«Mr Kaplan»: el inicio del fin

La vida de Jacobo Kaplan parecía estar destinada a la grandeza, a un destino excepcional, a inspirar. O al menos eso creía. “Eres muy especial. Ahora ve y demuéstralo”, le dijeron de pequeño. Pero si hay algo que difícilmente resulte del modo en que uno espera, eso es la vida. Y la de Kaplan se torna muy distinta.
Ahora ya es un hombre mayor, de más de 80 y no puede evitar hacerse preguntas. ¿Qué hice de memorable? ¿Es el mundo mejor gracias a mí? ¿Cuán útil fue mi existencia? Y las respuestas que encuentra no le son de su agrado.
Kaplan no busca a su edad redimirse de una vida aparentemente inútil hasta que se encuentra, o eso cree, con un propósito en su vida. Un viejo nazi que es asiduo de una playa cercana. De repente este personaje comienza a obsesionarlo hasta el punto de decidir que va a ser él mismo quien lo capture y lo lleve a Israel para el juicio que se merece.

La película uruguaya que su país decidió enviar a los Oscars es muchas películas en una. O mejor dicho, a eso aspira. Es así que lo que empieza como una comedia dramática sobre la vejez y lo que esto arrastra, se convierte luego en un retrato sobre la amistad, junto a un joven aparentemente fracasado cuyo mayor virtud y defecto es su lealtad (y casi el único que le sigue el juego cuando la familia comienza a aceptar antes que él mismo las cosas que el paso del tiempo van cambiando en uno), en el que rápidamente se cuela una investigación policial, para derivar luego en un drama con contenido más político y abandonando cada vez más ese humor que hacía que su primera mitad resultara entrañable.
El film recuerda bastante por momentos a “Remember” de Atom Egoyan, especialmente cuando éste se va tornando más oscuro (allí Christopher Plummer, en medio de un alzheimer que lo hace olvidarse de las cosas cada vez que se duerme, emprende la caza de un nazi que asesinó a su familia). “Lo que no puedo entender es que alguien aún quiera vengarse”.

Ese “aún” tiene que ver con lo que sobrevuela en el film constantemente: la vejez. Con ésta, la pérdida de facultades, desde la vista hasta en algún momento la cabeza. ¿Cuánto de la historia que hay en su cabeza es verídica y cuánta paranoia producto de su senilidad? Es en esa segunda mitad de la película en la que el film toma tintes más serios cuando comienza a decaer.
“No se puede escapar del pasado”, nos subrayan y ése mismo lema podría aplicarse a la película de Egoyan anteriormente mencionada. Al final descubriremos si era ése el propósito de la vida de Kaplan, pero la revelación más importante es la de que al final de nuestras vidas, sólo nos queda reír.
Bien realizada y haciendo que Uruguay se resalte en una industria en la que a veces pasa desapercibida, no sorprende con su temática que haya sido ésta la película elegida para la posibilidad de competir en los Oscars. No obstante, más allá de las buenas intenciones, el film se pierde cuando más oscarizable se pone y deja de lado esa película chiquita pero honesta que al principio promete ser. No por eso deja de ser una propuesta interesante.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
En determinado momento de su vida Jacobo Kaplan (Héctor Noguera), el protagonista de «Mr. Kaplan» (Uruguay, 2014), entiende que su vida está por llegar al fin.
Esto es algo que él siente profundamente, algo que no sabe cómo compartirlo con su mujer Raquel (Nidia Telles), y mucho menos con sus hijos, quienes viven reclamándole por cada paso que da sin consultarles.
Pero no pasará mucho tiempo hasta que ellos se den cuenta de lo mal que se siente Jacobo y también de ciertas «anomalías» en su comportamiento y «olvidos» que los alertan y preocupan sobre su estado de salud.
Caprichoso, e insistente sobre cómo manejarse en la rutina diaria, deciden asignarles un conductor llamado Wilson (Néstor Guzzini), un personaje bastante particular que pasa sus días tomando cerveza y jugando a un viejo flipper, para así tener cierta tranquilidad.
Enojado, Jacobo acepta el compañero y con éste generará un vínculo particular a partir de un descubrimiento fortuito sobre la verdadera identidad de un vecino, quien podría ser un ex jerarca Nazi y a quien querrán desenmascarar a toda costa.

Si en una primera etapa el filme bucea sobre la ancianidad y sus implicaciones, en una segunda «Mr. Kaplan» (Uruguay, 2014) toca en clave de comedia el siniestro plan nazi de reubicación en el tercer mundo para evitar ser apresados.
Alvaro Brechner dirige la película con un tono que prefiere destacar el humor ante las situaciones complicadas que se van a ir presentando y en las que el ridículo y el grotesco son puestos a la hora del día para profundizar en una buddy movie, porque en eso se convierte, que sintetizará en poco menos de dos horas la tragedia latinoamericana y sus vínculos con el régimen Alemán.
Noguera compone su personaje con una precisión y un respeto por su labor increíble, y es secundado por los notables Guzzini y Telles, quienes se dejan atrapar por la historia, que sin llegar a tomar totalmente características de policial asume y rescata varios puntos de los tradicionales filmes de investigación.
Pero como sabemos que estamos ante una comedia, el director brinda momentos de gag únicos, con el punchline a flor de piel y con la certeza que éste es el mejor camino para poder construir un filme que habla de la épica de dos personas sin rumbo y su obsesión por sentirse útiles al menos en parte.

«Mr. Kaplan» posee una cuidada producción y puesta en escena en la que predomina una reconstrucción de época particular (fines de los ochenta/principios de los noventa), primando una paleta de colores primarios estridentes y únicos (con prevalencia del amarillo y azul).
Ese contexto es en el que Brechner ubica a los personajes y así logra también una atmósfera propicia para que el trazo grueso, y algunos excesos en los lineamientos de los personajes, pasen a un segundo plano.
Si en su anterior filme «Mal día para pescar» (2009) el director lograba una empatía inmediata con sus personajes (Orsini y Van Oppen) en medio del contexto de la lucha libre, aquí la ancianidad y el nazismo pueden ser tamizados en tono de comedia por su buen manejo de la narración y la exploración de los conflictos para incluir la historia.
«Mr. Kaplan» es una agradable sorpresa que merece una oportunidad en medio de tanto tanque y blockbuster que llega para arrasar con la taquilla de fin de año.
