«Tres» (3- Drei): un amor impar

  

Tom Tykwer se dio a conocer en el mundo cinematográfico con la adrenalínica Corre, Lola, Corre y dado el prestigio y éxito comercial de aquella se le auguraba un destino de director de films de acción al ritmo de “cámara confusa que no para de moverse”, cine a 200km/h. Pero el alemán también es el director de las exquisitas «La Princesa y el guerrero» y «Perfume», de la no tan perfecta pero calma «En el cielo», y de los tramos más tranquilos de la reciente «Cloud Atlas»; salvo en la trepidante «Agente Internacional» no ha vuelto a filmar acción a raudales.

Así llegamos a «Tres», estreno tardío en nuestro país de un film que proviene de 2010, una historia en la cual, lo único que sucede a las apuradas es la escena inicial con un travelling sobre un tren y una voz en off que nos habla de una pareja (casi) acabada; y aún ahí hay más lirismo que vértigo.

  

La historia pareciera sencilla, es la de una pareja que perdió la chispa y tiene una periferia más que complicada. Ellos son Hannah y Simon (Sophie Rois y Sebastián Schipper), dos compañeros con demasiados planteos internos como para mantener viva alguna pasión. Hannah tiene un amante, Adam (Devid Striesow), un hombre aparentemente atractivo no solo físicamente sino por su personalidad, tanto que cuando Simon se entera del amorío, terminará manteniendo un affaire él con el mismo Adam.

La trama parece sencilla de relatar, escueta, y es que es más lo que se dice que lo que sucede, por lo que en el trasfondo habrá mucho más que estos sencillos renglón y medio.

Tykwer parece querer desarrollar un film sobre los conflictos de parejas, sobre las personas que se replantean el haber llegado casi a la mitad de su vida (y sobre lo que les queda por delante viendo lo construido hasta el momento), y sobre las relaciones abúlicas que la sociedad permite construir. Claro está, habiendo una relación homosexual en el medio, también estará el tema de la “polémica”, del despertar, el descubrimiento; pero no parece ser esto lo que más le preocupe al cineasta.

La temática de los tríos amorosos, con la consecuente homosexualidad latente, no es nueva en el cine. Se me viene a la cabeza la fallida Threesome/Tres formas de amar, que allá por mediados de los ’90 intentó causar una (no lograda) controversia a través de tres universitarios que se relacionaban sin tapujos entre ellos. La diferencia con el film de Andrew Fleming es que allí donde se buscaba escándalo y ampulosidad a base de clichés y prejuicios; aquí las cosas suceden con más naturalidad, en fin de manera más realista.

 

El problema con «Tres» es que en la búsqueda de esa naturalidad y hacer un “tratado sobre las relaciones de hoy día”, se termina cayendo en una solemnidad soportable sólo de a ratos, y muchas veces la convierte en discursiva, a la larga, pesada.

Tykwer maneja al trío protagónico con solvencia logrando buenas performances, y hace un manejo de la cámara casi excelente (salvo determinado tramos que pueden resultar chocantes, como una operación de testículos mostrada con innecesario plano detalle).

Tres es un film recomendado para aquellos que quieran indagar en los problemas de pareja desde un ángulo serio, a veces demasiado; es una experiencia interesante, tal vez no la más lograda de su director; pero en una cartelera cada vez más repleta de dramas manipuladores, una historias tan sencilla como esta puede resultar un aire fresco por más tratado que ya fue el tema.

 

Anexo de crítica por Jessica Johanna

Tom Tykwer dirige esta película que data del 2010 pero llega recién ahora a nuestros cines, quizás porque la ambiciosa Cloud Atlas (película que co-dirige junto a los Wachowski) nos acaba de llegar.

El director de «Corre, Lola, Corre» y «El Perfume» nos ofrece un drama ligero que empieza reflexionando sobre la vida y la muerte. Pero rápidamente éste se convierte en un drama sobre un triángulo amoroso en el que una pareja que lleva ya largos años juntos se ve envuelto cuando ambos se enamoran sin saberlo del mismo hombre.

 

Simon y Hannah están juntos desde hace 20 años. Viven juntos pero todavía no están casados  ni tienen hijos. Hannah conoce a Adam y si bien su primer idea es escaparse por la ventana del baño, termina sucumbiendo ante sus encantos y comienza un discreto amorío con el rubio. Simon, tras sufrir la muerte de su madre por cáncer, descubre que tiene un tumor y es operado siendo uno de sus testículos extirpado. El tener un testículo menos lo hace sentirse más débil, menos capaz, hasta que, gracias a Adam, descubre no sólo que todo funciona como debería funcionar, sino algo que hasta el momento estaba oculto y ni sabía que podría existir en él. La pareja que componen Simon y Hannah nunca parece quebrarse, ellos están tan bien juntos como lo están con su amante, un hombre que tiene un hijo al que ve cada dos semanas, y le gusta irse a navegar en su bote.

El director alemán apela a diferentes recursos visuales, como el blanco y negro en ciertas «fantasías», o la pantalla divida para revelar bastante información en pocos minutos. También en el soundtrack, en el que incluso suena «Space Oddity» de David Bowie. Aún así, el relato que puede tornarse por momentos frío y distante, también sabe generar sus momentos de ligera comedia de enredos.

El cuentito de que el amor es algo simple ya no se lo compramos nadie, por eso no es difícil entender cómo uno de ellos de repente siente que está enamorado de dos personas. «Creo que ya no sé lo que quiero». «Creo que sabes exactamente qué es lo que quieres». ¿Pero aquello que uno quiere es posible? Sí, quizás el desenlace del film sea bastante idealizado.

 

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