«La lección de anatomía»: por amor al arte
A modo de homenaje por sus cuarenta y cinco años, se estrena el documental "La lección de anatomía: La película", de Agustín Kazah y Pablo Arévalo, una propuesta que termina cambiando sus formas para construir una bellísima carta de amor. No siempre las producciones terminan teniendo el resultado esperado al inicio de un rodaje.
Distintas pueden ser las circunstancias que lleven a que lo que se tenía pensado en un inicio, en el devenir termine convirtiéndose en algo diferente. El factor principal de esto suele ser el destino, a veces cruel. Comienzo spoileando algo que en verdad fue noticia difundida en el ambiente artístico. El 17 de marzo de 2017 falleció el dramaturgo y director teatral Carlos Mathus a sus 77 años.
Aquel que en 1972 revolucionó el mundo del teatro off porteño con la puesta en escena de "La lección de anatomía" una obra tan polémica como exitosa que logró mantenerse en cartel ininterrumpidamente hasta 2008, con 36 años de un hito sin precedentes. Mathus es de esos personajes que enriquecen cualquier ámbito en el que se encuentran.
Un ser de teatro; tablas y escenario. A casi diez años de haber bajado de cartel, y como celebración de los cuarenta y cinco años de su primera presentación, Mathus planeó reponer en su teatro Empire (aquel que adquirió para perpetuar La lección de anatomía y darle lugar a otras obras de letra nacional) una nueva temporada de aquella obra, con un nuevo elenco joven, pero respetando el texto original de la primera versión de la obra.
Así nos recibe La lección de anatomía: La película, ópera prima de Pablo Arévalo y Agustín Kazah. Un detrás de escena de aquella vuelta con una ardua selección de casting.
Desde el inicio presentimos que junto a Mathus hay una figura preponderante, Antonio Leiva, su asistente de dirección, y que poco a poco se irá revelando como su cónyuge. Como el rol del policía bueno y el policía malo, Mathus parece estricto, severo, inconformista, observa cada detalle con puntillismo, y siempre tiene algo ofuscado para decir a la gente del casting sobre exigida.
Antonio será el intermediario que debe comunicar a los actores, debe calmar a Carlos, y poner la mejor onda y todo el cariño para con los participantes. De los muchos convocantes, quedan doce seleccionados, y comienzan los ensayos; y es ahí cuando las ausencias de Mathus se hacen más notorias, por lo menos para el espectador. Minutos más, se nos presenta su fallecimiento ¿y ahora qué? Dicen que el show debe continuar.
Por lo que de la mano de un nuevo director y el tácitamente presente Leiva (en un principio de licencia, pero cuando retoma, será él quien tome las riendas) la nueva temporada será llevada a cabo (y data extra, lo es hasta hoy en día). También se rearma el documental. A partir del fallecimiento se produce el quiebre que desde un primer momento un ojo atento podía notar. La película no hablaba tanto de la obra en sí.
La lección de anatomía pasó á la historia además de como un semillero de artistas surgidos del off, como un obra muy polémica tanto por su texto crítico y provocador del sistema y el conformismo conservador; como por sus explícitos desnudos en escena, y la forma en que se juega con el cuerpo.
En realidad, poco de eso es lo que veremos en este documental, pensado más que nada para quienes ya conocen la obra, o conocen la polémica detrás. Sí, se habla de las críticas punzantes del texto y se ve algo de los desnudos (muy cuidados, obviamente), pero lejos está el foco de ser ese. No, si quieren ver la obra tendrán que ir al teatro.
La lección de anatomía: La película es un documental sobre la pasión, sobre el amor; entre dos personas, y sobre el teatro. Mathus le dedicó su vida a La lección de anatomía, está obsesionado con ella, y es capaz de fijarse hasta el hartazgo en detalles como el hacer el footing central de la obra.
Arévalo y Kazah nos lo muestran en una línea en la que podemos odiarlo por ser tan estricto, pero preferimos reírnos porque resultan realmente simpáticos sus berrinches. Leiva no, Leiva es siempre amoroso. En esa obsesión de Mathus, y en la contraparte de Leiva hay amor hacia la escena, pasión por la dramaturgia; y también se siente el fervoroso deseo de los actores por formar parte.
Hay un código común a los ensayos de cualquier obra que los participantes teatrales disfrutarán a pleno. Luego del fallecimiento, ese tándem, ese factor que se expresaba en sostenimiento (Mathus es coo es porque sabe que tiene un Leiva en quien cobijarse), se transforma en puro amor del más bello.
Veremos a un Leiva más íntimo, recordando noticias viejas, leyendo el Facebook de su pareja, repasando el pasado, el día en que se conocieron, cuando se casaron, el velatorio )magia pura); y sí, va a ser difícil que no lloremos. Mientras, los ensayos de la obra (resignificado como un tour de forcé homenaje al autor) siguen en pie.
Sin demasiados artilugios, La lección de anatomía arma una suerte de relato episódico con inserts de representaciones de la obra; y hay una línea a seguir, como una carrera contra reloj frente al estreno. La cámara los sigue siempre a ellos dos, Habrá que ver los gestos de Carlos y Antonio cuando están juntos, sentados mirándolos ensayos, o secreteando en el pasillo a un costado de los actores; amor señores, amor del más genuino.
Lo que se respira más allá de dolor por la muerte, es calidez permanente, es humildad, es sinceridad, y es amor, mucho amor, en todos los que están ahí. Algunos podrán decir que hubiese sido interesante un repaso por las diferentes etapas de la obra, sus elencos, sus cambios, sus anécdotas, sus devenires en Argentina y el mundo.
Kazah y Arévalo nos dicen que no es necesario, que el significado de la obra está ahí, en esas vidas retratadas, en estas dos personas para los que La lección de anatomía es el lazo que los unió y los unirá para toda la eternidad. El telón se baja, y Mathus y Leiva quedan ahí en el escenario viviendo esa historia de amor sin final. Una hermosa experiencia.
