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“El Bumbún”: Niña que te has hecho hombre

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Al salir de ver un estreno como El Bumbún, las sensaciones son varias, encontradas. Por un lado nos queda la pesadumbrez del relato, conciso, potente. Por el otro, una sensación de alegría porque historias así, películas así, puedan ser realizadas en nuestro país. Si desde hace unos años viene creciendo nuestro cine industrial, con altos valores de realización y más que interesantes cifras de taquilla.

Simultáneamente, exponencialmente, viene creciendo también la posibilidad de ver un cine del interior. Historias que no reflejen permanentemente la realidad de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. Películas que muestran el interior del país, y lo mejor, realizadas por gente de esas provincias (lo cual elimina esa mirada ajena que siempre tuvo nuestro cine para las historias fuera de Baires), y pensadas para la gente de esas provincias, para que ellos también se vean reflejados cuando miran una pantalla (no en vano, estos films suelen tener estrenos locales con salas agotadas).

«El Bumbún» es eso, una historia de provincia, filmada en La Rioja con todo su equipo oriundo de ahí, que refleja realidades que quizás cuesta entender en su plenitud para la gente de “Capital”, y a la que no se le puede negar su inmensa frescura, naturalidad. La historia es chiquita pero dice más de lo que parece. El Bumbún es José, una niña que nació en el interior del Noroeste argentino.

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Su padre, Antonio, un hachero de costumbres muy… tradicionales, quería un varón; ya había dado “en adopción” a tres nenas antes para que tengan un mejor pasar, pero con ella decide quedársela, obligándola a comportarse como varón. Su madre Mercedes quiere defender a su hija, pero no puede, su carácter sumiso y su subordinación obligada hacia su marido le impiden rebelarse.

Bumbún, tal cual se apoda, ya es adolescente, y las cosas empiezan a cambiar, tiene que tomar una decisión definitiva, definirse por quién es en verdad, él o ella. Tomada de un hecho real, la película adapta un cuento homónimo de la escritora Carmen Agüero Vera; pero su director, Fernando Bermúdez, le quita todo tipo de literalidad, llenándola de franqueza.

El entorno no es cualquiera, es una zona rural, alejada, y en los años ’70, lo cual le imprimirá un cierto aire de represión no ajeno a lo militar, a lo riguroso. Antonio es machista y autoritario, no permite que se lo contradiga, y deja bien claro que las cosas se manejan según sus órdenes, por lo menos entre los que considera bajo su zapato, Bumbún incluida.

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Pero en esta adolescente está la llama la libertad, ella comienza a notar que hay un cambio en sí misma, se cuestionará si puede seguir siendo un hombre como lo quiere su padre, cuando su cuerpo le pide otra cosa; es una cuestión de identidad, pero que trae otras cosas consigo. Bermúdez realizó un film pequeño pero apasionado, con más ganas que presupuesto y recursos.

En las interpretaciones de ese ser mágico llamado Daniel Valenzuela (Antonio) capaz de cargarse todo tipo de roles encima, y en el descubrimiento de Silvina Páez como José/El Bumbún, estarán los grandes logros que taparán algunos momentos, muy pocos, de estancamiento.

No se necesita contar una gran historia, se necesita tener objetivos claros; y El Bumbún a través de un ritmo reflexivo y de momentos de gran riqueza visual deja bien claro su propósito; reflejar un hecho inocultable de un sector de nuestro país al que la cámara no le ha puesto suficiente foco. Es hora de que ellos mismos se hagan ver.

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