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«Merello por Carreras»: Tita de Buenos Aires

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Detrás de “Merello por Carreras” (Argentina, 2015), de Victoria Carreras hay un emotivo homenaje a una mujer, que pese a conocer las mieles del éxito, siempre se mantuvo sola a fuerza de empeño y tezón, y logró mantenerse en pie y ser fiel con sus convicciones hasta el último día de su vida.

Cuenta la directora que un día de mudanza unos videos familiares, en los que de casualidad estaba la gran Tita Merello se le disparó la idea de realizar un largo con ellos y de esta manera también poder acercarle a las nuevas generaciones el carisma de un artista de avanzada de su época.

En esta ópera prima de la actriz, heredera de la dinastía Carreras y que en esta película con título obvio y evidente, bucea en los recuerdos de la gran Tita, la excusa es ubicarle a su hija en tiempo y forma los logros de la estrella, pero en realidad también es una manera de poder encontrarse consigo misma y sus propios fantasmas.

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A partir de imágenes del archivo personal de la familia Carreras trabaja la idea de la soledad de los mayores, y en este caso, de la actriz y cantante Merello, quien terminó sus días internada en la Fundación Favaloro.

Las imágenes mediatizadas, la incorporación a su propia vida de trajes, cartas, accesorios y frases de Tita, van conformando un contexto ameno y agradable para que surja nuevamente y con más fuerza que nunca la figura de la arrabalera cantante.

La película busca trabajar con varios registros, entrevista, tratamiento de archivo, recreación, y hasta se ubica ella, la directora, como un recuerdo más de los miles que las personas allegadas a Tita Merello han sido convocados.

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Pero en el fondo también Carreras homenajea a su clan, otorgándole a su padre, el realizador Enrique Carreras y a su madre Mercedes Carreras, un lugar que muchas veces ha sido cuestionado por la generación que sólo creyó que a partir de la creación de productos populares en realidad su familia ofrecía películas y obras de teatro de baja calidad.

Pero justamente este clan es el que le dio la posibilidad a la gran Tita de encontrarse con los espectadores en una de sus últimas apariciones en público con la gente que amaba. Ahora es Victoria Carreras, la que nuevamente ubica a la Merello en un lugar merecido, rememorando algunas de sus manías, de sus miedos, de su gran humor.

En cada imagen que selecciona hay una pasión por el personaje, pero también por las ganas de seguir alimentando el mito de Tita, con un logrado estilo de docudrama en el que se termina incorporando la directora como protagonista (desde el primer momento con la narración en off), pero también su madre, sus hijos, gente que mantuvo relaciones controversiales con Tita y el eterno representante de artistas Ben Molar, el que termina cerrando sin nostalgia la serie de innumerables anécdotas sobre la artista. Entrañable.

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