«Su Realidad»: música del alma

El director de “Dulce de leche”, Mariano Galperin, dirige un documental en blanco y negro, surrealista por momentos como su título sugiere, enfocado en el músico Daniel Melingo
. De gira por Europa, el director muestra al músico desde diferentes ángulos, en situaciones más cotidianas, algunas más lúdicas, permitiéndonos ser testigos no sólo de lo que hace, sino también de lo que piensa, todo esto último retratado de manera poética.

La película a la que su director define como “es un viaje” es en efecto una especie de road movie musical, un producto extraño, por momentos cautivantes, pero que no se puede evitar sentir que le falta un esqueleto, algo que conecte todo lo que nos cuenta de un modo un poco más preciso, es decir, con sentido.
A simple vista, Su Realidad no es más que un rejunte de escenas, de momentos, en la vida y gira de Melingo, con cierto toque de comedia. No hay dudas de que es un documental inspirado, pero no termina de cuajar, de cerrar, de redondear una idea. Melingo es un personaje y lleva él todo el relato de manera algo excéntrica, claro.

El juego de palabras del título ayuda a definir la película, y el juego ambiguo al que se presta. Incluso hay una escena curiosa en la que se fusionan “Canción para mi muerte” con la marcha peronista, algo que suena surreal pero de repente se torna real.
Un film sin dudas inspirado y que funciona como peculiar retrato del mundo del rock, pero que da la sensación que se termina quedando corto en sus ideas y si bien se destaca desde todo lo estético, con un guión que se mueve entre lo que se ve y lo que no se ve, o mejor dicho, lo que está y lo que no lo está, «Su Realidad» es una propuesta documental interesante aunque no termine de despegar como se esperaba.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Mariano Galperín es un director que supo forjar una carrera con filmes en estado de ebullición como “1000 boomerangs” o “Chicos Ricos” y que generaron tantos adeptos como rechazos se pueden imaginar. Ahora con “Su realidad” (Argentina, 2014), premiado en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, reposa su cámara con en un particular tema (la creación musical) a partir del registro documental de la gira de Daniel Melingo junto a su grupo de tango por algunos países europeos.
Melingo, parte integrante e importante de la movida que llevó al rock argentino a lo más alto del reconocimiento, con apoyo a grandes grupos y estilos, supo ganarse su lugar y durante el último tiempo se ha conformado como un referente del cine independiente al participar de películas claves como la aún no estrenada “Lulú” de Luis Ortega.

Pero dejando de lado al objeto de “estudio”, Galperín acompaña en todo momento a Melingo con el vértice apoyado en la posibilidad de creación que puede surgir en el artista en cualquier momento y lugar. También hay espacio para el músico estrella.
El que se cree divo. Y así en una escena tensionante, Galperín incorpora a la historia un momento de la gira en que la pared blanca de un hotel boutique lo llama a querer plasmar en ella su estado de ánimo sin importar las consecuencias. Eufórico y ante la mirada atónita de una asistente Mariano Galperín no termina de cerrar su idea de sumar la escena como ejemplo del complejo artista con el que comparte sus días o si es sólo para alertar sobre un estado de situación sobre la explosión y casi intratabilidad del músico.

Melingo es Rock, pero también es tango y es surrealismo y Galperín con algunas figuras retóricas trata de realzar una narración ecléctica, tan disruptiva como la personalidad del músico. Así, la cámara irá de una estación del metro de París, a Buenos Aires, lugar en donde se encuentra con su mujer e hijo, a quienes hace tiempo que no ve.
Porque otra parte clave del filme es la que Galperín dedica para mostrar que además de músico, Melingo es amigo, padre, amante. Por eso también se suman escenas con colegas y músicos como Andrés Calamaro, Jaime Torres, Iván González, y otros, que además de adularlo en pantalla, sirven para, una vez más, afirmar su espíritu libre y creador.
El escenario es otro de los lugares seleccionados por el director para demostrar las capacidades únicas del músico porque en cada performance que se ve en la pantalla juega con la cámara y la puesta en escena logrando una empatía con el músico única.
