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«Malice» (Daños Corporales): Verás que todo es mentira

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No hay mejor suspenso que aquel que se va narrando en cuentagotas. Ni clima más propicio para eso que aquel en donde todo parece perfecto pero no lo es. Daños corporales es una muestra perecta, una cinta en donde nada es lo que parece, y las sorpresas abundan hasta el final.

El argumento es así, Andy (Bill Pullman) y Tracy (Nicole Kidman) son una pareja feliz de recién casados que vive en una casa grande pero que necesita de muchos arreglos.

Luego de la violación de una estudiante universitaria, Andy (que es director de la escuela) se encuentra con el doctor Jed (Alec Baldwin), un ex compañero de la preparatoria recién llegado al pueblo.

De inmediato, Andy tomará mucha confianza con Jed; y junto con Tracy deciden alquilarle un cuarto de la casa para pagar los gastos de reparación.

Ahora bien, Tracy tiene dolores menstruales bastante continuos, y en un ataque fuerte de dolor, deberá ser internada para ser atendida por Jed.

Creyendo que hace lo correcto, Jed le extirpará a Tracy uno de los ovarios, impidiéndole quedar embarazada. Pero el problema es que el ovario funcionaba correctamente, y Tracy le iniciará a su inquilino–médico un juicio por mala praxis, llegando a ponerse en contra hasta a su marido.

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Pero esto no es todo, hay más, pero no lo vamos a contar; esto es solo la punta de un abismo imposible de imaginar en el dilatado comienzo de la acción.

Además, inteligentemente, la trama nos desvía por un tema diferente al principal. Un violador acecha la escuela (una perlita es ver a una joven Gwyneth Paltrow antes de trabajar en Pecados Capitales), y la detective Nana (Bebe Neuwirth), amiga de Andy, es la encargada de resolver el caso.

Como una araña que teje su red, la trama nos va envolviéndonos en historias alternas, nos desvía por caminos incorrectos y nos sorprende con situaciones impensadas.

Si no la vieron, no se dejen engañar, hasta que no vean el final no saquen conclusiones, porque la historia cambia a cada rato, y lo perfecto se volverá engañoso.

El título original, Malicia, aunque muy revelador, es mucho más acertado que el original Daños corporales, porque la película traspasa los límites de la mala praxis original, y se llena de malicia en todas partes.

Harold Becker (Enemigo en casa), construyó un Thriller que en ciertas formas nos hace acordar al film Criaturas salvajes (o al revés, ya que este es posterior); una historia en donde uno no puede sacar conclusiones hasta no ver los títulos del final, porque todo puede cambiar con una simple escena, un “pequeño” descubrimiento.

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Si bien a algunos les parecerá que la historia avanza muy lenta, sobre todo al principio, esto también forma parte de un juego de engaños, una maraña de mentiras, una pura simulación. Todo lo que no atrapa al principio lo hace en el transcurso de la acción, y el film se hace imposible de abandonar, pero hay que tener algo de paciencia.

El trío protagónico se encontraba en su mejor momento, realmente se sacan chispas, y Becker supo aprovecharlo con una marcación actoral rigurosa y armoniosa que contribuye al clima in crescendo que entrega.

Si bien en su momento no fue un film de enorme éxito, rápidamente se convirtió en un clásico de culto para los amantes del suspenso, y ciertamente uno de los mejores títulos del género de los noventa.

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