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XVI BARS: Atípicas

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Una de las características más llamativas de esta decimosexta edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre es la fuerte presencia en la programación de películas que recorren el cine de género desde una perspectiva marcadamente distinta a los típicos tripa-corazón-sangre, acción desenfrenada, o ciencia-ficción distópica. Más llamativo aún, es que varias de esas propuestas no tan convencionales provienen de nuestra tierra, lo que habla de una saludable apertura de criterio. Ya hablamos de títulos como Testigo Íntimo, Mirlos de Arkansas, o Los Inocentes. Repasemos ahora, dos títulos más, argentinos, que traen como propuesta la diferencia.

• Presagio: La ópera prima del argentino Matías Salinas, ganadora en el último Festival de Cine Fantástico de Madrid, se presenta como un inquietante thriller cuya apuesta fuerte es el manejo de la imagen. Prácticamente hablamos de dos personajes, Javier Solis y Carlos Piñeyro. Un escritor traumado, y su psicólogo. La acción transcurre en su mayoría durante una sesión, manejándose con flahsbacks disparadores. Extrañas ensoñaciones; confusión entre la realidad y lo imaginado, un hecho traumático como la muerte de la esposa y la hija, y el ineludible sentimiento de culpabilidad sobre lo sucedido. ¿Qué es lo que no nos cuentan? El argumento irá girando constantemente y no permite la desconcentración del espectador.

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El inicio de una novela como posibilidad de escape, el posterior bloqueo y abandono de la obra, y la instantánea aparición de un enigmático hombre negro (literalmente) descalzo y con paraguas, que lo tortura psicológicamente y lo obliga a terminar con la escritura ¿Por qué? ¿Quién es? Por supuesto que no adelantaremos, vale la pena descubrirlo.

Salinas logra un interesante clima de opresión, confunde al espectador y lo lleva para donde él quiere, a partir de una estructura narrativa cerrada y planificada. Desde lo técnico, saca provecho de los escasos recursos de un bajo presupuesto, no necesita ser aireada, utiliza el encierro para si al igual que lo planos concretos. Dos cámaras y estilos diferentes para las sesiones y los flashback/sueños, tonalidades diferentes, puestas diferentes, encuadres distintos. Todo contribuye a un ambiente que no apuesta por la sangre, sino por un suspenso clásico y ominoso. Participó de la Competencia Iberoamericana

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• Resurrección: Gonzalo Calzada, director de la interesante La Plegaria del vidente, realiza una producción distanciada desde lo temático respecto de su anterior film. Hablamos de un film de época, centrado en los hechos sucedidos en la Buenos Aires del Siglo XIX, la fulminante epidemia de Fiebre Amarilla.

Un sacerdote misionero (Martín Slipak) regresa a la casa familiar para visitar a su hermano (Adrián Navarro), su cuñada (Ana Fontán) y su sobrina (la promesa Lola Ahumada). Al llegar, se encontrará con su hermano en el lecho de muerte por la enfermedad, su cuñada y su sobrina encerradas en la capilla misteriosamente, el casero (Patricio Contreras) controlando la situación, y un curandero (Vando Villamil) que merodea la zona. Pronto, él mismo caerá presa de los síntomas y todo se tornará confuso entre delirio y realidad.

Una verdadera superproducción artesanal (el mítico apellido Mentasti respalda), en la que Calzada se hace dueño de un poderoso relato narrado desde lo visual con tonalidades en la otograía que viran del azulado al ocre. No se preocupen si por momentos parecieran perdidos, desorientados, todo tiene una explicación, minuciosa, detallada.

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La marcación actoral, sumada a interpretaciones sobresalientes de todo el conjunto remarca la apuesta. El ritmo es lento pero contundente y no da respiro volviéndose hipnótica.

Es encomiable como nuestro cine fue abandonando la solemnidad para narrar historias de época. Resurrección se sigue con mayor interés a medida que el relato avanza y se va convirtiendo en un film pasional; vibrante, y sorpresivo desde la técnica de captación de imágenes, reconstrucción y puesta en escena.

No se han visto demasiadas producciones con este nivel en nuestra filmografía, encaradas en un tono serio y equiparada con producciones de mayor reconocimiento. Sin dudarlo, estamos ante una de las mejores propuestas de la Competencia Internacional y del festival en sí. Que no necesita de recorrer los clásicos caminos del cine de género para alcanzar un resultado que no decepcionará a los amantes del suspenso gótico más tradicional. Con esta nueva propuesta, Calzada se erige como un director al que habrá que seguirle muy de cerca su carrera.

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