BAFICI 16 (XXVII): El imperio del VHS

Además de traer lo último en films de vanguardia y producción independiente, hace algunos años, BAFICI está colando en su programación algunos títulos para aquellos que crecieron en las dos últimas décadas del Siglo XX, época en la que brilló el formato de cine hogareño, las cintas de video, el VHS.
Acá te hablamos de cinco títulos que hicieron furor en los videoclubes, esas películas que cuando ibas a alquilar eran como un imán, hasta costaba encontrarlas disponibles; y ahora regresaron para poder ser vistas en la pantalla grande. Hablamos de Shivers, Shakedown, Quisiera ser grande, El campo de los sueños, y la trilogía Basket Case. Recordá que un título que también hizo furor en el VHS y se encuentra dentro de la programación, Maniac Cop, ya fue reseñado por Rodrigo Chavero en otro artículo, buscalo.
Antes de dedicarse a filmar a Viggo Mortensen en dramas sobre neurosis violentas y hacer críticas al capitalismo con Robert Pattison, David Cronenberg fue uno de los directores de terror más visionarios que dio el cine en varias décadas. Shivers fue su primer éxito, la película que lo puso en el tapete, y BAFICI presentó una copia en la sección Clásicos restaurados.
Tras la muerte de una mujer y un científico que realizaba experimentos con parásitos para realizar trasplantes de órganos, los habitantes de un edificio comienzan a ser infectados con estos parásitos que los convierten en una suerte de zombis con un increíble apetito sexual, claro, esa es la forma de trasmisión.
Orgías, gore, mucho bizarro lisérgico y todas las características que serían el sello de Cronenberg durante más de dos décadas, se encuentran en este clásico de 1975. No hablamos de una de terror normal, ni siquiera una de zombis regular, es un film de Cronemberg con todas las letras; narración no tradicional, imágenes tan hipnóticas como extrañas, y todo un subtexto respecto a la clase alta.

Shakedown o Blue Jean Cop de 1988, dirigida por James Glickenhaus, entra en un subgénero muy particular, aquel que siguió al policial exploitation de los ’70, el de las buddy movies policiales con enfrentamientos internos y mezclas de cine de acción; durante fines de los ’80 y principios de los ’90, los videoclubes se colmaron de ellas cuando el fenómeno de la ciencia-ficción para las estrellas de acción fue mermando.
Lo tenemos Peter “Robocop” Weller como un defensor público que se cruza con el caso de un dealer que le disparó a un policía encubierto. El dealer dice haberlo hecho en defensa propia; y es ahí, para resolver el caso y encontrar pruebas que Dalton (Weller) se une a un policía tan honesto como característico, Marks (Sam Elliot). Juntos, unidos contra el crimen, van a desenmarañar una red que implicará altas esferas de corrupción policial.
Glickenhaus tiene en su haber varios títulos similares, y este quizás no tenga nada que lo destaque de un centenar de policiales iguales; y precisamente eso es lo que lo hace tan pasatista.
Todos los clichés y reglas del género están para ser cumplidos, elementos de la cultura de la época (atención a la vestimenta), y hasta una banda sonora a pura batería y sintetizador, una gloria. Claro, tampoco podía faltar la participación de Antonio Fargas como un buchón de poli. Casi que no podemos pedir más para esta función de la sección Nocturna

Otra para la colección de Clásicos restaurados. Tom Hanks entró por la puerta grande la comedia familiar con Quisiera ser grande. Quien no haya visto este segundo film de Penny “Laverne” Marshall en las tardes de fin de semana de Canal 13, no fue chico durante los ’90.
Esta comedia de 1988 mezcla lo generacional con lo emocional, y el timing único que la hermana de Garry Marshall tiene para llegar al corazón del espectador.
Josh, de doce años, se cruza en una feria con una máquina para pedir deseos, como un simple juego, pide ser adulto… claro, a la mañana siguiente despierta en el cuerpo de un hilarante Tom Hanks que ante el terror de su familia que no lo reconoce, deberá buscar trabajo, y lo encuentra dentro de una empresa juguetera donde conocerá a Susan (Elizabeth Perkins) y ablandará el corazón de MacMillan (Robert Loggia), el dueño de la fábrica.
Con escenas y diálogos que perduran en el tiempo, estamos frente a una de las comedias más populares de los ’80, un flechazo a todo nostálgico ¿Quién no quizo alguna vez bailar arriba de esos zócalos de piano? ¡Si hasta Homero Simpsons lo hizo!

Y si hablamos de películas icónicas y de grandes films que lanzaron a sus protagonistas al estrellato, cómo no emocionarnos al ver El campo de los sueños dentro de la sección Sportivo BAFICI.
Phil Alden Robinson es uno de esos directores todoterreno que le pone el pecho a cualquier cosa que le ponen en frente, capaz de dirigir desde The Woo Woo Kid, Heroes por azar, La suma de todos miedos… y El campo de los sueños.
Kevin Costner despertaba suspiros femeninos y se ganaba la empatía masculina como ese granjero que tras escuchar voces y tener sueños vívidos, desoye a todos los que lo tratan como loco y arraza con su campo de maíz para construir un campo de baseball a pedido de los ex Medias Negras de Chicago, que una noche, cuando el campo esté listo, jugarán un último y emotivo partido final desde el más allá.
El drama deportivo es todo un subgénero hollywoodense, y aunque este deporte nos sea totalmente ajeno, como sucede también con A league of their own, no necesitamos ser apasionados del juego para emocionarnos casi hasta las lágrimas con esta historias de glorias pasadas y reconocimientos tardíos.
Otra cinta que arrazó en los videoclubes, y más tarde hizo furor en la TV de aire con escenas que quedaron grabadas en la cultura popular ¿o acaso no queríamos todos tener una campera de cuero desgastada como la de Kevin?

Por último, BAFICI ofreció una retrospectiva especial relacionada con el director Frank Henenlotter, que hasta se dio el gusto de presentar sus propias películas y charlar con sus seguidores.
Henenlotter es un verdadero artesano del terror clase B, muchos de sus films, por no decir todos, son obras de culto, y todas estuvieron presentes en la programación, desde Brain Damage hasta Bad Biology, o Frankenhooker.
Pero acá decidimos hablar de su obra cumbre, un tríptico que comenzó en 1982 e hizo furor entre quienes íbamos en busca de lo más bizarro del videoclub, entre quienes mirábamos las trasnoches de los canales zonales en busca de esas películas que los otros canales no pasaban. Tres películas que pusieron la frase “What’s in the basket?” en el panteón de las frases terroríficas, hablamos de Basket Case.
Duane llega a Nueva York portando sólo una cosa, una cesta de mimbre que se niega a abrir, pero ¿Qué hay en la canasta? Cuando nació Duane tuvo un hermano siamés, pero tras un parto “complicado” su madre murió y su padre entró en desesperación, pidiendo a los doctores que separen a Duane de su hermano. Duane fue separado, pero Belial, su deforme hermano, no murió, y ahora lo porta dentro de una caja de mimbre con la que buscarán venganza de los doctores.
Claro que la aparición de un interés romántico para Duane complicará las cosas, y Belial se verá “obligado” a desatar su furia nuevamente.
Ocho años después, Basket Case 2 retoma las cosas donde quedaron para contarnos como Duane y Belial conocen a un familiar perdido, la tía Ruth, que esconde en su mansión a otros monstruos igual o más deformes que Belial para darles asilo y seguridad del mundo exterior. Pero cuando los medios se enteran del interior de la casa de Ruth, la venganza comenzará de nuevo en esta parodia capaz de homenajear al clásico Freaks.
Ya en Basket Case 3: The Progeny de 1992 el delirio llega a mayor cuando Belial se convierte en padre, la policía secuestra a los críos, y ¿adivinen qué? ¡¡sí, venganza otra vez!!
Gore, gore, y gore. Monstruos de goma y no nos importa. La trilogía Basket Case se caracteriza por hacer del ridículo su impronta y el público festeja por eso. El argumento no deja nunca de ser una excusa para ver a Belial y los suyos matar a troche y moche. Una delicia para los amantes de lo bizarramente extremo, una obra para amar u odiar, sin dudas todos los elementos para que una obra sea catalogada como “de culto”.
Cinco películas (en realidad siete) que marcan una tendencia creciente en distintos festivales, el público no solo está deseoso de ver lo nuevo en pantalla, también acude masivamente y vitorea ante la posibilidad de poder ver en pantalla grande aquello que siempre vislumbraron desde la TV.
Cabe aclarar que BAFICI aún no ha solucionado el inconveniente de no encontrar copias de máximas calidad para estas funciones, aún en los mencionados “clásicos restaurados”; festivales como el menos publicitado BAZOFI siguen siendo muy superiores en este aspecto. De todos modos, la posibilidad sigue siendo única, y las salas llenas y agotadas en cada una de estas funciones demuestran que deberá haber clásicos para rato.
