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Entevista: Tato Moreno «La distribución, especialmente para películas independientes, sigue siendo el gran desafío».

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En su ópera prima, «Arreo», el realizador Tato Moreno logra un sentido relato documental sobre el pastoreo trashumante a partir de reposar la mirada en un núcleo familiar que se dedica, desde siempre, a la tarea.

Dejando que delante del lente las cosas sucedan, Moreno puede fundirse con el escenario evocando la dificil tarea y los obstáculos que la delimitan. Sobre el origen del proyecto, la aparición de los hermanos que retrata y, principalmente, las dificultades del rodaje, Tato Moreno dialogó con Espectador Web en exclusiva.

¿Qué te llevó a filmar Arreo?

En el año 2008 estaba produciendo “De Idas y Vueltas” un documental sobre una escuela albergue en la ruta 40, en Ranquil Norte, al sur de Malargüe. En Ranquil empecé a conocer la realidad del puestero trashumante del sur cordillerano. Supe que, por diversas razones, parecía destinado a desaparecer. Me contaron que la ciudad atraía a los jóvenes que no ven futuro en el trabajo de sus ancestros en el campo. Una vez terminado ese documental, empecé a investigar sobre el tema.

¿Cómo llegaste a los hermanos Parada?

Un año después de finalizar el documental, por referencias, conocí a un profesor de historia en la ciudad de Malargüe que había sido puestero y trabajado en el campo, y que de adolescente había decidido dejar Bardas Blancas e irse a la Ciudad de Mendoza a seguir la carrera de Profesorado de Historia. Hoy él da clases en Malargüe y tiene un programa de radio llamado “El rial” dedicado a la gente del campo que está en medio de Los Andes, sin otra comunicación con la ciudad más que la radio a pila. Su nombre es Pancho Parada. Le comenté que estaba buscando una familia para contar la historia sobre la la desaparición de la cultura del puestero trashumante y el conflicto entre irse o quedarse en el campo. Le entusiasmó mucho la idea y nos adentramos en la cordillera buscando una familia. En un período de meses, hice varios viajes desde Mendoza a Malargüe con este propósito, pero no daba con al familia que estaba buscando. Un día, bajando de la montaña hacia Bardas Blancas, Pancho me dice: vamos a pasar a saludar a mi hermano Eliseo. Allí nos conocimos con Eliseo y Juana, su esposa, y tuvimos una conexión instantánea. Eliseo y yo tenemos la misma edad, y coincidimos en la charla sobre la problemática del campo, sobre la vida, los hijos… y, entre mate y mate, me dice: “yo soñé que algún día alguien vendria a contar esta historia, para que lo sepan los de la ciudad”.

¿Cómo fue el rodaje y cuánto duró? ¿Se complicó el mismo por las condiciones naturales?

El rodaje tomo dos años y medio, dividido en numeros viaje que hacía desde Mendoza hacia la zona de Bardas Blancas, a más de 500 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza. Las condiciones fueron muy duras pero muy gratificantes a la vez. Fue un gran aprendizaje y un descubrimiento a cada paso. Se divertían los Parada viéndome correr de un lado a otro con la cámara, subiendo y bajando del caballo, tratando de cabalgar decentemente, creo que lo aprendí con los años. En dos partes del rodaje del documental, la primer subida y una de las bajadas, me acompañó un camarógrafo malargüino y montañista, Sergio Martinez. En esos momentos, no solamente pudimos grabar con dos cámaras, sino que también tuve un compañero muy profesional, amante y respetuoso de la montaña. Tuvimos como sonidista a Julia Moreno durante parte del documental. Nunca fuimos más de tres personas en el rodaje.

La película rompe con la idea de documental contemplativo, pero a su vez tiene pocos diálogos, ¿cómo lograste quebrar el estereotipo?

Paciencia y respeto. Pasamos tiempo junto antes de empezar a filmar. Compartí la vida del campo y traté de aprender sobre el campo y la familia. Hablamos mucho con Eliseo, compartimos tiempo charlando de muchos temas. A la hora de empezar a grabar había confianza mutua, sabíamos que estábamos haciendo esto juntos.

¿Qué te interesaba mostrar del pastoreo y qué pensás, con la película terminada, que te quedó fuera de “Arreo”?

Estuvimos dos años y medio yendo a grabar en numerosas ocasiones. Recién dejamos de grabar cuando sentimos que teníamos todo el material necesario para poder contar la historia. Nos sentimos muy conformes con el resultado.

¿Sentís que con la película les das visibilidad a estos “hacedores de patria”?

Creemos que la película lo logra, parte del objetivo de este proyecto era hacer visible esta realidad, y aportar un poquito para que se haga algo al respecto. Esperemos que ayude.

La música y la puesta en escena, casi pictórica, juegan un papel determinante en “Arreo”, ¿cómo fueron surgiendo las ideas sobre estas?

Hay dos tipos de música muy diferenciados, los temas incidentales de Aballat & Corominas, dos músicos mendocinos, y las canciones que Eliseo canta en el camino que las fue componiendo mientras arreaba, durante el documental. Con respecto a la puesta en escena, la idea, en principio, fue aprovechar la maravillosa luz de Los Andes, no forzar ni agregar nada. Si no era necesario, ni rebotes, salvo en contadas ocasiones. Buscar los ángulos y exposición correcta y utilizar los filtros cuidadosamente, de acuerdo a las condiciones. En mi experiencia como editor de tantos años, siempre aprecié a los directores que no esperaban “arreglar todo en post” o decidir el look en esa etapa. Trato, como DP, de sacar la mejor imagen en cámara y tomar decisiones ahí. Luego igual quedan cosas para trabajar en postproducción, por supuesto.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno comercial del filme?

Estamos muy agradecidos con el público, la respuesta es increíble, ya llevamos 2.110 espectadores en muy poco tiempo. Creemos que va a ser un éxito de público aquí en Buenos Aires y en el resto del país.

¿Estás con algún nuevo proyecto?

Siempre estamos pensando en algo, pero no creemos que iniciemos ninguno hasta el 2017. Estamos, felizmente, muy ocupados con “Arreo”.

¿Qué te inspira del cine argentino y cómo lo ves en la actualidad?

El cine argentino produce cine de calidad. La distribución, especialmente para películas independientes, sigue siendo el gran desafío.

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