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«Soy mucho más que voh»: la noche más oscura

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El cine chileno está pasando por un muy buen momento. Hay talento y se ve un apoyo que lo está renovando. De esa manera, ver una película chilena en diversos espacios y festivales, ya no sorprende a nadie: desde el boom que fue “No” hasta “La nanna” son ya hitos de su historia y parte de la nuestra.

“Yo soy mucho mejor que vos” es una película aparentemente inocente y pequeña, graciosa y decadente al mismo tiempo, pero que nos va metiendo en una serie de posturas en las que nos hemos empapado que termina siendo un sabor más bien agridulce.

Nuestro personaje principal es un hombre que se siente acabado pero se rehúsa a admitirlo, entonces hará intentos cada vez más desesperados por despegarse de su idea de fracaso marcando algo que de base justificaría que la suerte esté de su lado y es su lema y el título de la película.

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Apelando a diálogos en los quela violencia y el sexo son usados como sinónimos: o por la falta, o por el exceso o para la venganza, nos encontramos con filosofías de crisis y otras cuantas de adictos errantes para hacer un muestrario de Santiago en una sola noche.

La película tiene un buen ritmo y su protagonista, Sebastián Brahm, lleva el peso entero sobre sus hombros, en éste su segundo trabajo con el director después de “Te creís la más linda”.

Un personaje que tiene que resultarte un pelmazo, se convierte en un ser medianamente querible que roza la pena y mucho de ese encanto está en cómo lo defiende el actor. La participación especial de Antonella Costa siempre es para remarcar.

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Es una maravillosa actriz, que puede transformar su apariencia camaleónicamente según lo que pide el papel. Mención aparte para el propio director que hace una pequeña escena también.

Este es un film en el que los personajes llevan el peso de la acción, si bien Santiago aparece como esa hermosa ciudad que es, los planos son pequeños y claustrofóbicos, entonces todos entramos en la agonía del protagonista. Se te van a escapar muchas risas, y otras cuantos momentos de vergüenza ajena, pero algo que no te va a pasar, es pasarla mal.

Anexo de Crítica por Verónica Quírico

Luego del pequeño e importante éxito independiente de Che Sandoval en su tierra («Te creís la más linda pero erís la más puta»), este joven cineasta continúa la senda de superación creativa, en un nuevo film intimista, áspero, crudo y muy divertido llamado «Soy mucho más que voh». Conectada emocional y pragmáticamente con el primer opus de Sandoval, aquí tenemos un spin-off que rescata a un personaje de aquella peli de 2009, el Naza (Sebastián Brahm).

Este hombre ya cuarentón, arquetipo típico de una masculinidad local, que parece estar en crisis. El Naza (o Cristóbal), casado y con un hijo, clase media que intenta afirmar un pyme sin futuro, enfrenta un via crucis personal al ser abandonado por su esposa, quien viaja a España sin su consentimiento, becada a estudiar algo que le apasiona.

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El tema es que la familia se desintegra y en ese devenir, el hombre fuerte parece hacer agua y perder su norte personal, agobiado por la silenciosa lucha de poder que parece haber sostenido con su mujer. Esto le provoca a nuestro protagonista una gran contradicción, y comienza a desaparecer de los lugares que frecuentaba, desprendiéndose de los suyos y tratando de lidiar con una queja fuerte, que se exterioriza en una búsqueda de sexo confusa, a veces delirante, otras patética.

Pero «Soy mucho más que vos» plantea incluso otros caminos, al generar una perfil de hombre clasista, insatisfecho, culto y a la vez, fuera de registro (se nota a las claras que la noche no es lo suyo y que los años de casado le han hecho perder velocidad para resolver ciertas cuestiones) que sorprende. El Naza tiene muchos matices para apreciar y Sandoval logra exponerlos a todos, de manera directa y sin disfrazar sus miserias.

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En tono de comedia agridulce, «Soy mucho…» nos lleva de viaje por la noche de una Santiago poco conocida, en la que la gente, tiende a mostrarse natural, casi diría sin frenos inhibitorios. Encontrarán boliches, prostíbulos, acosos y levantes callejeros, contradicciones, robos y desconcierto. Todo, a una velocidad verborrágica implacable que amarás desde el primer momento. Eso si, que no te falle el subtitulado.

Che Sandoval logra superar su ópera prima y salir a un medio urbano más complejo, explorando la masculinidad en crisis de su personaje principal (y si no escuchen como define el personaje de la porteña a los chilenos cuando de sufrir por amor se trata) y haciendo pasar a su público un gran momento. En BAMA Cine, a pasitos del obelisco y en el Arte Multiplex de Belgrano es la cita. Muy recomendada.

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