“Tangerine”: Mujer bonita

El cine indie norteamericano se convirtió en una suerte de género en sí mismo. Con festivales y galardones propios en donde se lo celebra; con artistas medidos por su fidelidad a este “estilo”, y con reglas (auto) impuestas diferentes a la del cine independiente de otro país.
Sean Baker, director de la sobre valorada Starlet, regresa con otra película ubicada dentro de Los Ángeles, y en una primera mirada pareciera que los puntos en común terminan ahí. La historia se desarrolla de modo simple.
Una travesti prostituta, llamada Sin-Dee Rella (en un juego de palabras que se pierde en doble vía al no poder traducirse), apenas de terminar su estadía en prisión, en plena víspera navideña, se entera por medio de una amiga del oficio, Alexandra, que su novio Chester, proxeneta, la estuvo engañando (con una mujer blanca) durante ese tiempo de ausencia.

Sin tener en claro cuál es el motivo, Sin-Dee inicia una búsqueda por las calles de esa ciudad. En el medio, se cruza con una fauna de personajes variopintos. Presentada en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, recarga las tintas sobre sus personajes, el fino entramado de relaciones, y por supuesto – regla básica del indie – el modo en que esta sencilla historia es narrada.
Aquí, el enganche es que está filmada con tres IPhone 5, y una simple aplicación de filtro. El director ha transmitido que no desea que su película sea vista desde esa perspectiva. Sin embargo, en cada festival, galardón, función especial, o publicidad para su venta en que se presentó, este dato es el que más se remarcó.
El tono es ágil, y el uso de esas cámaras colabora con la idea de travesía, o road movie urbana. Lo mismo se podría decir de la paleta de colores, o el susodicho filtro, que aporta una gama de tonalidades que resalta ese submundo de neón, de antros. Kitana Kiki Rodriguez y Mya Taylor, como Sin-Dee y Alexandra son el foco de atención, su naturalidad (son realmente actrices trans y ex trabajadoras sexuales) para con el film aporta la comodidad que el espectador sentirá desde el minuto cero.

Baker construyó un largometraje que en ciertos aspectos, parece una profundización en historia de aquellos programas documentales que se hicieron famosos en la pantalla de HBO en mediado de la década del ’90 – el más famoso Taxicab confessions – , con testimonios sobre bajo mundos y sus usos y costumbres de modo naturalizado y no sin algo de amarillismo.
Aquí, es donde Starlet se encuentra nuevamente con el más reciente opus. Ambas son historias de personajes que disfrazan su soledad, que entrelazan relaciones no convencionales, y que intenta mostrar una cara oculta de la ciudad de la fama; pero con cierta liviandad, sin llegar al desagrado o al impacto.
Pretendidamente india, con todo lo necesario para caerle bien a sus adeptos, y oscilando entre el drama aportado por la historia en sí (como una suerte de triste o desangelado cuento navideño), y la comicidad natural impuesta por los diálogos; Tangerine se muestra desde el inicio como un film ameno, aunque ciertamente anecdótico.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Las calles de Santa Mónica se convierten en el escenario ideal para que el realizador Sean Baker nos traiga “Tangerine” (USA, 2015) una película que bucea en los vínculos humanos para reflejar la soledad de seres perdidos en la sordidez y los vicios, pero que aún aspiran y anhelan a tener un golpe de suerte que modifique su realidad.
“Tangerine” comienza con la salida de Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodriguez) de la cárcel y su encuentro con Alexandra (Mya Taylor), quienes rápidamente van a un restaurant y entre anécdotas se revela que Chester (James Ransone), el novio de Sin-Dee, aparentemente está con otra mujer.
Tras enterarse de esto, Sin-Dee Rella, desesperada, deambulará por Santa Mónica hasta dar con la mujer y también tratará de encontrar a Chester para escupirle en la cara todo lo que piensa sobre él, más aún por traicionarla mientras se encontraba en la cárcel.

Baker espia a las mujeres, que, desesperadas comenzarán un raid en el que, la venganza, es tan solo la excusa para poder mostrar una ciudad de noche y de manera diferente en la que los vicios, el sexo casual, la promiscuidad y la exageración, forman parte del panorama habitual en el que estas mujeres viven.
No importa ya si las protagonistas son mujeres biológicas o si sus cuerpos, exuberantes, exagerados, modificados, están bien o mal, al contrario, al poner el foco el guión en el detalle, la percepción de estar viendo una filme de persecución histérico y maniqueo, se cambia al escuchar los ingeniosos diálogos con los que el guión suple algunas falencias que por la espectacularidad de saber sus condiciones de producción (el filme fue rodado con un Iphone 5) quizás condicionan el visionado.
Pero “Tangerine” va por más, porque además de narrar la historia de Sin-Dee y su amiga Alexandra, también se trabajará con la doble moral de los hombres, esa que les permite tener una mujer e hijos para el afuera, pero que en realidad en una parte, su verdadero placer es encontrado en puertas lejanas y arriba de un vehículo.

Karren Karagulian interpretará a un taxista musulmán, quien a pesar de vivir con su hermosa mujer, verá cómo el deseo de estar con alguna de las mujeres de la noche terminarán por involucrarlo en una historia de la que no quiere ser parte.
Baker captura el clima y la atmósfera específica de la ciudad, pero además recupera el slang y la jerga con la que Sin-Dee, Alexandra y Dinah (Mickey O’Hagan), la tercera en discordia, dialogan a diario.
Hay un trabajo sobre la textura del filme, sobre los colores, que además resaltan y potencian una historia pequeña, breve y entrañable, sobre seres que están en tránsito constante pero que aspiran a un lugar mejor en el que todos sus sueños pueden concretarse.
