«La región salvaje»: el secreto de la cabaña
Heredero de David Lynch, pariente cercano de su compatriota Carlos Reygadas, Amat Escalante construye una historia atrapante para su cuarta película en solitario “La región salvaje” (2016).
La propuesta, que le valió obtener el premio al mejor director del Festival de Cine de Venecia, tal vez, por lo arriesgado de la misma, pero también por el preciosismo y dedicación con el que construye atmósferas, climas y escenas, es una experiencia en sí misma.
Hay pocos directores que siguen interpelando a los espectadores no sólo desde la trama, sino también desde el soporte, y Escalante es de una escuela que sabe que en la disrupción y la salida de la cotidianeidad se puede construir un gran y apasionante relato.
En esta oportunidad, el viaje que propone se inicia con un enigmático plano, no sabemos si es el espacio, agua, hongos, pero la sola introducción luego de un fundido a negro es sugerente y atrapante.
A continuación se produce la presentación de un personaje clave para la historia llamado Vero, y desde la concatenación de estos dos elementos se podrá inducir las influencias de los directores anteriormente mencionados, para nada nombres tirados al azar, sino, lo contrario.
El soporte cinematográfico sirve para que Escalante juegue con la imagen y con la textura, la pantalla es como un lienzo en el que avanza con travellings, paneos circulares, y también con detalles que incomodan pero que solidifican aún más su trama.

“La región salvaje” juega todo el tempo narrativo con la circularidad. Es una obra que avanza sobre un tríptico que acompañará a ese personaje inicial detallado de manera solapada, una joven que posee un secreto que terminará por definir los destinos del resto de los demás y que potenciará la pesquisa que el espectador, activo, deberá configurar desde los índices.
Otros elementos que potenciarán esa búsqueda para comprender el hermetismo tras aquello que no se revela, son el fuera de campo y el juego con el sonido.
Escalante destaca estos dos puntos reposando en ellos su originalidad acerca del misterio que, guardado en una cabaña en medio del bosque, se esconde.

El guion de manera sigilosa, in crescendo, teje los hilos con los que mantendrá en vilo al espectador hasta las decisiones finales que revelarán la naturaleza de cada uno de los protagonistas. Configura dos bandos, aquellos guardianes del secreto y los que llegarán por orden de Vero al lugar.
Un elemento también positivo e interesante del trabajo de Escalante es el de no juzgar a sus personajes, los presenta y los deja actuando entre ellos y deposita en el espectador la posibilidad de empatizar, y de rechazar obvio, potenciando la expectación a un nivel único.
