«Vrindavana»: Devoción, sentidos y misterio

Exhibida en el Festival BAFICI 2010, Vrindavana llega en forma de pre-estreno durante todo el mes de julio al Centro Cultural Borges donde se presentará cada martes a las 20hs. Esta data, que parece un simple hecho informativo, en verdad nos revela algún aspecto sobre este documental de Ernesto Baca; hablamos de un film festivalero y que busca desde sus entrañas ser artístico, dos aristas que van perfectamente de la mano.
Vrindavana es el nombre de una localidad ubicada al norte de India; es en ese lugar en donde toda una población participa de una peregrinación religiosa bordeando el Río Ganges.
Baca pone su lente sobre esto y los muestra con naturalidad, sin entrometerse, en realidad, sin entrevistarlos, los deja ser, logrando un documental alejado pero a la vez vibrante en exotismo y abierto a experiencias únicas. La idea es mostrarle a occidente una cultura diferente a la propia; y acertadamente no lo hace con el acostumbrado estilo “National Geographic”, molesto en varias oportunidades. La manera en que Baca nos habla de lo diferente es asimilándolo a un hecho cultural, desarrollando un importante aspecto técnico de impacto.

La peregrinación que los devotos realizan tiene un profundo costado espiritual, más allá de lo religioso; y el documental se propone expresar esa espiritualidad en imágenes, tarea de por sí nada fácil. Sin embargo, haciendo uso de múltiples recursos Vrindavana se transforma en algo enigmático, atrayente para el espectador.Perfectamente se podría decir que estamos ante un film único, lejos de una narrativa tradicional, con sus ritmos y tiempos propios, y en el cual cada imagen debe ser decodificada.
Algún antecedente de esto, como un pariente lejano, podríamos encontrarlo en aquel tríptico de Pablo César, Equinoccio, Unicornio y Afrodita que anteponía la fuerza de las imágenes antes que el relato como todos lo conocemos, con la no mínima diferencia que César emprendía una ficción que necesitaba de una gran comprensión, y en su lugar Baca se enfoca en la naturalidad de la cámara posada sobre un acontecimiento que brinda el documental de observación. Pero en el resultado, ambos necesitan de un público predispuesto a este tipo de experiencias que exigen un plus más allá de sentarse, relajarse y ver.

Ya en su anterior filmografía Ernesto Baca demostró ser un director con inquietudes estéticas, algunos dirán con resultados dispares, pero nadie puede negar que las anteriormente estrenadas Cabeza de palo y Música para astronautas manejaban un sentido de la imagen y la estética fuera de lo que vemos todas las semanas. Vrindavana es un film tan complejo como enigmático y subyugante.
Su fuerte no es la narración, en definitiva hablamos de una procesión; pero la potencia de lo que se muestra es tan grande, tan espiritual, que termina por arrastrarnos en su visión, y ahí, si el espectador entra en su juego hipnótico, puede vivir una experiencia inigualable.
