«Amelia’s children» (Herencia siniestra): El amor de una madre

Dirigida y escrita por Gabriel Abrantes, Amelia’s children es una película con algunas buenas ideas pero un resultado desprolijo y recargado.

El intrigante prólogo de Amelia’s children nos presenta un intento de robo de bebés y un indicio de que la película se moverá dentro del género fantástico. Luego conocemos a Edward, un muchacho que vive en Nueva York con su novia pero también lo atormenta el no tener conocimiento sobre su origen, su familia, ni siquiera su fecha de nacimiento exacta. Es por eso que en su supuesto cumpleaños, la novia le regala un aparato con inteligencia artificial que lo ayudará a conectarse con su mismo ADN.

Desde esa escena se podría intuir no sólo la inclusión de lo fantástico sino de algún elemento que la lleve hacia la ciencia ficción. No obstante, poco tendrá que ver ese registro con lo que sigue en la historia, no estamos ante nada parecido a aquellas historias que parecían lejanas en un principio y luego se fueron tornando cada vez más cercanas como en Black Mirror. Edward se conecta con Marc, quien sería su hermano y lo invita a quedarse en la casa donde vive del otro lado del océano en Portugal. Al llegar así no quedan dudas: son gemelos, idénticos excepto por el cabello largo de uno.

Edward y su novia Riley se sienten entusiasmados con la idea de poder completar ese vacío pero detrás de esa mansión enorme en medio del campo lo idílico se va tornando cada vez más extraño. Primero al conocer a su madre, una mujer que se hizo demasiadas cirugías en la cara y cuya caracterización nos rememorará inevitablemente a Levon Kennedy. Por el otro, porque de a poco se irán develando secretos oscuros de esa familia.

Amelia’s children tiene varios puntos de interés en su trama pero el director/guionista Abrantes no parece interesado en profundizar alguno sino que hace un pastiche que no solo resulta desprolijo desde lo argumental sino también desde aspectos técnicos. Todo resulta tan recargado como los kilos de maquillaje que cubren a la actriz Anabela Moreira.

Las actuaciones son otro punto flojo. La actriz Brigette Lundy-Paine se destaca como el personaje femenino fuerte que termina cobrando protagonismo pero Carloto Cotta en su doble rol ayuda a generar esa especie de comedia involuntaria en la que se termina convirtiendo la película. Si bien se percibe la intención de incorporar un tipo de humor, no siempre parece éste ser adrede.

La identidad, el miedo a envejecer, las maternidades alejadas de las ideales, son temáticas que están, en general por separado, bastante explorados en la actualidad. A estos se le suman elementos más clásicos como la brujería y algo del gótico (casi todo se sucede en esa enorme mansión que combina ambientes que parecen pertenecer a otra época y otros más modernos). Un rejunte para una película de terror modesta y ambiciosa al mismo tiempo. Algunos aspectos trillados junto a otros de una perversidad interesante no maridan porque nunca encuentra el tono adecuado.

Una de esas películas de terror que una esperaría ver, y probablemente sería mejor celebrada, en un lugar como el Buenos Aires Rojo Sangre. Pero en una cartelera que apuesta a películas de terror menos novedosas, no siempre eficaces de todos modos, sorprende que nos llegue esta producción de Portugal. Lamentablemente el guion se enreda y se muerde la cola.

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