“The Forest” (El Bosque Siniestro): El mal está allá afuera
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El bosque Aokigahara, o Mar de Árboles, es una zona de Japón, a 30km del Monte Fuji, que debido a las leyendas que existen a su alrededor se convirtió en un retorcido atractivo turístico. Dentro de la mitología japonesa se lo menciona como un lugar relacionado a los demonios. En el Siglo XIX, asolados por la hambruna, niños y ancianos eran abandonados en sus profundidades cuando no podían ser mantenidos.
En la década del ’60 la novela Nami No Tou incrementó su fama utilizándolo como lugar para el suicidio de sus protagonistas, y en 1993 se publicó una guía para el suicidio que lo ubicaba como un lugar predilecto. Gracias Wikipedia. Semejante historia alrededor no podía ser desaprovechada por Hollywood, y su manía a la hora de realizar films de terror, de ubicar todo tipo de horrores fuera de su país.
El Bosque Siniestro acomoda la mitología a su gusto y nos cuenta la historia de dos gemelas, Sara y Jess (Natalie Dormer x 2) con el pasado turbio que toda protagonista de terror tiene que tener. Jess se encontraba en Japón cuando desapareció, la última vez que se la vio fue penetrándo en el bosque. Sara viaja hasta ese país con la idea de atar cabos y encontrarla, y nada la detendrá frente a su deseo de entrar al susodicho lugar con tal de localizar rastros.

El guión, escrito por tres personas (Nick Antosca, Sarah Cornwell, y Ben Ketai), narra algunos hechos previos a las apuradas para crear un contexto, y de inmediato nos pone en escena con Sara dentro del bosque acompañada en un principio por un periodista estadounidense que de casualidad se encuentra en el país oriental, y un guía del bosque que le da una serie de instrucciones. Pero luego, retoma esos hechos del pasado, y también nos muestra la búsqueda desde del afuera por las autoridades de Sara, que por supuesto, rompe las reglas y se pierde.
El bosque siniestro no se ahorra unos cuantos sustos, algunos más logrados que otros. Si la leyenda dice que los espíritus de los suicidas se quedan dentro del lugar, no hay que ser muy avispado para saber con qué se encontrará Sara, aun así, los sobresaltos llegan. El problema es que los tres guionistas y el director operaprimistra Jason Zada no pudieron darle fluidez a la narración. La sucesión es aclimática, precisamente por esa necesidad apurada de presentarnos a la protagonista en el lugar maldito, y luego retroceder sobre sus pasos cortando los cuadros.

La historia de las hermanas no termina de armarse, y no se entiende bien para qué existe más que como excusa para lo que vendrá luego (como si fuese necesario). Se trata de enfatizar los momentos en el bosque con los recursos ya conocidos de la soledad y los imprevistos por cualquier lado. Pero este ritmo cortado, hace que se note lo gastado de los recursos, que de haber formado un solo bloque se hubiese disimulado mejor.
De todos modos, El bosque siniestro, como modesto film de horror logra sostenerse sin mayores esperanzas que las de ver una más. Natalie Dormer cumple una labor satisfactoria para este tipo de películas y sostiene con su solo rostro buena parte del relato. La historia real del bosque, y la iconografía del lugar (en las que aparentemente hay hasta carteles que advierten a los turistas con frases para evitar las ganas de matarse y ese tipo de cosas) ya de por sí son bastante interesante como marco para una película de terror, el resto puede ser sólo un agregado.
Un final que dividirá aguas, terminará por dar el veredicto final sobre esta película, para saber, en cada uno, si la experiencia fue satisfactoria, o una pérdida de tiempo. Lo que sí es seguro, sea cual sea el resultado, a ninguno que la vea le darán ganas de suicidarse, las hay mejores, pero también peores.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
El arranque de “El bosque siniestro” (USA, 2016), de Jason Zada, es contundente. Una joven llamada Sara (Natalie Dormer, de “Game of Thrones”) recibe la sorpresiva comunicación desde Tokio sobre la desaparición de su hermana gemela. Ajustando algunos temas que no puede dejar librados al azar la joven decide viajar hacia el lugar para conocer más detalles acerca del paradero de su hermana.
Tokio se presenta como una posibilidad, un espacio desconocido en el que el errabundeo y el desconocimiento, más allá de las intenciones de encontrar a su familia, pesarán más que cualquier presunción que Sara tenga sobre sí misma. Zada muestra a la ciudad opulenta, inmensa, brillante, hasta que la Sara vuelve en sí y comienza, a través de flashbacks, a recordar algunas situaciones sobre su pasado, una historia dolorosa en la que su hermana Jess (Dormer) tiene tanta importancia como relevancia.

Al comenzar a investigar detalles sobre la desaparición, Sara conoce la leyenda sobre el misterioso bosque de Aokigahara, aparentemente el lugar en donde Jess fue vista por última vez, y al que van las personas a quitarse la vida. La misma leyenda relata que ese bosque impenetrable, ubicado en la base del monte Fuji, es un lugar atestado de fantasmas, de almas en pena, las que al ingresar terminan por influenciar a uno a tomar decisiones inesperadas al potenciar la tristeza y el dolor con el que cada uno convive diariamente.
Pese a las advertencias, y ante la inevitable realidad de no encontrar más pistas sobre Jess, Sara decide ir al bosque a buscar, pese a todo, a su hermana. Hasta ese punto la película se desenvuelve correctamente, con atmósferas y climas específicos y necesarios para realzar el misterio sobre las hermanas Jess/Sara, su pasado, pero también sobre el bosque, que imponente se alza demostrando la inferioridad de los hombres ante su majestuosidad.
Pero el guión de Ben Ketai, Nick Antosca y Sarah Cornwell va perdiendo con cada paso que la joven dé dentro de la vegetación fuerza y comienza a apelar a recursos convencionales para transformar el misterio y potencia inicial en una caricatura sobre aquello que planteaba originalmente.

En el camino Sara conoce a Aiden (Taylor Kinney) un periodista que se interesa por la historia de las gemelas, y que se sumará a Sara para encontrar a Jess.
Las lagunas en los relatos que éste hace sobre su profesión y su desinteresada y sorpresiva ayuda, se sumarán como un desvío de la historia original, transformando ahora a “El bosque siniestro” en una cinta que apela al desenmascaramiento del otro como tema narrativo. Mientras cuestiones básicas sobre las hermanas aparecen, y la duda sobre éstas nunca se resuelven, se termina por elegir la lucha con la otredad, como eje principal, para evitar profundizar en olvidos y lagunas (muchas) que el guión posee.
La recurrencia de los flashbacks, la rápida evaporación de cuestiones interesantes ante la inevitable caída del relato inicial, la falta de solidez interpretativa de los protagonistas, la ridiculización del recurso de la actriz para interpretar dos papeles, y, principalmente, la falta de rumbo que hacia mitad del metraje se impone en la película, hacen que “El bosque siniestro” termine por perder la posibilidad de construirse como un relato sólido de género.
