más sociales.
¿Encaraste la película de otra manera? ¿te fue más difícil?
Sí, hacer una investigación sobre mi padre, mi familia y mi entorno social, me fue durísimo, incluso la investigación documental porque sabía que estaba hablando de mí misma, claramente fue un proceso, siempre es doloroso hacerlo con historias de injusticia, represión y muerte, fue doloroso, con cosas que se me incrustaban en la pansa.
Si uno no conoce la historia el filme tiene un giro al revelarse el verdadero motivo de la revelación de tu padre, esto ¿cómo lo decidiste?
La película estuvo bastante guionada porque yo me tomé mucho tiempo para pensar cómo la iba a contar, decidí que de alguna manera la película reflejara el mismo camino que yo había hecho. Boris, que es el tío que cuenta realmente lo que vio y lo que encontró en el lugar donde reconoce el cuerpo es el motor de un saber que implica todo lo demás, y en términos de construcción cinematográfica busqué eso, la reconstrucción de una vida de la que yo no supe nada y por eso la película empieza contando la historia de un padre y luego va desgranando los motivos políticos y de clase para que los silencios se entrelazaran de una manera determinada.
¿Cómo fue el pensar de nuevo o imaginar las escenas de la infancia?
En realidad, el gran desafío era cómo contar con distintos recursos cinematográficos no el recuerdo, porque yo no los tengo, sino la ilusión del recuerdo, que se construye cuando uno mira fotos o te dicen se reía de ese modo, o cuando la empleada que me cuidaba me dice “te adoraba”, yo busqué como reconstruir eso que estaba fracturado entre lo real y la imaginación. Por un lado busqué hacerlo en blanco y negro como fotos recreadas por la memoria, y por otro lado esta lo del Super 8, recreado, como los recuerdos de una generación de esa manera.
¿El audio del final es real?
Si, y la voz te trae una entidad completamente diferente a la de las fotos.
¿Eso te ayudó a configurar más la idea de él?
Si, una idea y un vínculo, porque una foto es un elemento, pero la voz tiene una dimensión más real, completa y vívida.
¿Por qué la elección de la charla con la empleada de mostrarla sólo con ventanas y desde afuera?
Eso refleja lo real, Teresa, que me cuidaba cuando era niña no quiso que la filme, es un encuentro entre ella y yo con un grabador entre medio y mostrar el afuera, y la decisión de no aparecer, es algo que me interesaba, porque no exigí poner una cámara, me gustaba mostrar la decisión de ella, que además ella terminará por dar detalles del ocultamiento desde algo simple y honesto, ella habla de los problemas de clase que se arrastraban desde dentro, con una familia que lo miraba mal, como otro ubicado en una clase media y ella se compara con él, “como yo” dice, hablando del otro obrero.
Tu filme ayuda a poner en funcionamiento mecanismos de revelación, para los que siguen afirmando desconocimiento, del proceso de desaparición de la dictadura, ¿sos consciente de eso?
Sí, porque a mí me parece que cualquier filme cuando nos conmueve toca lo colectivo, para mi es interesante que suceda eso, que se la linkee con lo general o colectivo, no quería que no pase eso, yo traté de seguir una línea subjetiva y personal, salvo en la solicitada luego de la desaparición de mi papá, para mostrar que pasaba en el país tres años después del golpe militar. La tarea era compleja pero quería que la película sea un puente entre lo que pasaba pero sin hacerlo, con imágenes que convoquen a lo colectivo desde lo que a mí me pasó.
¿Cuáles son tus expectativas?
Quiero que llegue a un gran público, porque hacer una película es gritar, contarle a todos aquello que nunca se dijo y se escondió y el deseo y la expectativa es muy grande para que pueda ayudar a pensar cosas que no han estado demasiado trabajadas, cómo eran las infancias cuando todo estaba oculto, cuando todo se ocultaba, se mentía, el desmentir la realidad con silencio es enloquecedor, mi deseo es que muchos tipos de público la vean, porque me interesan sus devoluciones.
¿Estas con algún nuevo proyecto?
No, esto fue tan fuerte que no tengo espacio para eso, hay cosas, pero por ahora no.
