«Masterminds» (Locos de mentes): Dos pájaros a tiro

La primera advertencia para aquellos que quieran ir a ver al cine “Locos Dementes” (USA, 2016) es que deben dejar de lado cualquier prejuicio sobre justamente lo que la película propondrá en la pantalla.
El irreverente filme de Jared Hass (“Nacho Libre”), toma como puntapié para su guión un hecho real que aconteció en una pequeña comunidad de Estados Unidos, en esa América profunda, olvidada en las agendas de los grandes medios y que termina por configurar la verdad de un país que con su idiosincrasia afirma las particularidades que, por ejemplo, han llevado a que un personaje como Donald Trump siga hasta último momento en la carrera por la presidencia del país.
Un robo particular, hecho por personajes particulares, claramente no podría salir peor, y el guión potencia esto con una descripción minuciosa de cada uno de los protagonistas, un dream team de la comedia americana encabezado por Zach Galifianakis, que se pone en la piel de un looser anacrónico que es envuelto y seducido por una mujer (Kristen Wiig) para hacer algo que nunca hubiese imaginado.
En ese juego entre lo esperable y la sorpresa, el guión va construyendo las patéticas situaciones en las que los personajes se van involucrando, con gags y la comedia física, muy física, a partir de la cual el relato comienza a urdir su narración.

La complicación que encuentra la propuesta es que el filme comienza muy arriba, con una broma atrás de otra, con la escatología y el sexo a flor de piel, y con una sucesión irrefrenable de mal gusto y chistes políticamente incorrectos que van conformando la acidez y la crítica al pueblo americano.
Y mientras esa historia sube, en determinado momento la moralina aqueja a los protagonistas, y así si el protagonista es seducido por esa mujer, que en realidad lo engaña con otro (Owen Wilson), en determinado momento, inexplicablemente, la aqueja la culpa, y ahí es cuando todo se empieza a desmoronar.
“Locos Dementes” es la expresión más acabada de la nueva comedia americana, aquella que encuentra en Judd Apatow a su máximo exponente, pero que ha sabido ir generando una suerte de spin off en los que figuras como Galifianakis, Wilson o Wiig, fueron aprovechando al máximo las posibilidades expresivas de la misma.

El patetismo como subtrama, y la imbecibilidad como máximo punto característico de los personajes, también abren el juego a una lúdica puesta en la que, justamente, se potencia el grotesco para evidenciar una necesidad fuerte de manifestar el estado actual de cierta parte de la sociedad americana.
Por eso, volviendo a la reflexión inicial, no es casual que en el país del norte, la cultura de aquellos que están alejados de las grandes urbes, configuren una mayoría, que termina pensando a Trump como el máximo exponente de las posibilidades que podrían acceder ante la inminente llegada al poder de éste, sin analizar correctamente aquello que los perjudicaría directamente.
“Locos Dementes” cumple con aquello que promete, con una estereotipación de los personajes que termina por consolidar, al menos narrativamente, sus pensamientos sobre cada uno de ellos y lo que piensan sobre su entorno, un lugar patético en el cual no hay lugar para los pensamientos y los anhelos a corto plazo sólo sirven para satisfacer, en parte, el vacío emocional y cultural en el que se encuentran.
