«The Color Purple» (El color púrpura): Una historia de liberación

Primero fue una novela de Alice Walker. Luego, una película dirigida por Steven Spielberg. Después llegó a Broadway en versión musical. Y ahora regresa al cine adaptada de ésta última. Cómo es esta versión de una versión de una versión, dirigida ahora por el ghanés Blitz Bazawule y con Spielberg y Oprah Winfrey en la producción.

En 1985, Steven Spielberg estrenó su versión del libro publicado en 1982 por la escritora afroamericana que había ganado el Premio Pulitzer por su novela El color púrpura. Se trataba de un fuerte drama que pone en el centro a una sufrida mujer negra después de que esclavitud ha sido abolida y antes del movimiento de los derechos de mujeres.

La historia abarca varios años en la vida de Celie. Una mujer que vive con un padre que abusa de ella en muchas formas y con su hermana, el único atisbo de luz en su triste vida. Cuando su padre la cede a un hombre a cargo de tres hijos, ella se convierte en esclava de un esposo que no la trata mejor. Así suceden los siguientes años de su vida en los cuales la soledad se torna peor cuando su hermana es prácticamente exiliada y pierde todo contacto con ella.

La vida y la mirada de Celie empiezan a tomar otros tintes con la llegada de mujeres. Primero, con Sofia (Danielle Brooks, que le consiguió a la película su única nominación a los Oscars como Actriz de Reparto), la prometida de su hijastro mayor, una mujer que no acepta que nadie le ponga una mano encima e incluso es quien lleva los pantalones en su casa. Luego, cuando regresa Shug Avery, a quien solo conoce por rumores y por la imagen que su marido tiene en su mesita de luz; una mujer libre, especie de femme fatale, que se dedica a la música, a viajar, a beber y a recopilar amantes.

A través de diferentes elipsis Celie va creciendo como personaje y sorteando las peores dificultades de su condición. Estar esta vez ante un colorido musical suaviza el impacto de una historia cargada de escenas muy duras y crudas.

El color púrpura es una historia de negros, donde los blancos no aparecen casi nunca pero la sombra del racismo siempre está. En cierto modo hoy son libres pero viven bajo un patriarcado que no cambia demasiado el destino de las mujeres, que no son esposas sino esclavas.

«Sos negra, pobre, fea y mujer», le grita su marido Mister (Colman Domingo) y es así como crece la protagonista, creyendo que ese es su destino. Hasta que los largos años y las mujeres que se convierten en parte de su vida le demuestran que nada tiene por qué condicionarla.

El elenco es bastante sólido. Fantasia Barrino repite el papel que hizo en Broadway, Taraji P. Henson le aporta seducción y corazón a su protagonista pero quien destaca es Danielle Brooks, que además ayuda a alivianar muchas situaciones con su humor, al menos todas las que su destino -también cruel en algún momento- se lo permite.

Los números musicales están correctos y ayudan a aligerar estas historias fuertes aunque a veces estancan y banalizan la historia. Es de todos modos una película entretenida aun tras sus bruscos cambios de tono, con una galería de personajes interesantes y una historia por momentos demasiado subrayada pero que no deja indiferente, sobre la importancia de las hermandades, el amor, el autodescubrimiento para poder ser y sentirse libre. Y cuenta con el cameo imprescindible de Whoopi Goldberg, el primer rostro que tuvo Celie.

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