“Shut In” (Presencia Siniestra): El mal omnipresente

Formas de asustar existen varias, pueden ser originales o remozar algún truco ya viejo y conocido pero eficaz. También se puede hacer el intento de asustar, acumular todos los recursos, y morder el polvo.

Presencia Siniestra echa mano a unas cuantas ideas que ya vimos, trata de crear un halo de originalidad alrededor de ellas; y sí, fracasa rotundamente.

Naomi Watts, quien alguna vez perfiló como esas estrellas capaces de vender con su solo nombre en el afiche, pero el thriller le fue siendo esquivo luego de la prometedora primera entrega de The Ring; es el centro de la escena y quien tendrá que cargarse todo el asunto al hombro.

La rubia es Mary Portman, una psicóloga infantil que ni bien iniciado el film ya la encontramos a pleno drama. Tiene un hijastro problemático, Stephen (Charlie Heaton), al que su pareja llevará a una de esas escuelas pupilas ´para reformarlo durante una temporada.

Hay llantos, despedidas, negación, y un forcejeo que hará que en medio del viaje Stephen y su padre sufran un accidente en el cual, el hombre perderá su vida.

Tras un salto de seis meses, Mary parece estar condenada a más sufrimiento. Debe hacerse cargo de Stephen el cual perdió toda movilidad y capacidad de reacción; soporta su viudez reciente de un modo bastante aceptable; atiende a sus pacientes que también cargan con algunos inconvenientes; y para más vive en uno de esos pueblos típicos de película de terror, separado de todo el resto, con mucho bosque, y una tormenta de nieve que está por llegar y amenaza con aislarlos todavía más.

¿Puede soportar más Mary? Pues sí, porque se compromete afectivamente con uno de sus pacientes, el niño sordo Tom (Jacob Tremblay que se está haciendo especialista en hombrecitos traumados), quien también tiene algunas reacciones violentas y debe ser llevada a una institución de tratamiento pese a las sugerencias de la psicóloga.

Una noche Tom se aparece imprevistamente en casa de Mary, el auto que lo trasladaba a la institución está estacionado frente a su casa averiado, y el niño solo y lastimado. Cuando Mary quiere asistirlo, Tom habrá desaparecido.

Sí, hay más argumento; los días pasan y Tom no aparece, pero Mary comienza a sentir una presencia que la acosa de noche. Todo empeora cuando Tom sea considerado muerto, pero la mujer siga presintiéndolo.

Increíblemente todo este argumento que podría ser descripto como una catarata de desgracias, se desarrolla en no más de veinte minutos. Lo que resta para la hora restante es ver el colapso de una mujer que es asustada no sabemos muy por qué, pero es cada vez peor.

A una película de terror, o de suspenso que amenaza con bordear lo sobrenatural, no se le suele exigir demasiada verosimilitud, son las reglas del juego. Pero aun obviando los muchos baches, y lo poco creíble de que una persona pueda soportar todo eso en tan poco tiempo sin querer volarse la tapa de los sesos, le debemos sumar una total ineptitud desde el guion por generar empatía o interés por lo que sucede. ¿Cómo es que alguien que sufre tanto nos importe tan poco? Todo lo que la rodea, inclusive el ritmo de los hechos, es profundamente aburrido.

Ni el director Farren Blakburn, ni la guionista Christina Hodson cuentan con experiencia fuerte en cine. Quizás esa sea una de las razones por las que Presencia Siniestra se parezca tanto a otras, desde Mente Siniestra, a The Ring Two, hasta la reciente Before I Wake. Como sea, la mezcla entre todos los tópicos conocidos genera cierta originalidad en la incertidumbre sobre lo que puede pasar, y mínimamente genera una curiosidad por cómo resolverán el misterio que han creado. Sin adelantar, la resolución ofrecida no podría ser más inadecuada sobrepasando todos los límites de la credulidad.

Presencia Siniestra es fallida por querer enroscar más de lo necesario lo que pudo ser una idea más sencilla, práctica, y más eficaz. Desde la premisa todo parecía más interesante.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Pobre Mary (Naomi Watts), tras sufrir la repentina muerte de su marido en un accidente de tránsito debe lidiar a diario con los cuidados de su hijo (Charlie Heaton), quien también tras ese siniestro quedó cuadripléjico.

Sus días se desenvuelven entre la rutina del aseo y alimentación del joven y alguna que otra entrevista en su oficina. Mary es psicóloga y trabaja con especial atención casos de niños con problemáticas complicadas antes de ser asignados a hogares/asilos.

Entregada a sus pensamientos, cada día ve como pierde más espacio ante los inevitables cuidados de un joven que ni siquiera le puede retribuir con un gesto de agradecimiento la atención que le da.

Pero cuando tras atender a un niño (Jacob Tremblay) sordo, y ver cómo éste un día desaparece misteriosamente en lo que se convierte el caso policial de mayor resonancia en el lugar, Mary comienza a escuchar algunas voces y sonidos en su casa que la alertan y perturban.

Así “Presencia Siniestra” (Francia, USA, Canada, 2016), de Farren Blackburn, con producción de Europacorp, la empresa de Luc Besson, arranca elucubrando un thriller en el que el fuera de campo será la estrella del relato.

Pero en el avance de la historia, que conjuga mucho de otros films de género y también va sumando elementos de nuevas narrativas, como las series de televisión de procedimientos, que terminan por configurar su estructura, el espíritu original del film se pierde.

Si “Presencia Siniestra” tiene mucho del susto por sorpresa, del más clásico, pero también va relegando su lograda construcción inicial, más de autor, por giros y conflictos que no hacen otra cosa que resentir su propuesta.

Naomi Watts posee oficio, y sabe qué tipo de heroína debe construir para la película, pero mientras avanza el relato su personaje no sólo pierde consistencia, sino que termina por transformarse en un esbozo de trazo grueso de aquello que era originalmente.

Es una lástima que “Presencia Siniestra” termine cediendo a la débil idea que un filme de género de bajo presupuesto tiene que sorprender con lugares comunes, sabiendo que el verosímil y el placer de los espectadores debe además de la recurrencia, sustentarse en un sólido guión, que interpele al espectador desde aquello que sabe más que lo que no.

Además, cuando el fuera de campo termina por incorporarse en la estructura, y se lo suplanta con inverosímiles situaciones, el resultado termina siendo algo que ni siquiera responde a aquello que originalmente se planteaba.

“Presencia Siniestra” podría haber ido por un camino menos convencional para potenciar a las dos figuras (Tremblay/Watts) que poseía como atractivo, pero al elegir ir a lo seguro, que en este caso no asegura nada, termina por hacer agua por todos los lados. Fallida.

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