«¿Qué puede un cuerpo?»: La angustia de la falta de opciones

Lo más interesante del trabajo son los espacios y un código que es más fuerte entre la gente del barrio que en trabajos mejores pagos o supuestas mejores condiciones. Que la opción de salir muchas veces no implica a una mejoría y que al final todos somos víctimas: del trabajo que hacen, del jefe abusivo, de la falta de empatía con el otro, de la agresión en la calle, de la exigencia por más plata, mejores cosas. Frente a esto, claro que la opción más frecuente sea el robo: perdimos la capacidad de mirarnos entre nosotros y tomarnos cinco minutos para entendernos. Sólo queremos tomar lo que creemos que nos es necesario y no importa quién pierde o quién se lo ganó en el medio. Lo importante es tenerlo.

Es una película corta, concreta, que sabe a dónde quiere ir. Tiene técnicamente bien resueltas elipsis y travellings a toda velocidad persiguiendo a un chico. El uso de cámara en mano y la repetición de tomas ayudan a la tensión que se va creando. Si bien algunos actores defienden mejor sus papeles que otros, todo funciona en torno a la historia y de una idea de rol social. Porque estos chicos representan a miles de otros, no sólo a ellos mismos.
De una estructura bastante sencilla, funciona porque tiene algo que decir. González deja la esperanza para el final: la de aprender, al menos, a cuidar al otro sobre la pérdida.César González tocó nuestros corazones en “Diagnóstico Esperanza”. Sí, entiendo que muchos me dirán que a lo mejor no es perfecta técnicamente, pero claro ahí está el tema: la técnica puede aprenderse y mejorarse pero lo que a mí me pasa con el cine de este director es que tiene alma y eso es algo que no puede buscarse: lo tiene o no.

Generalmente me interesan las películas en las que su director habla de temas que conoce y de un universo al que pertenece, porque lejos de cualquier idea de folletín, puede contar desde lo visceral y lo personal. En este caso, “¿Qué puede un cuerpo?” nos lleva a la angustia de la falta de opciones, donde un chico que trabaja de cartonero tiene el problema de que no sólo su esfuerzo no es reconocido como trabajo entre sus pares, ni siquiera estoy hablando de una postura clasista o snob, sino sus propios pares. Si sumamos que las oportunidades no florecen en el pasto y la misma violencia en la que se van sumergiendo, cada vez hay menos opciones.
