Entrevista: Facundo Beraudi “Se me hacía un nudo en la garganta cuando tomaba conciencia y asociaba esos restos a una historia, a una persona”.

Con una amplia experiencia en la realización televisiva y documental, Facundo Beraudi estrena “La memoria de los huesos”.

Contundente relato sobre la memoria y el doloroso pasado, sigue los pasos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) tras la confirmación de la desaparición de un conocido de la familia.

Para conocer más de la propuesta hablamos en exclusiva con Beraudi “La elección de los personajes y de las historias de los familiares fue un proceso largo y poco ortodoxo en el sentido en que no acudimos a asociaciones de familiares de desaparecidos, sino que optamos por aprovechar los contactos, la gente y las historias que íbamos conociendo conforme nos adentrábamos en la investigación y en las primeras grabaciones”, afirma en este diálogo.

¿Cómo surge la idea del documental?

Soy hijo del exilio, crecí en España rodeado de exilados y escuchando historias en primera persona de las terribles cosas que sucedían en eso años en Argentina. Así que como una búsqueda personal, siempre me intereso conocer y saber lo que ocurrió durante aquellos oscuros años, como una búsqueda de respuestas a mi propia historia. Pero la chispa que encendió la idea de la película ocurrió hace unos años cuando nos encargaron desde Barcelona la investigación para un reportaje documental sobre los desaparecidos catalanes durante la dictadura militar Argentina. Esta investigación nos llevó tras la pista de Manuel Coley Robles, un obrero barcelonés que había desaparecido en octubre de 1976. Sus restos fueron encontrados 30 años después en el cementerio de General Villegas. Manuel se convirtió en el primer español desaparecido durante la dictadura Argentina en ser identificado. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) había hecho el trabajo de exhumación e identificación de los restos. Siguiendo esta historia fue que nos pusimos en contacto por primera vez con Luis Fondebrider, el director del EAAF. Nuestro trabajo para la producción catalana terminó, pero en nosotros seguía latente la impresión que había dejado el encuentro con el equipo y con su historia y no paso mucho tiempo hasta que la necesidad de contar con más detalle la historia que habíamos conocido, nos llevó a plantearnos la posibilidad de hacer una película documental. Nos volvimos a reunir con Luis y le comentamos nuestro deseo de hacer un documental con ellos, con su historia y con el trasfondo de la historia de los familiares de las víctimas.

¿Cómo fue el recorte de los testimonios/entrevistados? 

La elección de los personajes y de las historias de los familiares fue un proceso largo y poco ortodoxo en el sentido en que no acudimos a asociaciones de familiares de desaparecidos, sino que optamos por aprovechar los contactos, la gente y las historias que íbamos conociendo conforme nos adentrábamos en la investigación y en las primeras grabaciones. Este camino fue un proceso más largo pero nos llevó a los personajes y a las historias que nos interesaba contar de una manera más orgánica, más natural. A medida que conocíamos gente, esa gente nos contactaba con otros o nos proponía historias de personas conocidas. Fuimos dejando que el azar jugara también su papel. Así fue por ejemplo con el caso de David, que lo conocimos el día que el EAAF celebraba sus 30 años, se nos aproximó para interesarse por lo que estábamos haciendo. Fue a partir de ahí que conocimos su historia y el momento por el que estaba transitando, la restitución de los restos de su padre. Hay que decir también que debido a lo delicado del tema, el EAAF nos avisó desde un primer momento que ellos no podían ponernos en contacto con ninguno de los familiares por cuestiones de confidencialidad y respeto. El acercamiento teníamos que hacerlo nosotros por otro camino, cosa que nos pareció siempre comprensible y respetable.

¿Durante cuánto tiempo se extendió el rodaje?

El rodaje fue largo, pero no porque filmáramos mucho material, sino porque se extendió en el tiempo. Desde que empezamos con las primeras filmaciones que sirvieron para romper el hielo e ir encontrando una formada adecuada de narrar, hasta que rodamos las tres últimas semanas seguidas, pasaron casi 2 años. Durante ese tiempo fueron surgiendo situaciones que nos parecían interesantes de filmar o nos ayudaban a contactarnos con gente, ir conociendo y adentrándonos en el tema. Lo que nos implicó más tiempo de rodaje y continuidad fue el seguimiento de las excavaciones que empezó a hacer el EAAF en “El Banco”, el ex centro clandestino de detención que está ubicado en Puente 12 en La Matanza. Allí el equipo estuvo excavando y buscando en todo el predio durante más de 9 meses. Nosotros con un equipo mínimo de rodaje, tratábamos de ir por lo menos una vez por semana. Todo ese material al final quedó reducido a unas pocas secuencias pero era la única manera de hacer un seguimiento del trabajo y poder tener algunos momentos claves de esa búsqueda. Este tipo de trabajos son lo más parecido a una carrera de fondo, uno tiene que ir midiendo las fuerzas y la ansiedad para que el largo tiempo que lleva el proceso se vuelva en favor de la película.

¿Cómo fue el acompañamiento de los “protagonistas”? ¿Fue más silencioso que de costumbre?

A mí me gustar rodar con equipos reducidos y de una forma discreta, sin perturbar demasiado la realidad de lo que se está filmando, para poder contar la historia a partir del registro de las acciones de los personajes, a la forma del cine directo. En este caso utilizamos dos formas o dispositivos. Por un lado la forma en que filmamos el seguimiento del trabajo del EAAF, donde se hizo un registro más observacional, dejando que las situaciones hablaran por sí mismas y que los diálogos y el relato se construyera a partir de lo que registraba la cámara. Además optamos por no utilizar las entrevistas que teníamos filmadas con los miembros del equipo y dejar que se retrataran  partir de los detalles de cómo hacía su trabajo. Y por otro lado la forma en que filmamos las historias de los familiares, que se construían provocando o armando ciertas situaciones y luego registrándolas. En este caso la narración se apoya más en las voces en off de las entrevistas, que hicimos tiempo después de conocerlos, cuando la confianza y la relación era más familiar. Hay solo una secuencia que fue muy particular de rodar que fue el momento en que David llega al laboratorio del EAAF a ver los restos de su padre. Ese día necesitaba un dispositivo mínimo así que fuimos junto con Victoria Nardone, productora de la película, y una pequeña cámara. Llegamos antes y le pusimos un micrófono inalámbrico a Patricia Bernardi, que era quien recibía a David y antes de entrar, otro a David. A partir de ahí yo me quede solo con ellos y me limité a registrar respetuosamente y a cierta distancia lo que sucedía, siempre con la cámara en mano, ya que quería que de alguna manera se respirara la emoción que yo también sentía al presenciar ese momento.

Hay casos que tienen una resolución y otros no en el metraje, a nivel personal, ¿cómo te sentís con esto?

Esto fue un problema de guion que se nos planteó desde un primer momento, ¿Cómo hacer para explicar o visualizar todo un proceso de búsqueda que lleva años y años y que pasa por diferentes etapas? Era imposible contactar con un familiar de desaparecidos y que durante el tiempo en que nosotros hacíamos la película el EAAF lo identificara y lo restituyera. Este es un proceso que lleva años y que incluso en muchas ocasiones no tiene un resultado. Muchos de los restos que el EAAF ha exhumado siguen sin poder ser identificados. Sabíamos que lo íbamos a tener que contar por fragmentos, como las piezas de un rompecabezas que se tienen que unir para ver la imagen final.
Lo que vimos claro desde un principio es que de todas las historias que íbamos conociendo muchas tenían un final abierto. Muchos de los familiares lamentablemente nunca encontraran los restos de sus desaparecidos y esa es una triste realidad que había que retratar de alguna manera. La historia de Rosa Valenzi representa eso, Rosa lleva toda su vida dedicada a esa búsqueda, su vida y la de su familia ha estado marcada por esta búsqueda. Y después de tantos años sigue sin encontrar, sin saber la verdad, sin poder reunirse con su sobrina, sin saber si está viva o muerta. A nivel personal, me impacta cada vez que la pienso, me duele que lleve toda su vida buscando sin rendirse, me duele la posibilidad de que quizás nunca encuentre. Es muy triste lo que Rosa representa porque ella representa el dolor de todos esos familiares que no han encontrado los restos de sus seres queridos, representa el cansancio de tantos años buscando la verdad sin poder encontrarla. 

¿Cuánta investigación previa necesitaste para el armado del proyecto?

Lo primero fue ponernos al corriente de la historia del EAAF, de su forma de trabajo, entender la metodología del equipo, ir conociéndolos y verlos trabajar tanto en laboratorio como en las excavaciones. Luego empezamos a hacer pequeños rodajes esporádicos que nos sirvieron para ir encontrando la forma de filmar, de acercarnos y movernos por el entorno. Por otro lado hubo todo un proceso de documentación que necesitábamos como back ground, una información que no teníamos del todo claro si iba a aparecer o no en la película pero que era necesaria. Yo tenía mucho interés en leer los testimonios del “Nunca más” y  ver las cientos de horas del Juicio a las Juntas. No hay nada más claro y demoledor que escuchar esos testimonios y declaraciones. Por eso me interesaba que eso de alguna manera estuviera. Además, buscaba entre esos miles de nombres y apellidos alguna historia de familiares que nos sirviera para contar lo que queríamos.

¿Fue difícil rodar en campo y en los cementerios?

A pesar de que el hecho de mirar a través de la cámara te protege de ciertos escenarios  y situaciones al poner una fina distancia entre la realidad y uno, los primeros rodajes en campo y cementerios fueron emocionalmente difíciles y hubo que ir acostumbrándose de a poco. Además había que aprender a moverse sin incomodar el trabajo de los antropólogos. Un cementerio ya es un escenario con un ambiente particular, un silencio y una calma especial. En muchos momentos, y sobre todo cuando los familiares estuvieron presentes en las exhumaciones, se sentía en el lugar un clima muy particular. El silencio, las esperas, las expectativas y los llantos mezclados con la alegría al ver como los restos iban apareciendo bajo la tierra, creaban un clima emocional de mucha intensidad. El tener conciencia de como esos restos habían llegado allí, o el ver aparecer  bajo la tierra los huesos calcinados junto a los neumáticos utilizados para quemar, o  ver los restos de ropa de las víctimas, era sobrecogedor. A pesar de que ver trabajar a los antropólogos entre las tumbas, ver la delicadeza y la paciencia con la que van escarbando con pequeños pinceles y espátulas hasta que el esqueleto queda expuesto, era algo muy interesante de presenciar, se me hacía un nudo en la garganta cuando tomaba conciencia y asociaba esos restos a una historia, a una persona, cuando pensaba por lo que habrá pasado antes de terminar ahí y de esa manera. Era en esos momentos donde veía y tomaba forma la crueldad  que todo eso encerraba.

¿Qué crees que aporta tu película a la problemática relacionada a los DDHH?

Creo que la película aporta una mirada nueva al tema, una posición nueva, más humana, más universal. Yo no soy militante y tampoco hago un cine político, me interesa contar historias que me conmueven y tratar de que lleguen lo más puras al espectador. Lo más puras en el sentido de que lleguen como me llegan a mí, de una manera emocional. Yo no quería hablar directamente de la dictadura sino de un grupo de gente que ha dedicado su vida a identificar los restos de los desaparecidos, con todo lo de titánico que eso tiene. Y por otro lado quería poder aproximarme a lo que sienten y a las necesidades que tienen los familiares de las víctimas de ese horror. La mejor manera era buscar historias concretas, comunes, pero que al exponerlas se volvieran universales. El dolor y la necesidad de encontrar los restos de sus familiares es el mismo para David en Argentina como para Roxana en El Salvador. Creo que esta mirada más abierta es lo que marca la diferencia de la película.

¿Cómo te sentís con el estreno comercial del filme luego de su paso por festivales?

Estamos contentos, ansiosos y esperanzados. Queremos que la película se vea y llegue a la gente. El proceso de hacer una película documental es muy largo y trabajoso, y el objetivo final, el propósito de todo esto está en esa sala oscura llena de butacas, es ahí donde la película deja de ser tuya y se encuentra con el espectador. Es ahí donde todo se encuentra, el que cuenta y el que escucha, esa es la fogata donde todos se juntan para escuchar una historia, así que es fundamental. Lamentablemente es muy difícil para películas documentales como ésta mantenerse en cartel.

¿Estás con algún proyecto nuevo?

Estoy preparando un nuevo proyecto que está todavía en una etapa muy primaria. Estoy trabajando la idea, el marco donde se desarrolla que es el del folklore, y comenzando con la investigación. Es un trabajo documental pero que se moverá en esa fina frontera que separa la realidad de la ficción.

 

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