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«Tomorrowland»: el futuro es hoy

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El producto Disney tiene una ventaja y es esa: pertenecer al universo de una marca que es sinónimo de entretenimiento y fantasía. Tomorrowland (La Tierra del Mañana), es el título de la película que arranca en las carteleras el 22 de Mayo y coincide con los 60 años de uno de los sectores del parque de atracciones de la empresa que creara Walt Disney y que se convirtiera en uno de los lugares más visitados del mundo por grandes y chicos. Puede que todo lo que veamos nos suene a gran comercial de esta celebración y la de la vuelta de «Star Wars».

A favor de la película, tenemos dos caras inmediatamente reconocibles: George Clooney, Hugh Laurie y, además, unos artistas adolescentes que sirven a sus roles de maravillas. Ni bien empieza a desarrollarse la historia, el panorama es de cuenta regresiva y no todas las cuentas regresivas son exitosas, provocan buenos efectos sino todo lo contrario. Lo que si se sabe es que siempre serán históricas. Desde las misiones no tripuladas, pasando por la perrita Laika, la llegada del hombre a la Luna, los transbordadores espaciales, la primera mujer astronauta, etc.

Para los protagonistas de «Tomorrowland», el desafío será que no se termine la cuenta regresiva y la tierra del futuro exista, no sólo para una élite de científicos sino para que el planeta entero y sus habitantes pueda disfrutar de su existencia en paz y armonía. Frente a la distopía de «Mad Max», el estudio del Ratón Mickey nos plantea la esperanza de que si hay soñadores que se la juegan por sus valores y no se rinden, el mundo puede llegar a ser amigable para todos. Frank Walker (Clooney), en su niñez, será uno de los elegidos por Athena (Raffey Cassidy), una pequeña muy especial. Le será dado un pin con el logo de la T que simboliza ese universo paralelo al que entrará y en donde será reconocido por su invento de la mochila voladora.

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Sin embargo, en Tomorrowland, no todo es perfecto y el Gobernador Nix (Hugh Laurie), expulsará a Walker y a Athena del paraíso futurista y después de haber instalado un dispositivo que es la causa de todos los males y el desanimo del presente que devendrá en no-futuro. Athena no se rendirá y su próxima elegida, muchos años después que pasó lo de Frank, será Casey Newton (no es casual su apellido), la nueva señalada para que el futuro se haga realidad. Casey es una adolescente con alto coeficiente y ve a su padre desalentado pues están por demoler la torre de lanzamiento de transbordadores en Cabo Cañaveral y él se quedará sin trabajo. Para que esto no suceda, todos los días realiza una fase de operaciones para que no derriben la torre hasta que es pescada in fraganti y es allí donde recibirá el pin.

Primero no sabrá muy bien qué está pasando y Athena, la irá guiando hasta Walker, en su edad adulta, para que ambos pongan manos a la obra y que Nix y «lo que nunca tendría que haberse instalado en Tomorrowland» no lleguen a la autodestrucción del Planeta Tierra. Hugh Laurie, la juega de no tan malo pero sí autoritario y que quiere hacer las cosas a su manera. Quizá su personaje sea demasiado estereotipado pero funciona en el ejercicio que le dio el Dr. House para este tipo de papeles. Quién es el director de esta peli: el multifacético Brad Bird, uno de los agraciados en pisar el aula A-113 (sello que aparece en varias películas de Pixar y/o de aquellos que han cursado en el Instituto de Artes de California y han pasado por ese lugar legendario).

De hecho, aquí, es la Productora Comercial «A113» junto a Walt Disney Pictures, quienes pusieron el motor en marcha. Volviendo a Bird, ganó dos Oscar(r) por «Ratatouile» y «Los Increíbles» y tiene 30 premios más en su haber. No sólo es director sino también es guionista, productor, actor, asesor creativo, etc. y encima es padre de 3 niños. Vaya que este hombre disfruta la vida. A algunos les interesará saber que fue el guionista de «Milagro en la Calle 8» (1987), en donde unos robotitos del espacio ayudan a un grupo de gente para que no demuelan el edificio, el único de la cuadra, pues no tienen otro lugar donde ir.

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Pasó también por la tele en algunos capítulos de «Los Simpson» y además de «Cuentos Asombrosos». «Toy Story» y «Up», son otros dos éxitos que lo tuvieron dentro de su equipo. Retomando lo de párrafos anteriores y que puede sonar a advertorial o infomercial, habrá cientos de guiños al espectador por el regreso de «Star Wars». Traten de contabilizarlos y no se pierdan en la escena dentro del local de chucherías para amantes de los cómics y la Sci-Fi.

Un párrafo aparte para Raffey Cassidy, que ya actuó bajo las órdenes de Tim Burton en «Sombras Tenebrosas» y también, en «Blancanieves y el Cazador». Demuestra tener carácter y espero verla pronto en alguna otra producción. Al mismo nivel, la tenemos a la jovencita, que tal como le contara su padre, no dudará a qué «lobo hay que alimentar» para cambiar el panorama, y estoy hablando de Britt Robertson, que será otra de las mujeres con las que tendrá que lidiar el personaje de Clooney.

Una película familiar, un argumento no tan original, un entretenimiento Disney, con buena estética y mucha fantasía. Advertencia, puede que funcione un experimento de publicidad subliminal que en otro tiempo no funcionó y es el de «tome gaseosa» y «coma pochoclo» después de salir de la sala. El filme dura 130 minutos, si no les dan ganas de tomar gaseosa y luego, viajar a Disney… No sé en ustedes, en mí, funcionó.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

No se puede negar la intención del realizador Brad Bird y el guionista Damon Lindelof de crear para “Tomorrowland” (USA, 2015) un universo visualmente atractivo y que se convirtiera en la sólida base para la historia que quieren contar. Pero en ocasiones, sólo con un concepto visual no alcanza para mantener durante 2 horas la atención en la pantalla. Esto es lo que pasa con “Tomorrowland” un filme que deambula entre la ambición y el sueño de sus protagonistas, pero a quienes termina censurado y expulsando rápidamente.

La historia de la película gira en torno a dos personajes: Frank (George Clooney) y Casey (la ascendente Britt Robertson), dos soñadores que tuvieron la oportunidad de acercarse a Tomorrowland, una tierra en la que el empeño de todos sus habitantes está en crear un mundo mejor, en el que la tecnología ayude a superar barreras e ideologías y homogenice las intenciones egocéntricas, eliminando aquellas trabas que van en contra del bien común. Pero cuando ambos, en cada momento y período de su vida, son convocados para participar del proyecto comandado por el “Gobernador Nix” (Hugh Laurie) y entienden la verdadera magnitud e intenciones del mismo, se bajarán, o los bajarán y deberán luchar para salir ilesos de esa pesadilla en la que primero quisieron estar.

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Hay robots y animatronics que ayudaran al Gobernador a mantener el status quo, y también a que todo siga su curso en secreto y sin que trascienda más allá de las personas involucradas. Hay una bajada política, como ya es clásica en todas las películas de Disney, en las que a aquellos que piensan diferente les comienza a ir mal. Pero principalmente hay una necesidad imperiosa durante toda la película por tratar de explicar las cosas que culmina en una larga moraleja y final feliz que termina por tirar todo el proyecto a la borda.

“Tomorrowland” es una película correcta, con buenas actuaciones (ojo, no Clooney, que viene repitiendo hace 20 películas el mismo papel, podría dejar de robar), y un afán por entretener que termina superando la lógica interna de la narración y produce todo lo contrario. La habilidad de Lindelof en sus intervenciones anteriores en películas y series de TV, en las que la distopía y la épica apocalíptica le proporcionaban el material ideal para desarrollar guiones con ambiciosas producciones de aventura y ciencia ficción, acá terminan generando tedio y aburrimiento.

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Al unir sus esfuerzos con Bird, claramente el resultado final iba a ser esperado con ansiedad, pero lamentablemente para sus seguidores, en esta oportunidad la prueba no fue superada. “Tomorrowland” explica todo el tiempo todo, y desaprovecha cada oportunidad que se le presenta para seguir jugando con el material que presenta. Si a un joven Frank (el personaje de Clooney), con su iniciativa y empuje de niño se lo deja que termine creando un dispositivo para volar, luego se le coarta su accionar cuando este mismo mecanismo se presenta al ingresar Casey a Tomorrowland y decirle al espectador: pasó tiempo y acá esto se mejoró.

La nostalgia se supera con rapidez. Disney tamiza la cinta, y a todo creador que se presenta en la película se lo termina coartando y expulsando de su mundo ideal, tan parecido al castillo de la productora, para así imposibilitar que haya más “soñadores” que el propio Walt. Todos los demás no tienen lugar en la historia ni en “Tomorrowland”.

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