Stranger things: volver a los suburbios ochentosos y reafirmar nuestro amor a Netflix

Una vez, en un tiempo no tan lejano, todos los que no podíamos acceder a determinados títulos, acudíamos a la red. Esto era mediante unos programas que permitían compartir archivos y, así, todo un mundo audiovisual aparecía a un click de distancia. Bueno, a un click de distancia y muchas horas de torrent compartiendo, pero lograbas ver la peli.

Esto, hijos míos, implicaba que cuando se terminara de descargar, buscaras los subtítulos, los pegaras con el mismo nombre en una carpeta y enchufaras tu compu a la tele con un cable HDMI para poder ver en una pantalla mejor el contenido al que habías accedido. Y ahí, nació Netflix.

Netflix no estuvo feliz con solamente dejarnos el contenido a mano, cual chupete electrónico, encadenándote un capítulo atrás de otro para que no pierdas ritmo de visionado, sino que además se puso a producir contenido. O sea que cada vez es más interesante estar conectado a esa pantalla y ese catálogo que empieza y termina cuando yo quiero y encima ahora veo cosas que en ningún otro lado se ve.

La nueva adquisición es una serie llamada “Stranger things” que hace la maravillosa tarea de recordarnos a todos nosotros que crecimos viendo el cine de los 70s y los 80s, de qué se trata la magia. Combinando elementos de aventura, ciencia ficción y algunas pizcas de suspenso, el entramado de personajes va creciendo frente a nuestros ojos en un pueblo perdido en medio de la nada.

Un destacable trabajo de casting donde la cara más reconocida es la de Ryder y no la que más resalta por el nivel de su actuación, sino que lo que vemos es una suerte de rostros especiales, extraños, no tan reconocibles que hacen que uno sienta por momentos que está espiando a cualquier ser de carne y hueso, y no a una estrella de Hollywood. A esto sumen una dirección de arte y vestuarios no ostentosos, pero sumamente efectivos. Y el poster homenaje a Star Wars es una flecha al corazón.

La música con toques electrónicos que nos lleva no solo a la época sino también al piano adorable de “Encuentros cercanos del tercer tipo”, con atmósfera llena de magia, amistad y bicicletas.

La historia sucede en el pueblo de Hawkings (sí, casualmente como el científico), en el que un chico desaparece. Por un lado, su madre va a desafiar todo con tal de encontrarlo, pero por otro sus amigos del colegio se pondrán al hombro su rescate. Cuando una chica aparentemente desamparada aparece buscando asilo, estos chicos se van a encontrar con poderes sobrenaturales, una conspiración gubernamental y muchos impedimentos más para poder encontrar a su Will.

Lo mejor de esta serie es cómo sostiene el suspenso en una comunidad diminuta y con personajes aparentemente planos (con alguna que otra sugerencia de Hopper como el más ambiguo) y, si bien claramente va a caer cuando todo se devela porque es insostenible lo demás, el planteo es que el disfrute venga de recordar esos lugares, esos juegos, esas aventuras. Los homenajes van desde Star Wars, Stand By me, It, ET hasta La cosa del otro mundo.

Los hermanos Duffer, creadores de la serie, son guionistas especializados en los géneros de terror mezclados con fantasía y ciencia ficción y todo esto se mezcla de maravilla para sumar un toque de ingenuidad dado que nuestros personajes principales son niños. Todos los giros clásicos, pero lo clásico es lo que realmente nos encanta. No miramos esta serie por novedosa, sino porque nos remarca una vez más el por qué nos enamoramos del cine por primera vez. Imperdible.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *