juana_1_ew

«Juana a los 12»: el fin de la niñez

juana_1_ew

La ópera prima de Martín Shanly, realizador formado en la FUC cuya película compitió en el BAFICI del año pasado, es un retrato inquietante sobre una niña en transición a su adolescencia. Tal como lo indica su título, la protagonista tiene 12 años y transita el último año de la primaria.

En la escuela le va mal, no logra congeniar demasiado con ninguno de los niños, tiene una madre aparentemente atenta pero que cuando Juana es más directa que nunca no la escucha concentrada en ella misma. En otras palabras, es distinta al resto y se destaca por no seguir los pasos esperados de quienes la rodean.

juana_2_ew

“Las ideas no me vienen, me atacan”, confiesa en un momento. Por eso es enviada a terapia, a hacerse estudios de la cabeza y a clases particulares. A menudo el cine retrata lo difícil y caótico que es ser adolescente, pero no siempre se piensa en ese momento previo igual de difícil, cuando los cambios comienzan a hacerse notar, no sólo en el cuerpo, sino en una mente que comienza a funcionar de otro modo, con muchas más cosas.

Lo que aquí logra su realizador es retratar con naturalidad esta compleja etapa, a través de escenas cotidianas en las que nunca parece suceder nada demasiado importante. A Juana no le pasa nada y le pasa todo. A la larga, ella no es ni se comporta como todos esperan que lo haga, pero a ella no le interesa ser igual al resto, no es que no tenga esa capacidad.

juana_3_ew

La interpretación de Rosario Shanly (hermana del director) como Juana es cautivante desde esa naturalidad con la que su director busca retratar esta etapa. Su risa inapropiada, su mirada observadora desde afuera, su reacción ante los pájaros “demasiado lindos” (para ella, un defecto) que dibuja su madre, su andar enfundada en el disfraz elegido para ir a la fiesta a la que no fue invitada pero se las ingenia para que, sin temer a lo que se piense de que su madre haga de mediadora, finalmente la esperara, ni más ni menos que una vampiresa.

Pequeños detalles que completan la construcción de este complejo y lleno de matices personaje que busca construir su propia identidad. Inquietante, aterradora de un modo sutil (incluso hay una secuencia onírica muy a lo David Lynch), Juana a los 12 es extraña y fascinante al mismo tiempo.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Juana (Rosario Shanly), la protagonista excluyente de “Juana a los 12” (Argentina, 2015) de Martin Shanly, adolece de todo, y si bien su madre intenta comprender qué le pasa, nada ni nadie más que ella tienen la respuesta ante aquello que le está pasando. “Juana a los 12” bucea en la vida de una joven que está dejando detrás su niñez pero que en ese transitar el mundo parecería que le comienza a reclamar cuestiones que terminarán por afectar su comportamiento social. La niñez se aleja, pero ella continua con algunas rutinas con las que se siente cómoda, porque justamente en esa comodidad ella puede seguir controlando todo.

Pero cuando su entorno, principalmente el escolar, comienza a vislumbrar algún conflicto, la madre es alertada para que pueda tomar alguna determinación sobre Juana y cómo avanzar en su educación. Shanly saca una radiografía de un instante en la vida de la niña para hablar de cuestiones que circundan el crecimiento y la educación a partir de una puesta en escena realista que prefiere contemplar los hechos antes que privilegiar el manierismo y la manipulación de las situaciones.

Juana_EW_7

En el arranque con esa muestra de un recreo en la escuela en el que Juana cambia figuritas al ritmo del “late, late, no la te”, Shanly demuestra una sensibilidad por su personaje contundente, la misma con la que luego irá desandando la tragedia cotidiana dentro y fuera del lugar. Juana no puede explicar sus cambios de comportamiento, su falta de atención en la clase, sus ideas recurrentes sobre la muerte, su obsesión con sacar puntas, su incipiente pasión por un compañero o el recelo que tiene sobre su amiga, a la que quiere sólo para ella y nadie más.

Shanly construye un sólido guión en el que la educación, la crianza, la saludo y la normalización de comportamientos serán los vectores de un filme que refleja un estado de instituciones centenarias que deben modificar, a la brevedad urgente, estructuras que no hacen otra cosa que atrasar o no estar acordes a los tiempos que corren. Si Juana se comporta de una manera no esperada, seguramente es porque en su casa pasó algo o responde a una situación que no fue resuelta de la manera correcta allí, o quizás responda a algún “trastorno” psicológico por lo que deberá acudir a un especialista para que la pueda volver a encauzar.

Juana_EW_6

Si Juana está perdida, es porque no sabe hacia dónde su vida irá, y ante la ausencia de un padre que ella adora, con su madre todo es cuesta arriba, por eso le esconde información para evitar ser castigada, aún más que el castigo que ella se autoimpone.

El director muestra ese proceso natural y determinante, generador de etiquetas y estereotipos, que sólo procesa información a partir del subordinamiento y la sumisión de cuerpos e ideas, relegando la independencia y la libertad de pensamiento a un segundo lugar. “Juana a los 12” es una ópera prima prometedora (quedamos atentos a los pasos de Shanly) que refleja un estado de las cosas vigente en el sistema educativo y las repercusiones que éste tiene en los hogares, en donde aún se sigue utilizando un sistema de premios y castigos para la conducta curricular de los niños.

Juana sólo quiere que la sigan comprendiendo, más allá de estudios, de análisis, de terapias, de apoyos extra escolares y de cualquier otro tipo de acompañamiento. Ella es tan sólo una joven que busca en el acercamiento al otro la posibilidad de seguir jugando a las figuritas pero también de poder comenzar a sentir como niña mujer todos los cambios que su cuerpo y su mente le están imponiendo.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *