“Khumba”: busco mi destino (Africa mía)

Para hablar de “Khumba” hay que comenzar diciendo que el mismo equipo sudafricano que hizo “Zambezia” vuelve a la carga. Con todo lo positivo de aquella producción y también con sus severas limitaciones. De presupuesto, de recursos técnicos, y también de ideas. En favor de este intento, hay que decir que no es sencilla la tarea de pelearle a los grandes estudios espacios en la categoría animación.
Desde esa perspectiva, hay que reconocer que la apuesta era arriesgada. La historia es bastante clásica y presenta a una cebra que no tiene todas las rayas que debería tener. En la vibrante Africa las manadas, son más bien conservadoras parece y Khumba, este simpático animal cuyo pelaje no es el mismo a los demás, comienza a parecer una amenaza para su grupo. Nació diferente y es mirada como alguien que no debería estar donde está, siendo incluso símbolo de pérdida del estado de gracia que estos animales tienen en su protegido hábitat.

En una sequía importante, sentirá el peso de ser el chivo emisario de su tribu y tomará la decisión de lanzarse a la planicie a buscar una alternativa a su destino. Con sólo la mitad de su cuerpo con rayas, nuestra protagonista necesita obtener lo que le falta, así que cuando aparece la noticia de que un legendario y mágico pozo de agua le permitiría conseguir las rayas que necesitan, Khumba sabe que deberá ponerse en marcha en pos de encontrar algo de paz en su perturbada existencia. Y para ello, emprenderá un camino en busca de su destino, junto a una serie de extravagantes secundarios, un ñu sobreprotector, Mamá V y Bradley, un obsesionado avestruz.
Si, hay un malvado (¿cuándo no? Phango, lineal), pero aquí la lucha contra el / los enemigos no sólo es física y de supervivencia del más apto, sino también hay cuestiones delicadas de temple y autoestima que se ponen en juego. El problema es que ningún conflicto parece tener la profundidad necesaria para atraer a la audiencia de edad promedio.
Los pequeños de la familia seguirán la trama sin dificultades y probablemente disfruten el interesante y colorido safari que presenta la cinta. Potencia este hecho que los productores son locales y recrean de manera muy vívida el terreno y la fauna de los escenarios. En ese sentido “Khuma” ofrece su mejor faceta: las texturas pueden no ser de lo mejor en 3D, pero son bastante fieles al lugar que caracterizan.

Lejos de la velocidad y carisma de clásicos como “Madagascar”, el director debutante Anthony Silverston (y guionista de “Zambezia”) se las ingenia para presentar el mejor producto posible, aunque el resultado es desparejo. Y no es una cuestión de la animación en sí, sino de la historia que presenta, donde se extrañan giros en el guión, más humor y mayor complejidad en la construcción de conflictos.
“Khumba” no genera movimiento en la platea, elige posicionarse en un lugar conocido (el típico film infantil donde el protagonico es un sujeto separado de su grupo original de pertenencia y que luego de un cambio personal, termina siendo aceptándose y se transforma en héroe o algo similar) y termina su recorrido como un producto que no trasciende, ni deja huella.
Sí hay que reconocerle que se hace camino al andar y quizás sea en próximas entregas, el estudio responsable encuentre más herramientas para refinar sus lanzamientos. Si no hay grandes expectativas, esta película permite que los chicos de la casa pasen un rato entretenidos conociendo más de la fascinante Africa. Quizás no sea poca cosa.
Anexo de Crítica por Fernando Sandro
Desde que la animación computarizada y el 3D acapararon la (casi) totalidad de producciones animadas infantiles, se viene dando una tendencia cada vez más frecuente; películas que podríamos llamar independientes, y en algunos casos de países con producción cinematográfica escaza, que nada tienen que envidiarle en cuanto a la técnica a lo que durante muchos años fue un monopolio de grandes productoras hollywoodenses (con Disney a la cabeza).
Esta tendencia, que uno podría creer positiva ya que además hizo crecer exponencialmente la oferta, tiene el negativo costado de que, extrañamente o no, esas producciones (que por más que lo disimulen cuentan con un presupuesto de un tercio que los grandes tanques) constantemente intentan imitar la fórmula de los grandes éxitos estadounidenses, como si fuese un manual o un libro sagrado para ser rendidor.
Este es el problema fundamental de «Khumba», que una película que pregona desde las entrañas de su historia el ser diferente para ser mejor, en realidad busque tanto parecerse a otras, y para peor aún, sin lograr ni siquiera acercarse de lejos.» Khumba», co-producción sudafricana estadounidense, pertenece a la misma empresa que el año pasado trajo Zambezia, y básicamente las cosas no cambiaron demasiado. Si aquella tomaba mucho de «Rio» y de cualquier film de animales selváticos; esta toma mucho de Madagascar y cualquier film de animales en desierto africano (o sea, las copias de Madagascar).

Anthony Silverston (que subió de escritor a también director) hace un trabajo de piloto automático para contar la historia de Khumba, una cebrita que nació con la mitad de su cuerpo sin rayas, y a partir de ahí, una especie de maldición cayó sobre su pueblo, una sequía interminable los asola y está arrasando con todo y todos, inclusive la madre de Khumba, que antes de morir (casi como si fuese una parodia al melodrama, pero no) intenta darle un consejo contándole de una leyenda, que el joven malinterpreta.
En la antigüedad las cebras eran todas blancas, pero una de ellas se sumergió a un pantano y al salir, tenía rayas. Entonces, Khumba (no escuchando la moraleja del asunto de que luego todas las cebras se sumergieron y esa cebra única perdió lo que la hacía especial) emprende un viaje para encontrar aquel lugar mágico que le otorgue sus rayas, y así, de paso, terminar con la maldición.
Por supuesto, en el camino se encontrará con toda una fauna de personajes variados, y hasta habrá historia de amor adolescente. Como es usual, el film hace un buen uso de la animación en fondos con paisajes que parecen reales (salvo ocasiones como esa deuda pendiente que es el agua), pero no se define tan bien en la animación de los personajes, que acertadamente disimula carencias volcándolo hacia lo caricaturesco. El 3D aporta algo de profundidad de campo, pero no es realmente fundamental ni destacable.

Si algo caracterizaba a «Madagascar» y sus imitaciones es el ritmo frenético e imparable que a muchos (me incluyo) desagrada, «Khumba» en ese sentido es un híbrido, porque tiene todos los elementos para tomar ese ritmo de gag tras gag, de humor slapstick, pero no, su ritmo es parsimonioso, lento, casi contemplativo. Siendo así, «Khumba» se maneja en un relato en el que no pasa demasiado, en el que tanto padres como niños se relajan (hasta el casi punto de aburrirse), pero esa calma es interrumpida intermitentemente por personajes estridentes fuera de lugar, forzados, como el avestruz Bradley y el perro salvaje Skalk los cuales cumplen el rol de comic relief.
Quizás los chicos más chiquitos, hasta siete u ocho años, puedan disfrutar del colorido y de algún personaje o momento tierno; también está el edificante mensaje inicial que luego queda algo trunco u olvidado. Para los adultos aquí no, salvo contados toques, no hay referencias a su mundo, quedan aquí relegados a meros acompañantes.
Por último, la inexistencia de copias en idioma original, hace su aporte para que el interés sobre este film sea cada vez menos mediante la proyección avance. Khumba es un film fallido, pero no por debajo de la media de estas producciones que con muchísimos menos recursos intentan alcanzar algo que nunca podrán igualar, las hay de a varias por año y esta es una más.
