«Dossier 137» (Caso 137): La policía de la policía

Estrenada en el Festival de Cine de Cannes y nominada a ocho premios César, donde ganó Léa Drucker como Mejor Actriz, Caso 137 es la más reciente película de Dominik Moll, director francés nacido en Alemania que ya ha demostrado su habilidad para narrar historias con fuerte contenido social y dramático, como Sólo las bestias y, especialmente, La noche del crimen. Caso 137 se acerca más a esta última, ya que también desarrolla una trama policial centrada en sus procesos y toda su burocracia, y toma la realidad como germen de la trama: la historia ficcionaliza una combinación de distintos casos que abordan un mismo tema. Una realidad que dialoga con la nuestra de manera directa, ideal para pensar y repensar los sistemas de poder.

Stephanie (Druker) es una agente de Asuntos Internos que se encarga de investigaciones sobre el cuerpo policial desde adentro. Eso la lleva a tener desencuentros con otros colegas, la parte que no está en esas oficinas, la que sale a la calle, como bien puede ser su ex marido o la nueva pareja de éste. Sin embargo, ella es una mujer muy segura de su trabajo, de sus convicciones, de su ética, alguien de temple calmo pero firme.

Un día llega a su escritorio una mujer que le dice que su hijo fue herido en una manifestación de los Chalecos amarillos, movimiento de protesta surgido en París durante el primer mandato de Macron en Francia. Allí le cuenta que recibió una bala de goma en el rostro y lo dejó en el hospital, malherido y con secuelas de por vida, algo que a nosotros argentinos nos hace pensar hoy en Pablo Grillo, quien sufrió una situación similar bajo una de las tantas represiones de la policía en este mandato de Milei. También le menciona el pueblo pequeño desde donde venían, dato que no le resulta indiferente, quizás menos incluso de lo que se reconoce a sí misma: ella salió de allí, ahí vive su madre aún, podrían haber sido conocidos. Pero no es hasta ese proceso de investigación donde empiece a sentirse cercana, donde vea reflejadas ilusiones y miedos, en ella o en su propio hijo.

Moll sigue a Stephanie en su investigación sobre lo que sucedió, y el cómo especialmente, al mismo tiempo que delinea aspectos de su vida personal: madre separada de un hijo adolescente, acaba de adoptar un gatito que encontró en el estacionamiento, y tiene a sus padres viviendo en su pueblo natal. Alrededor, la coyuntura política. En el medio, una mujer que lucha contra molinos de vientos por cada frente, contra instituciones a veces tan frías que no dan lugar a lo humano.

El guion escrito por el director junto a Gilles Marchand expone las burocracias, los tiempos lentos, las frustraciones y también los límites que parecen imposibles de sobrepasar. Stephanie va logrando avanzar lentos pasos pero las trabas en algún momento se tornan demasiado rígidas. La tensión está construida de manera eficaz, con un interés que nunca decae.

El talento de la actriz Léa Drucker (que ya había trabajado con el director en Noticias de la familia Mars) es innegable, en especial si se ha visto un poco del cine francés de los últimos años es imposible que no se haya sido testigo ya de lo que puede hacer con poco, desde lo contenido. Basta verla en películas como L’Été dernier, Close, Increíble pero cierto o Custodia compartida. Aquí es el corazón de la película, la mirada y el cuerpo por donde vivimos y sentimos lo que le pasa. Es el eje preciso de la película.

Un thriller dramático sólido, que no necesita apelar a la acción para generar esa atmósfera tensa y sórdida, sino que se enfoca en lo humano, en las acciones que hacemos que a veces parecen tan pequeñas y aisladas que no son suficientes ante las complicidades e impunidades de los espacios de poder. Moll expone sin dar respuestas. Pero nos enfrenta a una realidad socio-política que hay que dejar de pasar por alto, de dar por sentada, y empezar a cuestionarla.

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