“Oculus”: ¿Cuándo mi reflejo mostrará quien por dentro soy?

Sí el género de terror es uno de los más repetitivos y esquemáticos que existe, cada tanto llegan sorpresas a cartelera como Oculus para despabilarnos y hacernos creer que no todo está perdido. Del director Mike Flanagan ya nos había sorprendido (acá) hace un año con el limitadísimo estreno de Ausencia (data de 2011) que mezclaba elementos de terror para narrar en tono y clima de drama la historia de dos hermanas que luchaban contra una criatura subterránea que había atacado al marido de una de ellas.
Una producción muy independiente, que aprendía de sacar jugo de lo mínimo para crear una sugestión más por lo que no se ve. En Oculus, el diagrama es similar, dos hermanos, una tragedia del pasado, una maldición, la toma de venganza… pero en lugar de caer en el común de contarnos la típica historia de fantasmas y casas embrujadas, Flanagan trata a los fantasmas lateralmente, nos cuenta una historia de obsesión y posesión en la que el espectador en un punto no sabrá, como los personajes, si lo que ve es real o producto de la mente.
Tim (Brenton Thwaites) sale de un neuropsiquiátrico en el que estuvo encerrado desde su infancia, y a la salida lo espera su hermana Kaylie (la bella pelirroja Karen Gilan). Ambos vivieron un hecho traumático cuando eran chicos, hecho que se irá narrando de a poco, en dos tiempos entre el pasado y el presente, pero del cual desde un principio sabemos esto: el padre de los chicos mató a su esposa/madre, y Tim lo asesinó a él.

Recuperado, Tim se convenció (lo convencieron) que su padre era un desquiciado asesino y que él actuó en defensa de su familia; pero su hermana está ahí para recordarle cómo fueron las cosas en verdad, o cómo ella cree que fueron. La familia se mudó a un caserón, compraron un antiquísimo espejo de la colección Balmoral para el estudio del hombre, y este guardaba una maldición que de generación en generación enloquece a sus dueños haciéndoles ver cosas que no son y llevándolos a cometer actos terribles seguidos del suicidio o muerte en manos de un tercero.
Eso es lo que Kaylie dice que pasó con su familia, y ella, que trabaja en una casa de remates, ahora tiene al espejo en sus manos, lista para la venganza, y quiere que su hermano participe. Terror inteligente, eso es Oculus, que no subestima al espectador, que si da sustos falsos son justificados y nunca sabemos si realmente fueron falsos. Los personajes tienen carnadura, capas, y nos meten dentro de lo que les va pasando, pasamos por todas sus sensaciones, y hasta nos compenetramos con su paranoia.
Kaylie trata al espejo como si fuera una persona, un ente, le habla, lo desafía, le arroja insultos y lo provoca; y así realmente el espejo cobra personalidad como si fuese un clásico slasher, como un Freddy o Jason pero “inanimado”. Flanagan está hasta en los más mínimos detalles, demuestra ser un artesano de la sugestión, no necesita de un gran presupuesto (es más cuando se adentra en efectos, como los fantasmas con ojos brillantes, flaquea un poco) para lograr lo que otros no logran con una catarata de CGI, terror real, aferrarnos a la butaca, mirar para los costados.

«Oculus» es clima puro, la recomendación es no dejarla pasar del ambiente único de una sala. Basándose en una adaptación de su corto “Oculus: Chapter 3 The Man with the plan”, el director redobla la apuesta y crea un film deliberadamente confuso, que juega con los tiempos, con la realidad y la ficción, y los enlaces entre “los mundos” son perfectos, sin fisuras.
También demuestra ser un buen director de actores, algo fundamental en «Oculus» es lo preciso de los personajes, Tim nos invita a sufrir con él y a Kaylie se la odia y apoya en partes iguales; y algo no muy en común en films como estos, Thwaites y Gillan están realmente convincentes en sus roles, logran diferentes matices.
Como entrar a la casa de los espejos de un parque de diversiones, Oculus crea confusión, sugestión y diversión en partes iguales; el resultado al final del viaje es el de querer volver a embarcarse, nada mejor para un género tan adepto a las secuelas infinitas.
Anexo de Crítica por Jessica Johanna
El director Mike Flanagan nos demostró que era capaz de generar lindos climas de terror y suspenso con su película anterior, estrenada de manera tardía pero al fin en salas de nuestro país, Absentia. Y ahora apuesta a hacerlo de nuevo con esta historia de dos hermanos que tras una tragedia que acabó con la vida de sus padres se separaron y vuelven a juntarse cuando uno de ellos sale de un psiquiátrico.
Kaylie y Tim son los hermanos de la película que se centra en un espejo antiguo con extraños poderes. Con un montaje paralelo entre lo que pasó cuando ellos eran chicos y lo que les sucederá ahora que, sobre todo ella, se cree preparada para vencerlo o al menos dejar registro de lo que realmente sucedió, el espejo funciona en la película como una especie del hotel Overlook en “El resplandor”.

Visiones, voces que no existen, fantasmas, imágenes confusas, deshidratación, pérdida de tiempo son algunas de las cosas que este espejo puede provocar, primero sin que uno lo notara, hasta que uno de los personajes tuvo suficiente tiempo de reflexionar y averiguar todo lo que pasó incluso antes.
Mientras Tim acaba de salir del hospital donde parecen haberle hecho, según su hermana, un lavado de cerebro, y apenas recuerda hechos de aquel hecho traumático, y muchos de manera incluso incorrecta, Kaylie parece una paranoica obsesionada con los poderes sobrenaturales de un objeto tan corriente como puede ser un espejo.
Pero es cuestión de tiempo hasta que los dos se encierren nuevamente en esa casa intentando entender, como si así hubiera forma de vencerlo. Con un sublime trabajo de edición que nos traslada continuamente de un tiempo a otro, con saltos muy cuidados, “Oculus” es una película de género que funciona no sólo a la hora de generar estos climas pesadillezcos, sino también con un argumento tan atractivo como sólido.

El espectador transita estos estados junto a los protagonistas, nunca sabe uno más que el otro, y más que terror genera una enorme tensión la poco más de hora y media que dura la película. En “Oculus” el presupuesto no parece ser mucho mayor que aquel que el director tuvo para “Absentia” y demuestra así una vez más que no lo necesita para generar lo que quiere generar.
Que con una buena historia y una buena dirección se puede hacer una linda película de terror. Y “Oculus” lo es, especialmente para los fanáticos más exigentes del género. Es cierto que entre los dos protagonistas, Brenton Thwaites y Karen Gillan, la que destaca con notoria diferencia es ella. Y que más que escenas gore (aunque haya alguna muy interesante), son climas los que hacen a la película.
No apta para un espectador que busca sustos fáciles, pero sí para aquel que le gusta adentrarse y dejarse llevar por una buena historia de terror y suspenso.
