«Soy Ringo»: soy leyenda

Las primeras imágenes de «Soy Ringo» conmueven. Soy de Parque Patricios y no hay día en que no pase por la plaza lateral (la que da a Avenida Caseros) y vea la estatua que lo recuerda, enfrente justo de la sede de Huracán. Un tipo simple, talentoso, de barrio, disputando cetros mundiales. Una vida que terminó demasiado rápido. Un hombre que tenía mucho para dar, y tuvo un final inesperado. José Luis Nacci, guionista y supervisor de guiones de films como «Infancia Clandestina» y «Una mujer sucede», nos trae su ópera prima basada en la leyenda y el crimen que cegó su vida.
«Soy Ringo» inicia con Bonavena discutiendo en la conferencia de prensa con Muhammed Alí. Vemos su humor y despliegue mediático frente a la prensa y el desparpajo que lo caracterizaba para los grandes desafíos. Luego, accedemos a los instantes previos de ese combate y ahí es donde el relato comienza a desplegarse: testimonios de Ernesto Cherquis Bialo, Carlos Irusta, Abraham Larena, Ezequiel Fernández Moores, Héctor «Bambino» Veira, Roberto Paladino, Dimas Suarez (entre otros) y varios Bonavena que aportan mucho al perfil de Ringo.

El interés de la película funciona a dos puntas. Por un lado, trabaja sobre la caracterización de quien era el legendario boxeador y busca definir su status en relación al momento histórico en que se encontraba y sus posibilidades en el deporte y la vida pública y mediática. Pero también indaga en la cuestión específica de su muerte, tratando de traer luz a una situación que ya es mítica: Ringo murió asesinado en Nevada, Reno, Estados Unidos, en mayo del 1976 en circunstancias extrañas.
Su cuerpo apareció tirado en las puertas de un prosítubulo y se sabe que fue muerto por un agente de seguridad del lugar, presuntamente ordenado por el dueño del antro (Joe Conforte), con quien tenía una disputa personal en relación a una mujer. El relato es interesante y hasta hoy poco sabíamos de la cuestión de su muerte.

Aunque sigue siendo atrayente su trayectoria, quizás se siente que esa fluctuación narrativa (las dos vías del relato), no termina de ser equilibrada, aunque no deja de invitar a su visión. El recurso de la narración en off quizás podría haber sido reemplazado en algunos tramos, pero la investigación periodística esta lograda y le da peso al documental.
Nacci elige un tema del campo popular y llama a conocer en profundidad a un titán de su época. Y lo hace bien. «Soy Ringo» es una registro que habla de una personalidad destacada que merece ser recordada en su justa dimensión.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Pocas veces una figura del deporte argentino despertó tanto interés y generó tanto revuelo en la prensa y los medios de comunicación como Oscar Natalio Bonavena, más conocido como Ringo Bonavena. El boxeador fue un adelantado a su época, que trabajo el concepto de “mediático” cuando aún no existían programas de “chimento” ni realitys para exponerse y generar fama inmediata y efímera y salir en la prensa amarilla a fuerza de escándalos.
En “Soy Ringo” (Argentina, 2014) de José Luis Nacci el mito del boxeador argentino es revisitado a partir de los testimonios de gente que lo conoció, familiares, cronistas y fanáticos que hablan de su figura y lucha dentro y fuera del ring, su trascendencia más allá de nunca haber ganado un título mundial.

El director incorpora a partir de imágenes gráficas, grotescas, muchas de ellas en blanco y negro, el relato cronológico de su auge, sus peleas y hasta la participación dentro de la cultura popular, con archivo mediatizado de programas cómicos y también de sus combates, pero también le brinda gran parte del metraje a su sorpresiva muerte.
Verborrágico, provocador, calentón, Ringo pasó gran parte de su vida dedicándose al profesionalismo de su lugar como estrella. Nada hacía suponer, mucho menos a sus conocidos, que un día siniestro de 1976, en un burdel de Reno, Nevada, Estados Unidos, la carrera se truncara imprevistamente. Tan sorpresiva, traumática y contundente que cuando la noticia llegó muchos se pensaron que era una nueva estrategia de prensa e impacto.
Nacci bucea en esas sensaciones, que a partir de la oralidad del relato se construye una imagen sobre el momento muy contundente. Quizás con una narración en off que no transmite mucho, el peso de la fuerza de la narración.

“Soy Ringo” funciona como relato de archivo documental para recuperar el mito. Cada escena que se incorpora a la narración, episódica, dramática, emotiva, suma a la fuerza y a la totalidad de la propuesta. Pero cuando se comienza excesivamente a narrar en off (uno de los principales errores de la película) algunos detalles, como los relacionados a su muerte, que supuestamente son la apuesta de la película, peca de ingenua.
Si bien se sabe que el asesino de Bonavena fue un agente de seguridad llamado Brymer, que funcionó como sicario de Joe Conforte, dueño del prostíbulo (por la relación del boxeador con Sally, la esposa del mafioso), la riqueza de la propuesta está más relacionada a lo que no tiene que ver con la muerte que con lo que sí, sus intervenciones con Pepe Biondi en la tele, sus conferencias de prensa, sus bromas a Muhammad Alí.
“Soy Ringo” es un acercamiento a la figura del boxeador que atrapará la atención de los que aún no conocían su mito, pero que pecará de excesos para aquellos que buscan respuestas profundas sobre el misterio de su muerte y su figura.
