«Pride + prejudice + zombies»: el club de las cinco (hermanas)

Aquellos que buscan una adaptación «seria» del clásico de Jane Austen, buscan en el lugar equivocado. Esta vuelta de tuerca a una joya de la literatura británica está a cargo de un señor (digamos) que ya viene de hacer algo parecido, del otro lado del Atlántico: Seth Grahame-Smith (guionista que le gusta experimentar se ve) con «Abraham Lincoln: vampire hunter»… Imaginen entonces.
Y si, quizás esa sea la veta. Sabemos que la industria busca algo fuerte para entroizar como franquicia una vez que sólo tenemos por delante la serie «Divergente» y las películas de Nicholas Sparks para «young adults». Así que en busca de nuevas ideas, se nos invita a ver zombies, en una reversión de una historia romántica que todos conocemos bien (y si no, siempre tienen en el cable la premiada «Pride and prejudice» del 2005).
Detrás de las cámaras, alguien sin mucho renombre, pero con algo de experiencia, Burr Steers (si bien formó parte de la crew de «Pulp Fiction» sus dos últimos largos tuvieron como protagonista a Zac Efron), quien también metió mano en esta adaptación, aparece con la idea de hacerla liviana, dinámica y bien ganchera. Resultado logrado a medias, y sólo para aquellos valientes dispuestos a adentrarse en esta particular historia de amor…con zombies por supuesto.

Porque en definitiva, no hay que olvidarse que «Pride and prejudice» (la obra original) ofrece una trama sentimental donde un grupo de hermanas son preparadas y exhibidas para casarse y salir de su segmento social. En esa vuelta, los coqueteos con los oficiales de la Corona son el centro de atención del relato. La unidad entre las hermanas y su cuidado mutuo, son el corazón del film. Todo ese marco, está. Quedarse tranquilos (?).
Claro, lo nuevo en esta edición son los muertos vivientes, que se insertan en esta época histórica, de manera arbitraria y delirante, pero bien presentada (hay que ser justos con ella). Digamos que Inglaterra florecía en el siglo XIX y tenía mucho comercio con el resto del mundo, pero ese intercambio con otros países llevó una extraña peste a las islas. Una enfermedad que no se esperaban y que hizo estragos en su tierra: una raza de cadáveres que buscaban alimentarse de cerebros humanos se levantó para asediar al coloso inglés en su propio terruño.
Tenemos un oficial valiente, sanguinario y retraído, el Sr. Darcy (Sam Riley) que llega a la vida de las hermanas Bennet, en una misión rutinaria persiguiendo zombies. Es hábil y poco comunicativo. Las Bennet son, otra cosa. Cinco lindas mujeres jóvenes, entrenadas para defenderse de la plaga mutante con destrezas combinadas en armas, cuchillos, espadas y lucha cuerpo a cuerpo. Pavada de potenciales novias.

La mayor es Elizabeth (Lily James), experta en defensa de las suyas, poseedora de un carácter fuerte, no el perfil adecuado para la época que se presenta. La cuestión es que habrá, entre Darcy y Elizabeth, muchos cortocircuitos, como también con otro caballero que aparecerá en escena, para disputar no sólo la atención de la dama, sino también para rivalizar sobre la estrategia para enfrentar la invasión zombie: aquí parece que hasta Londres puede caer si no se decide un rápido curso de acción. El mix entre pasión, enojo y grandes mansiones sajonas con jardines parece funcionar.
Aspectos técnicos bien, reconstrucción de época, a la altura, secundarios, planos (excepto Matt Smith y Charles Dance, que se lucen en pocas escenas) y algo de acción (no demasiada) para calmar a los espectadores que esperan la nueva temporada de «The Walking Dead».
No es una película extremadamente sangrienta (no, no es «Hansel y Gretel…»), tiene su gore, pero está subordinado al ritmo de la historia, que es, en definitiva, un relato de heroísmo y amor, más allá del enemigo que esté enfrente. Es un raro ensamble, de esos que no tienen lugar muchas veces. Sólo por eso, yo recomiendo verla. Hay en ella un pequeño homenaje a una gran autora, en una narración que sigue teniendo vigencia y que se presenta para el público nuevo que no tuvo acceso a él, en un formato que tienta para acercarse. Ese es su mérito y debo decir que no es poco.
