(L-R) Director James Cameron and Zoe Saldana on the set of 20th Century Studios' AVATAR: FIRE AND ASH. Photo by Mark Fellman. © 2024 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Reflexiones acerca del futuro de «Avatar»

Decir que James Cameron lo ha vuelto a hacer, ya suena bastante trillado a estas alturas, aunque esta vez tal vez podamos vislumbrar que no ha sido como en otras oportunidades. Tras una espera cargada de expectativas, Avatar: Fuego y Ceniza (Avatar: Fire and Ash) se ha posicionado no solo como el evento cinematográfico del año, sino como el capítulo más oscuro y confrontativo de la saga. Desde su estreno el pasado, el 19 de diciembre, la película ha generado muchas discusiones que mezclan el asombro técnico con un debate profundo sobre la repetición narrativa y el compromiso político de su director. Cameron siempre fue controversial a lo largo de su carrera y ya llegando a la tercera entrega de Avatar, era esperable que su visión no coincidiera con la de críticos y algunos espectadores…

Pero lo primero que tenemos que decir, es que los números, le dieron bien. Según los datos más recientes de Box Office Mojo, la tercera entrega de la epopeya de Pandora ha tenido un arranque demoledor. En sus primeros tres días, la película recaudó aproximadamente 89.1 millones de dólares en el mercado doméstico (EE. UU.), sumados a unos espectaculares 258.1 millones de dólares en el mercado internacional, logrando un debut global de 347.3 millones de dólares.

Al cierre de este fin de semana del 28 de diciembre, el acumulado global ya se sitúa en los 760 millones de dólares. Con esta cifra, la franquicia de Avatar se convierte en la primera trilogía en la historia del cine en superar la barrera de los 6.000 millones de dólares recaudados colectivamente.

Es cierto que, aunque las proyecciones finales sugieren que podría terminar su recorrido entre los 1.800 y 1.900 millones de dólares —cifra ligeramente inferior a sus predecesoras—, sigue siendo un éxito incontestable frente a su presupuesto de producción estimado en 400 millones de dólares.

En esta entrega, Cameron nos aleja de la serenidad de los arrecifes para presentarnos a los Mangkwan, también conocidos como «El Pueblo de la Ceniza». Liderados por la imponente Varang (interpretada por Oona Chaplin), este clan Na’vi rompe con la imagen espiritual y pacífica que teníamos de la especie. Son guerreros curtidos por desastres volcánicos, resentidos con Eywa y desconectados de la armonía natural.

La película profundiza en el concepto de las «familias desplazadas», estableciendo una analogía directa con las crisis de refugiados del mundo real. James Cameron ha sido explícito al respecto: las luchas de Jake Sully y los suyos en este entorno hostil encuentran eco en los conflictos actuales en Gaza, Sudán y Ucrania. Es una obra que se pregunta si existe una «guerra justa» y explora el trauma de quienes pierden su hogar.

Los periodistas especializados de todo el mundo han tenido percepciones diferentes sobre este lanzamiento. Algunos han manifestad que “visualmente es una maestría absoluta de la pirotecnia cinematográfica», pero que “la narrativa se siente como si estuviera nadando en aguas hermosamente renderizadas pero conocidas».

Por su parte, el consenso en Hollywood.com y otros medios de la industria resalta que, a pesar de una duración de 3 horas y 13 minutos que puede resultar agotadora para algunos, Cameron ha logrado llevar el 3D y el HFR (High Frame Rate) a una dimensión donde la distinción entre lo real y lo digital desaparece. La crítica (y aquí nos sumamos, desde ya), coincide en que, si bien el guion puede pecar de predecible, el clímax de 50 minutos —que incluye un asalto aéreo y marítimo bajo un eclipse y un vórtice de gravedad— es probablemente lo más asombroso que se ha visto en pantalla grande en la década.

Dicho esto, llega el momento donde debe hablarse obligatoriamente del futuro de la franquicia. El director ha confirmado que las partes 4 y 5 están supeditadas al éxito comercial de esta tercera entrega. «Avatar es un compromiso métrico de dinero», afirmó con su característica franqueza. Es fuerte leerlo, pero no hay que engañarse, hacer cine es una cuestión de dinero, lisa y llanamente. Para nosotros, como espectadores, es una experiencia en sí misma pero para la industria es simplemente un lugar para obtener beneficios económicos arriesgando capital.

Sin embargo, para tranquilidad de todo fan, Cameron dejó claro que tiene todo el universo planificado hasta el final. En sus palabras: «Si por alguna razón no llegamos a hacer la 4 y la 5, haré una conferencia de prensa o escribiré un libro para contarles cómo seguía la historia. Responderé todas las preguntas. Pero no dejaré este mundo incompleto». Esta declaración refuerza la idea de que Avatar no es solo un negocio para él, sino su legado definitivo.

La pregunta que queda en el aire es si el espectáculo visual será suficiente para sostener dos entregas más, o si el público empezará a sentir la fatiga de Pandora. En lo personal, creo que la espectacularidad visual, arrastra al cinéfilo experimentado a plantear que su desarrollo emocional vuela bajo en relación al entorno presentado en esta entrega. Y sí, el riesgo de que haya fatiga en el corto plazo no es menor.

A favor de Cameron, la vara cinematográfica está muy baja. Fue un 2025 pobrísimo en cuanto a originalidad y desarrollo de la industria, que invierte en pocos jugadores y limitadas ideas. y eso le juega a favor. Hay pocos cineastas con visiones tan grandilocuentes que la industria apoya, por el momento. Así que creo que por ahora, el fuego de James Cameron sigue quemando con fuerza en las salas de todo el mundo y los números le darán cómodo para volver en dos años con una cuarta entrega.

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