«Romeo and Juliet»(Romeo y Julieta): Guillermo no descansa, volumen 72

Todos sabemos que Shakespeare es el gran dramaturgo que ha existido. Sus historias contienen temas tan universales que no podemos dejar de emocionarnos con sus personajes y sus situaciones. Pero Shakespeare ha sido adaptado más veces de las que podemos contar y, entonces, me pregunto ¿Era necesaria una nueva versión de una de sus obras más famosas sin sumar nada nuevo?

En este caso, la Verona de los Montescos y Capuletos está representada tal cual pide la ambientación según la época, al igual que los vestuarios. Como eran dos familias influyentes, claro está que los espacios son señoriales y hay un despliegue interesante. Filmados con encantos, tenemos cámaras que giran sobre su eje mientras descienden por las escaleras con un travelling y momentos más tarde, trepan paredes y balcones. Todo esto, claro está, en lo que vendría a ser la parte de encanto entre los amantes.

Carlo Carlei, el director, viene de un ambiente más televisivo, pero al menos logra que visualmente la historia sea atractiva. La otra parte la hace la música del impresionante Abel Korzeniowski (que ya estuvo a cargo de la recomposición de la música de Metrópolis y de la de WE), que si bien está lejos de la parafernalia de Baz Luhrmann o lo trágico de la composición de Nino Rota para la película de 1969, logra brindar por momentos fragilidad y por otros vigor para esta agridulce tragedia. Y esto fue todo lo positivo que le pude encontrar.

Tenemos a un Romeo (Douglas Booth) que, como es lindo, está más preocupado en estar estoicamente parado que en tener conexión con su Julieta (Hailee Steinfeld). Los diálogos les salen acartonados y sin un poco de pasión que caracteriza al personaje.

Julieta es todo pasión, pero por momentos parece que está desesperada porque Romeo deje de posar y le preste atención entonces la pareja queda el colmo de dispareja. Pasar de True Grit a esto debe ser terrible. Entiendo que hay una forma shakespeareana de actuar, el problema es que si adaptamos el texto, tenemos que pensar cómo queremos adaptar las actuaciones también.

Me dieron un poco de pena Damian Lewis y Paul Giamatti que se lo tomaron en serio y realmente dieron buenas actuaciones. El problema es que nadie más lo hizo, pero al menos será exitosamente olvidado. Ellos es probable que sean recordados como parte de este proyecto. No es que la película sea terriblemente mala, o peor a otras cuantas de este estilo, es que simplemente no trae nada nuevo a la mesa más que caritas jóvenes que la industria prueba promocionar. Ni una vuelta de tuerca. Si va a ser así, pido por favor que dejen a Guillermo descansar en paz.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

¿Nuevas Generaciones exigen una puesta al día de clásicas románticos? ¿Es necesario que se adapte una vez más la historia de los dos enamorados por excelencia de William Shakespeare? Estas preguntas deben haber circulado en las cabezas de los productores detrás de “Romeo y Julieta” (USA, 2013) y tras obtener (o al menos pensar) una respuesta positiva, decidieron encargarle a Carlo Carlei (“Fluke”) la tarea de poner en pantalla la adaptación que Julian Fellowes (creador de la bellísima serie “Downton Abbey”) hizo de la tragedia.

Filmada en escenarios naturales de Italia (que le otorgan cierto verosímil “arquitectónico”) y con una producción que por momentos parece ajustada (sólo en la escena inicial de un torneo de competencia se vislumbra cierta opulencia), en la elección de los largos travellings, como así también la estilización en algunas imágenes, se puede afirmar que se moderniza, parcialmente, el discurso.

Digo parcialmente porque con una historia conocida y adaptada en varias oportunidades la apuesta debía haber sido más arriesgada. Nuevo siglo, nuevos mecanismos de producción, nuevos espectadores. Pero no. Una vez más asistimos a una casi literal adaptación en la que las familias Montesco y Capuleto se odian y matan en pantalla. Para los que aún permanecen ajenos al clásico de Shakespeare (¿existe alguien que no conozca esta historia?), hay dos familias que se odian y que aprovechan cualquier excusa para pelearse en las calles de Verona.

Harto de los conflictos en su ciudad el príncipe (Stellan Skarsgård) decide tomar cartas en el asunto y prohíbe los enfrentamientos. Obviamente detrás del veto habrá choques cada vez más frecuentes.

En el marco de esta ancestral disputa, el joven Romeo Montesco (Douglas Booth) ingresa de manera clandestina a un baile de máscaras en el castillo de lo Capuleto y se deslumbra con la belleza de Julieta (Hailee Steinfeld), de quien se enamora a primera vista.

Y si bien los padres de la joven (Damian Lewis, Natascha McElhone) tienen otros planes para ella, decide seguir a su corazón cuando Romeo le declara su amor. Ambos saben de lo imposible y arriesgado de su historia, más cuando en un duelo en la calle, Teobaldo Capuleto (Ed Westwick) mata al primo de Romeo, Mercuzio (Christian Cooke) y luego Romeo decide vengarlo asesinando a Teobaldo.

Al notificarse de esta situación, el Príncipe desterrará a Romeo. Julieta desespera y con la ayuda de Fray Lorenzo (Paul Giamatti) intentará recuperar su libertad tras hacerse pasar por muerta. En esta adaptación de “Romeo y Julieta” falta pasión, principalmente por la carencia de matices de Booth (a quien veremos próximamente en “Noé” de Aronofsky) y otros jóvenes actores provenientes de la televisión.

En las escenas en las que Romeo y Julieta deben mirarse a los ojos y perderse en el otro, amarse eternamente falta conexión y química. Carlei y Fellowes demoran el primer beso, y cuando llega, nada sucede.

Nuevas generaciones merecían una mejor adaptación, y si bien en su momento la versión de Baz Luhrman fue vapuleada (pero era enérgica y dinámica), como así también la de Franco Zeffirelli (sensible y medida), en esta oportunidad ambas son referentes de todo lo que no posee la de Carlei. El correcto trabajo de Fellowes, que intentó recuperar la cadencia y belleza de los diálogos originales de Shakespeare, no alcanza. Todo su esfuerzo se licúa en las anodinas actuaciones de sus protagonistas en una historia de amor a la que le falta pasión, mucha pasión.

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