“Court” (La Acusación): Un largo proceso

Mientras ya nos estamos preparando para la edición 2016 del Festival BAFICI, llega a cartelera, la gran ganadora del último año, la hindú La Acusación. Una despiadada crítica al sistema judicial de un país del que occidente parece conocer menos de lo que cree.
Mientras que documentales y mucho del cine de renombre se encargó de mostrarnos a aquel país asiático en dos vertientes; como un cúmulo de hambruna y miserias varias, o como un pueblo feliz que baila – canta – y se pelea a muerte por cuestiones de honor (las tres cosas en un mismo plano); películas como La Acusación vienen a demostrar que, con variantes, hay cuestiones que son universales.
El argumento es simple, a primera vista. Las autoridades de Bombay encuentran el cadáver de un obrero estatal. El detenido y acusado es un músico de protesta, no por autor material, sino por haber compuesto una canción de protesta que puede haber incitado al suicidio.
Pero la ópera prima de Chaitanya Tamhane no se queda sobre esta idea. Su punto de vista es el de los involucrados durante el proceso judicial, y es ahí donde apunta sus dardos.

Se sigue minuciosamente la vida de los abogados dentro y fuera de la Corte, observando como las mil y un trabas burocráticas afectan todo el ámbito, perjudican vidas, y pueden hacer tambalear hasta al más férreo.
Tamhane, que también se encargó del guión, nos habla de un sistema particular, el de su ciudad y país, pero no es difícil aplicar varios tópicos fuera de sus fronteras. Todo es desgastante, lo simple se vuelve imposible y hasta no hay lugar para la inocencia.
El grado de malicia es indisimulable. El magnetismo que impregna la historia, se reduce por ciertas elecciones del realizador, que pese a colaborar con el mensaje que se pretende dar, resta a la hora de su fluidez.
El ascetismo es puro, hay circunstancias que incitan a la gracia, pero por su carga de patetismo intrínseco. No se tensan las cuerdas para lograr suspenso, y el dramatismo se impone de modo natural, necesario.

Todo esto reforzado por un conjunto de actores no profesionales que recalcan la idea de lo real, cotidiano. No hay apuros, el montaje es de tranco lento, pausado, y es cierto que sus menos de dos horas terminan pareciendo más.
¿Qué es lo que se pretende desde el sistema estatal con tantas vueltas inentendibles ¿Cuánto tiene que ver con el contenido de la susodicha canción? ¿Es un límite para la libertad de expresión? La Acusación lleva a muchos planteos, y esa es su mejor entrega al espectador.
Que pese a presentarse en un envase simple, que no busca recursos para ser entrador, termina interesando por el contenido de su discurso. A veces, el destino quiere que las cosas lleguen en el momento justo.
Las ganadoras del BAFICI tienen como premio la distribución local asegurada, que casi siempre llega cerca de un año después del festival. Las circunstancias quieren que La Acusación nos hable de algunos temas que hacen a nuestra coyuntura política actual. El análisis quedará en cada uno; lo que si queda claro, es que en Oriente y en Occidente, hay cosas, que para mal, nunca cambian.
