“The Shallows” (Miedo Profundo): Enfrenta tus miedos

Uno de los mejores directores de género de la actualidad y un subgénero con todos los ingredientes para crear tensión cuadro a cuadro; la ecuación solo podía sumar.
Desde Jaws hasta la inminente y también recomendable In The Deep, los tiburones han sido el arma letal más utilizada para causar miedo desde el agua, con esa sensación de indefensa soledad e inferioridad. Olvidémonos de sub productos como Sharknado que apuntan a otro sector, salvo contadas excepciones, los tiburones (aunque sea en materia cuasi humorística) siempre han sido efectivos para el séptimo arte.
Sumémosle a los escualos, un accidente, una protagonista con algún trauma, y un paraje olvidado y peligroso. Todo eso es Miedo profundo, la nueva película del director de La Huérfana y La Casa de Cera.
El argumento es casi una premisa bien sencilla. Nancy es una surfista, residente en medicina, todavía traumada por la muerte de su madre, eximia surfista.
En busca de reparar y cerrar una etapa, decide tomarse un tiempo para ella, sin previo aviso, y embarcarse en una playa perdida en México de la que nunca sabrá su nombre.
Interacción idiomática algo fallida, el encuentro con otros dos turistas, un accidente al adentrarse más allá de donde debía. Un Tiburón la muerde, le hace perder su tabla, y así queda sola, perdida, y herida, en medio del mar, cerca de la costa, pero sin poder llegar a ella.

Primero será una ballena muerta, luego una roca que depende de la marea para salir a flote, esos serán sus refugios del tiburón que la acecha sin tregua.
Miedo Profundo es una muestra de que no se necesitan de grandes elementos para lograr un propósito efectivo. Sacando algunas participaciones esporádicas, aunque necesarias, prácticamente se vale de un solo personaje humano, una sola locación, y un tiempo que se va contando de a segundos. Habrá que sumarle una gaviota que funciona a modo del recordado “Wilson” de Cast Away, unas interacciones digitales originales y bien plasmadas (de la pantalla del celular y del reloj waterproof), el propio mar, y por supuesto ese tiburón hambriento que no la dejará escapar.
Menos a veces es más, dicen, y aquí se cumple, porque con esos pocos datos, el guionista Anthony Jaswinsky (de quien la semana próxima veremos la impresentable Satanic, todo lo opuesto a esta) y sobre todo el director catalán Jaume Collet Serra logran un gran impacto.
Sí, otra sería la película de haber cambiado de director. El guion si bien no defrauda y cumple con todo lo necesario (el desarrollo tiene algunas incongruencias lógicas, esperadas y hasta divertidas), pero es la puesta en escena la que gana el juego.
No hay necesidad de apresurarse, con tonos soleados y celestes turquesas, aprovechando al máximo la locación, habrá tiempo para presentar al personaje, dejarlo interactuar, mostrar sus conflictos; como si fuese un veraniego film deportivo o una publicidad de bronceadores o cerveza en verano. Luego, progresivamente, se nos introducirá en el lado oscuro de esa playa, y en todas las posibilidades de supervivencia, que no son muchas.

Como Nancy, Blake Lively, se ve más cerca de El secreto de Adeline que de la serie Gossip Girl. Soporta todo el peso del reato, una cámara que no la abandona, y la falta de otro humano en quien apoyarse. Del desafío sale airosa y nos hace creer su padecimiento, sin exagerar sus gestos, la vemos pasar por diferentes estadios, siempre convincente.
Collet Serra guía a su protagonista, maneja el ambiente sabiendo qué mostrar y que no, recarga las tintas donde es necesario sin caer en el golpe bajo ni dejando las emociones de lado, después de todo es esta una historia de superación.
Hay homenajes, muy buen ritmo, la música de Marco Beltrami que envuelve casi imperceptiblemente, y un montaje que se juega más por la pausa y lo metódico antes que por la convulsión.
En el debe quedarán algunos detalles que necesitaron algo más de coherencia, y una decisión de suavizar la acción y dejar la sangre casi fuera de cuadro (salvo por una escena visceral pero que de todos modos juega más con el impacto de lo que siente el personaje que lo que realmente se ve) en pos de una calificación accesible. Nada demasiado grave como para impedir disfrutar del gran entretenimiento que ofrece esta película.
De pretensiones escasas, y resultados bien logrados, Miedo Profundo, no llega a ser una gran película precisamente porque no busca serlo, porque prefiere el envase chico lleno de detalles; y porque sabe que con esos pocos recursos necesarios pisa más fuerte que otras competidoras más ampulosas.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Sí señor. Jaume Colet-Serra lo hizo de nuevo. Si en “Non-Stop” la adrenalina trascendía la pantalla a partir de la desesperación de los tripulantes de un vuelo a miles de metros de altura, y en “La huérfana” reinventaba el terror con esa niña/adulta que acosaba a una familia, en “Miedo Profundo” (USA, 2016), su última producción, protagonizada por Blake Lively, recupera la tensión del subgénero de terror “acuático”.
Este tipo de cine, que supo encontrar en “Jaws” y “Piraña” sus máximos puntos, acá se potencian en un filme sintético y sólido, concreto, sobre una mujer que queda a la deriva sin poder recuperar rápidamente su libertad e integridad y a merced de un gigantesco tiburón asesino.
Nancy (Lively) quiere ir a una paradisíaca isla de México, de la que no conoce su nombre, pero en la que espera poder recuperar una parte de ella que, en ese lugar, según su madre, fallecida recientemente, ha quedado y que le supo transmitir con fotografías y con palabras sobre la paz que la acompañó durante el embarazo.
Un lugareño (estereotipadísimo Óscar Jaenada) la alcanza a la playa, y le advierte sobre la importancia de regresar antes que sea muy tarde, para evitar, así, que la marea le imposibilite su vuelta o que algún otro peligro la amenace.

Nancy se enamora rápidamente del paisaje y se calza su traje para surfear, y Colet-Serra la registra y la captura en esencia, porque sabe que ella, en esta nueva incursión cinematográfica tras “El secreto de Adaline”, es la protagonista ideal para su historia de supervivencia y lucha, además de prestar su belleza indiscutible, necesaria también para ubicarla como objeto de deseo.
Al poco tiempo de estar en la playa, dos jóvenes, también surfistas, comparten las olas y las barrenadas en ese oasis natural, y pirueta va y pirueta viene, el tiempo pasa por lo que deciden regresar a la playa y volver al pueblo, menos Nancy, que desea hacer un último intento en la cresta de una inmensa ola para cerrar un día de enorme alegría y esfuerzo.
Pero mientras los jóvenes se retiran, un inmenso tiburón la ataca y, sin poder regresar o advertir de alguna manera a sus compañeros de hobby, deberá comenzar a urdir un plan para poder, de alguna manera, salir ilesa a la siniestra y retorcida persecución que el animal hará
“Miedo Profundo” actualiza el terror acuático, subgénero que supo lograr filmes de una tensión increíble, y que en esta ocasión son superados con la habilidad de Colet-Serra para potenciar escenas y situaciones con la última tecnología y planos arriba y debajo del mar que generan un efecto hermético para la narración.

Algunas decisiones estéticas y visuales, como así también una precisa musicalización, reforzada desde la subjetividad de la toma de punto narrativo y el cambio de éste, no solo con la mirada de la protagonista, hacen que el largometraje pueda subsanar algunas decisiones erradas hacia el final de la historia, que quizás ridiculizan el complejo discurso que se fue fortaleciendo con la honestidad de la puesta que el director hace y la actuación de Lively.
La incorporación de la tecnología en el relato (redes sociales simil instagram o whatsapp para modernizar la pantalla), como también la multiplicación de planos detalles de la actriz y del agua, suman tensión a la historia de “Miedo Profundo”, un trepidante thriller que toma de clásicos similares algunos puntos, y reversiona otros (si en “Naufrago” Tom Hanks tenía a Wilson como compañero, acá Lively tiene a una gaviota llamada “Steven Seagal” como el actor –seagull en inglés es gaviota-) para poder construir una de las historias más atrapantes del año, bien facturada, filmada con solvencia y actuada con más de lo necesario, sin exagerar, para que la verosimilitud se consiga y supere la anécdota de la joven que lucha con un tiburón hasta las últimas consecuencias.
