“Warcraft: The Beggining” (El Primer Encuentro de Dos Mundos): Choque de mundos

Según los entendidos, existe una maldición respecto de las adaptaciones a la pantalla grande de videojuegos. Con más de dos décadas realizándose (se considera a Super Mario Bross de 1993 como la primera de ellas), aún no ha existido aquella que contente a todos los públicos, el cinéfilo y el gamer. Ante el estreno de cada una se reabre el debate sobre sí ambas plataformas son incompatibles, y una esperanza de que esta vez sea la definitiva. ¿Puede ser Warcraft la encargada de congeniar? La respuesta es dudosa.

El universo de Warcratt viene siendo desarrollado en diferentes plataformas; juegos de estrategia bélica desde 1994, novelas y libros de rol, juegos de mesa, y una nueva saga llamada World of Warcraft con la que comparte universo, pero en un desarrollo diferente. Todo en un ambiente que le debe mucho a Calabozos & Dragones, y por supuesto a El Señor de los Anillos.

Había la suficiente tela para cortar, sin embargo, el guion ideado por Charles Leavitt y el director Duncan Jones no se centra en ningún juego en particular, contando la historia dentro del universo.

Género fantástico de hechicerías y tierras desconocidas. El mundo de los Orcos ha sido devastado. Para recomponerse deben salir a conquistar otras tierras.

La apertura de un portal les permitirá ingresar al mundo de los humanos conocido como Azeroth.

Pero para eso, deben utilizar una magia llamada Fel que se alimenta de los vencidos y posee/corrompe a quien la utiliza.

A partir de esta base, que es más sencilla de ver que de explicar, se desarrollan una serie de intrigas palaciegas en ambos mundos.

El orco Durotan, líder del clan Frostwolf comprende que una guerra entre ambas sociedades sólo llevará a la destrucción, e intenta detener al brujo Gul’Dan decidido a atacar corrompido por el Fel.

Del lado de los humanos, el Rey Llane Wrynn y el General Anduin Lothar son quienes deberán planear las estrategias y combatir el ataque. Hay una dama, prisionera orco de los humanos, que se encuentra en el medio, Garona, y un guardian/brujo, Medivh, que irá cobrando relevancia a medida que el argumento avance.

Visualmente impactante, esta historia se vale del hecho de poder narrar lo sucedido desde ambos bandos, trazando paralelismos y logrando comprender razones en uno y en otro.

Es inevitable que una película que presenta la mitad (y más) de sus personajes en CGI, y se desarrolle en abiertos ambientes en donde también se nota la mano digital, resulte algo abrumadora. No obstante, las batallas logran comprenderse por más que están llenas de ráfagas de magia y luces, y hay también el suficiente tiempo para el desarrollo del conflicto.

Los personajes tienen razones, hay una historia expandible por detrás y se les permite el momento para las emociones. Warcraft es una película bien diferente a las dos anteriores de Jones, Moon y Ocho minutos antes de morir, pero estas también eran distintas entre sí. Si algo une a las tres, es la carnadura de sus personajes, el peso que el realizador le ponea los mismos al enfocarse en ellos.

Claro está que no estamos frente a una nueva El Señor de los Anillos, la épica no llega al mismo nivel, y en sí, el origen es diferente. Warcraft proviene del más puro mundo de hechicerías, y este debe abrazar su esencia de cine para entretenimiento. Sus mejores exponentes provienen de estilo clase B, y esta, a pesar de ser una superproducción, guarda en su espíritu algo de ese toque lúdico e inverosímil de aquellas.

No estamos frente a un film de interpretaciones entre las que podríamos contar a Travis Fimmel, Paula Patton, Dominic Cooper, Ben Foster, y hasta una pequeña aparición de Glen Close. Cada uno se limita a lo que el guion les exige y sus roles son perfectamente identificables con los tópicos conocidos; no habrá sorpresas por ese lado. Como así tampoco desde un guion prototípico para esta clase de films sin el vuelo para lograr diferenciarse.

No necesariamente debe ser un film que pase a la historia, Warcraft: El Primer Encuentro de Dos Mundos cumple con lo que promete desde su premisa, ser un exponente digno del cine fantástico. Para los amantes del videojuego quizás queden en el debe algunas diferencias, y esa monotonía lógica de no poder cazar las riendas del asunto.

Después de tantas idas y venidas en su producción, se presenta un film que sirve como arco de apertura para una posible nueva saga, el primer paso es bastante respetable. 

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Duncan Jones lo pudo hacer. Su inventiva y capacidad para plasmar en una película el universo del uno de los videojuegos más famosos del mundo destaca en una de las producciones más esperadas de los últimos años.

Y doblemente su logro es interesante ya que hace tiempo que una cinta inspirada en un videojuego no podía trasladar la épica y la mística que atrapa a los gamers de todo el mundo.

Quizás sea el 2016 el año en que esa tendencia finalice, porque con la adaptación de “Angry Birds” (USA, 2016) y ahora con “Warcraft: El primer encuentro de dos mundos” (USA, 2016) la imaginación o las ideas preconcebidas sobre una posible transposición que refleje fielmente los juegos en los que se inspiran se han hecho reales.

Así, en el arranque de “Warcraft: El primer encuentro de dos mundos” nos adentraremos en la historia de Durotan, uno de los líderes orcos, que a punto de ser padre verá cómo su mundo trastabillará al ser obligado a trasladarse a la Tierra siguiendo la decisión de Guldan, uno de los más siniestros magos de su raza, a quien nada ni nadie le interesa.

En ese atravesar el portal, en un despliegue irrefrenable de efectos especiales comienza el filme, y a partir de allí continuará con la historia del paso de mundos a través de un portal, y el enfrentamiento ancestral entre orcos (gigantescos seres sedientos de venganza) y hombres, consolidando a “Warcraft” como una apuesta al género de acción.

El filme, además de la impronta realizada desde la animación, además toma aditamentos y estereotipos de aquellas clásicas y recordadas cintas en las que la épica potenciaba conflictos narrativos e inspiraba su empatía con la necesaria identificación con alguno de los líderes presentados.

En esta oportunidad, cuando Durotan comienza a luchar por él, su pueblo, su hijo y su estirpe,  y además genera alianzas con los humanos y con Garona (la ascendente Paula Patton), la mujer que encierra en sí misma parte humana y parte orco, para poder, de alguna manera evitar el deseo de conquista irrefrenable de Guldan y los suyos, la película avanza con una solidez narrativa única.

La representación de los orcos, de una calidad increíble, como así también la presentación de escenarios en los que las batallas, pero también la reflexión sobre los dos mundos, acercan el filme a relatos como “Avatar”, en los que, más allá de la impronta relacionada a las batallas, prima cierto trabajo superficial sobre la ecología.

Y si “Warcraft: El primer encuentro de dos mundos” supera justamente las limitaciones con las que se encontraba antes de poder arrancar con el relato, es porque en la elección de una narración clásica y convencional le permite superar cualquier obstáculo con el que originalmente podría haberse topado.

Si la historia de los orcos es más importante que la de los humanos, es porque justamente la imaginativa de Jones y el grupo de creadores de “Warcraft” posibilita un viaje hacia un mundo fantástico en el que estos seres invitan a un viaje único lleno de aventuras y entretenimiento.

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