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«Tango Feroz»: el poder del amor (y la música)

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Si hay una película argentina que marcó a una generación, es muy probable que ésta sea “Tango Feroz” de Marcelo Piñeiro. Si bien yo no pertenezco a esa generación por una cuestión de edad, pude sentirlo a través de los comentarios, especialmente de mi padre, que cuando le conté que vi esta película por primera vez y en el cine se emocionó y recordó lo mucho que le había gustado.

La primera película de este reconocido director que tendría luego varios éxitos de taquilla en su haber, no es una biopic sobre Tanguito, sino una historia sobre una leyenda. “No todo se compra, no todo se vende”, se deja como mensaje para la posterioridad, para su posterioridad. Y probablemente sea de las que mejor definen para qué y por qué existe una película como “Tango Feroz”, de espíritu tan libre como su protagonista.

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Lo ideal para ver esta película, por primera vez o no, es alejarse de los conocimientos verídicos que se tienen sobre el y los personajes y aceptarla como lo que es, una película, una historia, que por ser basada en hechos reales no quiere decir que todo sea tal cual está acá reflejado. Porque lo cierto es que más que nada por un problema de derechos de autor, la película se toma bastante licencias poéticas.

Una historia de amor y pasión en medio de una caótica Buenos Aires. Eso es antes que nada “Tango feroz”. Y musicalizada por grandes temas del rock nacional, siendo “El amor es más fuerte” probablemente su himno. Fernán Mirás, Cecilia Dopazo, Leonardo Sbaraglia, Antonio Birabent, Federico D’Elia son algunos de los conocidos rostros argentinos que acá aparecen muy jóvenes pero demostrando ya que su talento era digno de seguir vigente durante décadas.

El guión tiene sus momentos flojos pero a la vez está adornado de extraños pasajes románticos que le agregan magia a este clásico del cine argentino. Con reminiscencias a “The Doors”, la película, Tanguito se entrega al público en el escenario, y Mirás a su personaje con una soltura impresionante. Dopazo está más linda que nunca.

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Hay grandes perlas aquí… Birabent conmueve en el papel de su padre, Moris, interpretando la canción que lo consagrara, “El Oso”, en un muy bello montaje.

Es cierto que su protagonista está acá muy idealizado, pero eso no le quita mérito a la película si se la sabe apreciar como un poquito de ficción. Incluso el modo en que sus dos protagonistas se enamoran es tan fugaz que no se lo percibe realista.

La oportunidad de volver a ver, o en mi caso de experimentarla por primera vez y tener la suerte de que pueda ser en una sala de cine, porque no hay lugar más hermoso, es sin dudas impagable. Y si a eso le sumamos la remasterización en HD que permite que una película que ya tiene más de veinte años se vea y se escuche como si fuera más reciente (teniendo en cuenta que el cine argentino siempre tuvo problemas para preservarse), “Tango Feroz” debería ser cita obligada. Porque lejos de ser una película perfecta, tiene mucho corazón y representa ideales y a una generación.

Anexo de Critica por Rodrigo Chavero

Leía notas de prensa en estos días, y en ellas, Marcelo Piñeyro decía algo así como que, cuando pudo volver a ver la película en su versión remasterizada en Francia hace poco, se sorprendió de la frescura que aún conserva y del impacto que provoca en el público nuevo. Es cierto. Creí, que a la distancia, había perdido algo de la llegada que generó en su momento, pero no.

Conserva intacta parte de su magia. «Tango feroz» es una suerte de reconstrucción libre, algo biográfica, de un artista que es símbolo de la transición del naciente rock nacional de fines de los 60′ y principio de los 70′. Un personaje del que se ha escrito mucho y al que hemos disfrutado poco. Tuvo una vida intensa, plagada de eventos trascendentes, y murió, en circunstancias poco claras, hacia 1972.

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Tanguito ( José Alberto Iglesias) era un músico tremendo, quizás adelantado a su tiempo, que apostó por el cambio y no tuvo tapujos para ir en busca de aquello que el público necesitaba: compartir a través de la música las sensaciones de una generación de jóvenes que proclamaba el amor, la pasión y buscaba caminos para ser auténticamente libre.

Piñeyro fue atrapado en su momento por la historia y decidió junto a Aida Bortnik, escribir el guión de una biografía alternativa, llena de lugares discutibles, pero que intenta homenajear a Tanguito en su esencia, cosa que logra a todas luces. Aunque es importante destacar que el protagonista es y no es Iglesias, en el sentido de que el primero ostenta una teatralidad exagerada para subrayar gestos que creemos por la reconstrucción biográfica tradicional, no se dieron así. No esperen una biopic standard porque no lo es.

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El responsable de ponerle carne a Tanguito fue Fernán Mirás, para quien la película supuso su consagración definitiva como actor. Y elevó a Cecilia Dopazo (Mariana, en la cinta, su amor), a la categoría de objeto de deseo ideal, como aquella mujer de distinta condición social, dispuesta a dejar todo por su hombre. Junto a ellos, brillan en roles destacados Antonio Birabent y Héctor Alterio. «Tango feroz» no era en su momento un producto perfecto , pero la suma de voluntades técnicas y el eficaz elenco la consagró como un gran hecho artístico (sobre todo en el interior del país).

No busquen aquí una reseña tradicional.

Creo que «Tango…» es sanguínea, destila rock (su banda de sonido vendió muchísimo en sus días) y vale la pena un nuevo visionado por su sorprendente nueva copia. Si son de la nueva guardia y no la conocen, pueden pasar a ver cómo el cine nacional abordaba un ídolo popular (aunque de pasado oscuro) a principios de los 90′. Y con un plus: podrán conocer los primeros pasos de un enorme director como es Marcelo Piñeyro. Vale la pena.

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