EL_DIA_FUERA_DEL_TIEMPO

“Ver, oír y callar” era un lema que nos enseñaban en el colegio, años después, cobró un sentido siniestro para mí” Cristina Fasulino ante el estreno de “El día fuera del Tiempo”.

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En su segundo largometraje de ficción la realizadora Cristina Fasulino habla de un momento histórico de transición dentro de una trama policial y misteriosa. En exclusiva algunas palabras sobre el filme y la tarea de filmar “El día fuera del tiempo” ante su estreno comercial.

¿Cómo surgió la idea de la película?

Es una idea original que escribí como novela y luego adapté como guión cinematográfico. Me gusta el género policial de enigma y me pareció adecuado como marco para lo que quería contar. Respecto al espacio, ambiente y época, son elementos que conozco y transité.

El titulo más allá de la referencia a uno de los días del calendario maya fuera del año también ubica la acción en un no espacio posterior al restablecimiento de la democracia, ¿cómo crees que era esa época?

Por un lado, era una época de “renacimiento” cultural, social, que habíamos deseado mucho y, por otro, una época donde se respiraba un clima amenazante por posibles sublevaciones militares. Mi sensación era una rara mezcla de alegría e inseguridad política y jurídica.

¿La ambigüedad de las hermanas fue pensada luego de convocar a las mellizas Marull al filme o antes?

Las hermanas gemelas existían desde el principio, desde la novela. Quería trabajar el tema del doble y una situación traumática y no “pintoresca” como se asocia comúnmente a este tema. Acá, la equivocación produce un conflicto que altera el vínculo entre ellas. Las Marull lograron recrear el universo gemelar de manera impecable, en sus escenas pesa lo no dicho, los sobreentendidos, el vínculo profundo, más allá de lo que expresen verbalmente.

¿El trazo grueso con el que es dibujado el personaje del Supervisor fue trabajado con el actor o en esa obviedad de sus acciones quisiste solapar todo lo ominoso de la trama?

El personaje de Morgan es un detective de “medio pelo” metido en un espacio que no conoce y apenas comprende. No sabe de religión, no sabe tratar con niños ni con mujeres. Es un hombre algo rústico y alcohólico que tiene una historia trágica también. Lo que más me gusta de él es que cuestiona todo, inclusive a sí mismo. Por eso sigue dos caminos de investigación: el racional al cual se aferra sin dudar a pesar de los indicios sobrenaturales, y el instintivo que se relaciona con su propia búsqueda.

¿Cómo es trabajar cine de género en el país? ¿Te complicó a la hora de conseguir fondos para filmarla?

Conseguir fondos para una película de autor, independiente, es difícil más allá de todo género. Los cineastas en mi condición recurrimos al INCAA con nuestros proyectos y- si toda la propuesta está en orden- accedemos a un crédito. En mi caso, tuve además productores asociados que aportaron algo.

¿Cómo seleccionaste al cast y las locaciones?

A Gonzalo Urtizberea lo conocía de la televisión y siempre me gustó su manera de construir personajes. De hecho, él potenció un personaje menor que yo había escrito para un programa de Alejandro Doria con quien trabajé como guionista durante muchos años. En esa oportunidad, quedé muy impresionada con el “vuelo” que le había dado a ese personaje inventado por mí sin grandes expectativas. Gonzalo me recomendó a las Marull, que resultaron un hallazgo.

Durante la narración hay varias voces que quieren manifestarse y que por el contexto en el que lo ubicas no podían mostrarse como tal (ejemplo: el vendedor de golosinas), ¿por qué los incluiste en la historia?

Me gusta trabajar con personajes marginados, perdedores, no prestigiosos, los considerados “secundarios” en cualquier película. Ellos aportan una mirada no convencional a una situación que, en general, no percibe el personaje principal enredado en temas más “importantes”. Sus voces, comúnmente, no se toman en cuenta y aportan –sin proponérselo- datos nimios que pasan a ser fundamentales. La idea es que el espectador sepa escucharlos y contextualizar sus dichos para resignificarlos.

¿Con cuál de los personajes te sentís más identificada?

Supongo que con el detective, ya que es un personaje oscuro, casi “invisible”, que hace preguntas aparentenmente inútiles pero que finalmente lo ayudan a resolver la intriga y el funcionamiento de las relaciones sociales.

La iglesia es cómplice de todas las mentiras que se esconden tras la muerte de la profesora, ¿por qué resaltaste esto?

En realidad creo que TODOS los personajes tienen algo que ocultar y son cómplices en el silencio. No analizo a la iglesia como institución, trabajo con algunos de sus miembros y también al personal civil del colegio. Ubicar la intriga en un ambiente así, se relaciona más con mi historia personal que con otro tipo de intención, ya que me formé en un colegio de esas características que además se potenciaban por ocurrir (en mi caso) durante la dictadura. “Ver, oír y callar” (frase que se menciona en la película) era un lema que nos enseñaban en el colegio. Años después, cobró un sentido siniestro para mí.

¿En que estas trabajando actualmente y que esperas del estreno comercial del filme?

Tengo un nuevo guión llamado “La transformación”, para el que estoy buscando fondos. Se trata de una joven europea llega a Buenos Aires para completar su investigación sobre Jorge L. Borges. Se aloja en una casa de familia cuyos miembros la van a enredar en sus conflictos, al punto de terminar involucrada en la muerte de uno de ellos. Lo que espero para el estreno es –obviamente- que se vea la película, que se difunda y sea disparadora de temas de discusión, de ideas, de comentarios. Todo lo que lleve a un debate, es positivo. También que ayude a todos los que la hicimos, a buscar y concretar nuevos proyectos.

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